LOS NIÑOS DE TAILANDIA Y LA DEFENSA DE LA VIDA
*Júbilo mundial por
haberlos rescatado de la muerte
“Todos
los ojos del mundo han estado puestos en Tailandia para ver a valientes
buceadores arriesgar sus vidas para llevar a un equipo de
niños futbolistas y a su joven entrenador, atrapados en un red de cuevas, a un
lugar seguro. Los corazones de millones de personas han estado junto a los
rescatistas, que han demostrado, no solo
gran coraje, sino increíbles habilidades. Es difícil de imaginar la
dificultad de este rescate, que se llevó a cabo a gran profundidad en zonas
imposiblemente estrechas y dentadas, con poderosas corrientes que empujaron a
los buzos a realizar una tarea compleja, con visibilidad casi nula. El equipo de rescate
estuvo compuesto por buceadores británicos,
estadounidenses, australianos y japoneses (entre otros) que se unieron a
buceadores tailandeses. Este esfuerzo conjunto demuestra que es posible
trabajar juntos, de una manera constructiva, hacia un objetivo común. En la
cueva tailandesa no hay colores de piel, diferencias religiosas o cuestiones de
identidad sexual. Nadie se está envolviendo en una bandera o cuestionando algo.
Es uno de esos raros momentos en los que vemos cuánto podemos lograr contra las
adversidades cuando las personas trabajan al unísono, desinteresadamente, para
algo importante. Priorizar el bienestar de estos niños, en sí mismo, es
admirable. Todos hemos cometido errores y ocasionalmente se necesita un pueblo
para compensar esos errores. Impresiona
saber que todo el planeta ha estado observando con esperanza todo el proceso y
orando con mucha fe por estos niños de Tailandia. Todos saben que cada uno de estos
niños, y su entrenador, son muy importante para sus familias y ahora lo son
para todos nosotros. (Jay Parini, CNN)
COMENTARIO
Mientras el mundo entero gozaba del ambiente festivo del
mundial de fútbol, un equipo de niños, (también
de fútbol) se encontraba atrapado, con su entrenador, en unas cuevas de una
región montañosa de Tailandia. En pocas horas la noticia corrió por todo el
mundo, los niños llevaban 9 días encerrados y con escasas posibilidades de
sobrevivir.
Las autoridades se movieron con diligencia y consiguieron en una
primera instancia alcanzar agua y algún alimento, para mantenerlos con vida,
mientras llegaban los mejores socorristas del mundo que unidos a los
Tailandeses organizaron el rescate. Tenían muy poco tiempo para hacerlo porque
amenazaba un clima de tormentas que terminaría inundando las cuevas y aumentaba
la imposibilidad de que puedan ser rescatados.
Todo parecía estar en contra,
pero la gran solidaridad que se formó por esa situación tan dramática, y el
amor a la vida de los niños, consiguió que fueran rescatados todos, incluido en
entrenador, que salió al final. Todos
estaban felices y agradecidos porque se habían salvado unas vidas.
La alegría fue desbordante, en ningún momento se escuchó
una queja, nadie echaba la culpa a nadie, no hubo desesperación, hubo
paciencia, compañerismo, esperanza, emoción, perdón y mucha solidaridad. Ha
sido una lección auténtica de amor al prójimo que une a todos y que nunca
olvidarán.
Ojalá que este suceso de amor a la vida de los niños,
estimule al mundo para que todos estén dispuestos a salvar la vida de los niños
desde el momento de la concepción y no se cometan esos crímenes horrendos con
el aborto, ¿acaso no son también seres
humanos, con derecho a la vida quienes están todavía en el vientre de sus
madres?
Este suceso coincide con el estreno de una película nuestra
en la ciudad de Lima que lleva como título “El Rescate” Los rescatistas siempre
se convierten en héroes.
La película y los niños de Tailandia pueden ser una
motivación más para conseguir rescatistas, gente que aporte esfuerzo y
sacrificio por causas nobles y legítimas, que sean capaces de salvar las vidas
de los niños que aún están por nacer y salvar a los jóvenes que están en las
cuevas de los juegos electrónicos, atrapados en un mundo lúdico de esclavitud,
que los está llevando al descalabro. Hoy, hay mucho que rescatar en el mundo,
hacen falta más rescatistas voluntarios. (P. Manuel Tamayo)
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