DESCONSIDERACIONES HUMANAS
¿Equívocos o malicia
de los que mandan?
Ausencia de ética en
algunos ambientes laborales.
“Jesús es la piedra reprobada por vosotros los
edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo”. (Hechos 4:11)
“La desconsideración es la destrucción de la
empatía, del alegrarse o padecer con el otro, es el desmantelamiento de los
hilos que sostienen el tejido social, el remate de lo poco que quedaba de amor
en este mundo que mató al Amor…. La
desconsideración generalizada está en el origen de la crisis global que
padecemos, así como en el de todas las catástrofes que nos amenazan. La salida
a este callejón pasa por un cambio total de dirección, por una conversión -personal y comunitaria- que permita a
las personas dar la vuelta desde sí mismo hacia el otro, volver la mirada hacia
el otro, salir de sí mismo y caminar hacia el otro, volver a considerarse
“guardián de mi hermano”. (José
Rafael Sáez March).
“Un superior que percibe que un subalterno
trabaja bien, incluso llegando a ser mejor que él mismo, podría por envidia y
por temor a que le haga sombra, poner
todos los medios a su alcance para anularlo… Hay bastantes casos en
los que se hace la vida imposible a una persona para forzarle a que
abandone su puesto o encargo, mucho más si son personas que llevan muchos años
en un puesto determinado. Las personas que quedan aisladas son arrinconadas en
lugares donde están totalmente anuladas, con ellos no se cuenta para nada ” (Esperanza Hernández
Serradilla).
COMENTARIO
La acepción de
personas y el rechazo del que no cae bien, es algo que se está dando de modo
habitual en todos los países del mundo, y muchas veces se da en los que se
encuentran ejerciendo algún tipo de mando, (en
cúpulas cerradas); siempre, desde luego, con honrosas excepciones.
Quienes tienen
algún tipo de poder están en ventaja, y si no son buenos y honrados terminan
creando un fortín con las personas
que ellos consideran idóneas y leales a sus propósitos, y que no son
necesariamente los mejores.
Todo estaría muy
bien si el trato a las personas va de acuerdo a la verdad y a la justicia,
teniendo en cuenta las capacidades y la voluntad de hacer bien el trabajo.
Falta de ética (germen de la corrupción)
Lamentablemente en
muchos ambientes los que mandan no tienen una formación ética y algunos que la
tienen, no quieren hacer uso de ella y entonces proceden de acuerdo a sus
simpatías o antipatías y deciden sin más, dejar de lado y arrinconar a las
personas que, por diversos motivos,
no concuerdan con el entorno amical de los jefes. Es así como se originan las
grandes argollas que pueden durar años.
No se debe olvidar
que es muy fácil que los gérmenes de la corrupción ingresen en los que mandan
cuando estos hacen acepción de personas. Cuando esto ocurre el ambiente se
torna tenso para los que no son bien vistos, se sienten minusvalorados y
dolidos por esa situación de injusticia que padecen, y sin que exista ningún
motivo, se ven apartados de las decisiones y de los puestos más importantes,
quedando arrinconados por decisión sus propios jefes en lugares donde no puedan
ejercer ninguna influencia.
Las ambiciones de poder producen maltratos
Lo peor es cuando
los mismos jefes, que suelen estar cegados
por ambiciones personales o de grupo, piensan que su proceder es correcto,
que tienen derecho, que todo es conforme a ley y a los reglamentos. Es entonces
cuando, cegados dentro de una lógica
egoísta, buscarán quedarse en el poder
todo el tiempo que puedan, creando argollas que parecen irrompibles.
Los que no son del
entorno de confianza son colocados en una especie de limbo, un lugar suficientemente lejano para que no estorben sin
posibilidades de ascenso o mejora laboral. Se les dice que pueden quedarse allí
para siempre, si es que hacen bien su
trabajo, pero luego les hacen la vida imposible con maltratos para que
renuncien.
Esos mandamases se sienten seguros y les
parece normal marginar de ese modo a determinadas personas. No les importa que
se queden en la calle o que se perjudiquen sus familias. Ellos solo piensan en
los beneficios que pueden tener con las personas que han escogido, que suelen
ser, en la mayoría de los casos,
gente mediocre que acepta todo lo que se les pide, incluso lo que no es
correcto, porque, igual que sus propios jefes, la
motivación que les mueve es el propio beneficio personal y nada más.
Esos “dueños” que se
consideran selectos y bien instruidos, suelen colocarse en un status elevado y piensan que tienen
licencia para seguir viviendo así, formando grupos de poder con injusticias que
claman al cielo.
Lamentablemente estas
situaciones se han multiplicado en los sitios donde nadie dice o hace nada para
cortar esos abusos. Ellos, con un
desparpajo brutal, continúan su andadura en el mundo entero a vista y
paciencia de las autoridades, que también se hacen cómplices de esos inaceptables
maltratos.
Quienes hacen
acepción de personas de un modo habitual están demostrando con su conducta una
pobreza humana considerable que les llevará, si no cambian, al descalabro y a la soledad, después de haber hecho
mucho daño a quienes deberían recibir un trato digno y un merecido
reconocimiento por la calidad de sus trabajos, (P. Manuel Tamayo).
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