miércoles, 11 de julio de 2018


DESCONSIDERACIONES HUMANAS

¿Equívocos o malicia de los que mandan?
Ausencia de ética en algunos ambientes laborales.

“Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo”. (Hechos 4:11)

“La desconsideración es la destrucción de la empatía, del alegrarse o padecer con el otro, es el desmantelamiento de los hilos que sostienen el tejido social, el remate de lo poco que quedaba de amor en este mundo que mató al Amor…. La desconsideración generalizada está en el origen de la crisis global que padecemos, así como en el de todas las catástrofes que nos amenazan. La salida a este callejón pasa por un cambio total de dirección, por una conversión -personal y comunitaria- que permita a las personas dar la vuelta desde sí mismo hacia el otro, volver la mirada hacia el otro, salir de sí mismo y caminar hacia el otro, volver a considerarse “guardián de mi hermano”. (José Rafael Sáez March).

“Un superior que percibe que un subalterno trabaja bien, incluso llegando a ser mejor que él mismo, podría por envidia y por temor a que le haga sombra, poner todos los medios a su alcance para anularlo… Hay bastantes casos en los que se hace la vida imposible a una persona para forzarle a que abandone su puesto o encargo, mucho más si son personas que llevan muchos años en un puesto determinado. Las personas que quedan aisladas son arrinconadas en lugares donde están totalmente anuladas, con ellos no se cuenta para nada  (Esperanza Hernández Serradilla).


COMENTARIO

La acepción de personas y el rechazo del que no cae bien, es algo que se está dando de modo habitual en todos los países del mundo, y muchas veces se da en los que se encuentran ejerciendo algún tipo de mando, (en cúpulas cerradas); siempre, desde luego, con honrosas excepciones.

Quienes tienen algún tipo de poder están en ventaja, y si no son buenos y honrados terminan creando un fortín con las personas que ellos consideran idóneas y leales a sus propósitos, y que no son necesariamente los mejores.

Todo estaría muy bien si el trato a las personas va de acuerdo a la verdad y a la justicia, teniendo en cuenta las capacidades y la voluntad de hacer bien el trabajo.


Falta de ética (germen de la corrupción)

Lamentablemente en muchos ambientes los que mandan no tienen una formación ética y algunos que la tienen, no quieren hacer uso de ella y entonces proceden de acuerdo a sus simpatías o antipatías y deciden sin más, dejar de lado y arrinconar a las personas que, por diversos motivos, no concuerdan con el entorno amical de los jefes. Es así como se originan las grandes argollas que pueden durar años.

No se debe olvidar que es muy fácil que los gérmenes de la corrupción ingresen en los que mandan cuando estos hacen acepción de personas. Cuando esto ocurre el ambiente se torna tenso para los que no son bien vistos, se sienten minusvalorados y dolidos por esa situación de injusticia que padecen, y sin que exista ningún motivo, se ven apartados de las decisiones y de los puestos más importantes, quedando arrinconados por decisión sus propios jefes en lugares donde no puedan ejercer ninguna influencia.


Las ambiciones de poder producen maltratos

Lo peor es cuando los mismos jefes, que suelen estar cegados por ambiciones personales o de grupo, piensan que su proceder es correcto, que tienen derecho, que todo es conforme a ley y a los reglamentos. Es entonces cuando, cegados dentro de una lógica egoísta, buscarán quedarse en el poder todo el tiempo que puedan, creando argollas que parecen irrompibles.

Los que no son del entorno de confianza son colocados en una especie de limbo, un lugar suficientemente lejano para que no estorben sin posibilidades de ascenso o mejora laboral. Se les dice que pueden quedarse allí para siempre, si es que hacen bien su trabajo, pero luego les hacen la vida imposible con maltratos para que renuncien.

Esos mandamases se sienten seguros y les parece normal marginar de ese modo a determinadas personas. No les importa que se queden en la calle o que se perjudiquen sus familias. Ellos solo piensan en los beneficios que pueden tener con las personas que han escogido, que suelen ser, en la mayoría de los casos, gente mediocre que acepta todo lo que se les pide, incluso lo que no es correcto, porque, igual que sus propios jefes, la motivación que les mueve es el propio beneficio personal y nada más.

Esos “dueños” que se consideran selectos y bien instruidos, suelen colocarse en un status elevado y piensan que tienen licencia para seguir viviendo así, formando grupos de poder con injusticias que claman al cielo.

Lamentablemente estas situaciones se han multiplicado en los sitios donde nadie dice o hace nada para cortar esos abusos. Ellos, con un desparpajo brutal, continúan su andadura en el mundo entero a vista y paciencia de las autoridades, que también se hacen cómplices de esos inaceptables maltratos. 
Quienes hacen acepción de personas de un modo habitual están demostrando con su conducta una pobreza humana considerable que les llevará, si no cambian, al descalabro y a la soledad, después de haber hecho mucho daño a quienes deberían recibir un trato digno y un merecido reconocimiento por la calidad de sus trabajos, (P. Manuel Tamayo).

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