SILENCIOS QUE DESCALIFICAN
“La “ley del hielo” que consiste en ignorarte
por completo, ya sea cortando vías de comunicación o simplemente dejándote de
hablar por un tiempo indefinido; y tiene como finalidad hacerte ver que tu
opinión, o lo que has hecho no vale”. (Tae Jung)
“El silencio utilizado con malas
intenciones es una arma muy poderosa que tiene como finalidad controlar,
abusar, castigar, y humillar al otro”. (Tae Jung)
“El silencio dosificado puede ser una forma, como muchas otras, de agresión pasiva.
Se define como un manejo calculado de la comunicación en
el cual el silencio juega un papel primordial y que tiene por objetivo
controlar y debilitar a otra persona o a su posición. No siempre se manipula a
través de las palabras, sino que también se hace por medio de los silencios.
Esta última táctica es muy nociva por contar con una máscara más camaleónica”.
(Edith Sánchez, La mente
maravillosa)
“Del mismo modo, hay silencio dosificado cuando se impone una especie
de censura sobre
ciertos temas, sin explicación. Simplemente cuando tratas de hablar de ello, la otra
persona evade el asunto o se niega a dar detalles”.
(Edith
Sánchez, La mente maravillosa).
COMENTARIO
El silencio descalificante puede tener distintas
motivaciones. La principal es la envidia que suele darse entre personas
cercanas cuando uno no quiere reconocer la virtud o el talante del otro por sus
logros o iniciativas.
El envidioso se muestra
interiormente en desacuerdo, quiere autoconvencerse
que lo que ha hecho el otro no tiene el valor que le está dando, y entonces
expresa su desacuerdo con el silencio, sin comentar nada a favor o en contra;
prefiere herir con la indiferencia y pasar a otros temas. Ante terceros, si le preguntan, podría manifestar su
desacuerdo, señalando las razones (totalmente
subjetivas) de su indiferencia.
Algunas autoridades utilizan
el silencio descalificante cuando no comprenden
y no aceptan las iniciativas de los subordinados, aunque éstas no interfieran
para nada en el trabajo encomendado. En el fondo le disgusta que hagan cosas
distintas porque piensan que el subordinado debe limitarse a cumplir con los
trabajos encomendados y nada más. Algunas autoridades, que funcionan habitualmente bajo ciertos parámetros, ven con temor
que quieres están bajo su mando se salgan de los límites que ellos mismos han
establecido en su propia mente y lo tienen como criterio fijo.
También utilizan estos
silencios los que se encuentran compitiendo. No quieren, por nada del mundo, reconocer las virtudes de la competencia y
entonces callan.
Silencios
edificantes
El silencio bueno o
edificante es el que evita señalar, ante
terceros, los errores de los demás, para no caer en la murmuración, la
difamación o el juicio temerario. Frente a los errores o limitaciones ajenas
muchas veces hay que callar para no dañar la fama y el honor de las personas.
En cambio el silencio descalificante es callar o
minimizar los logros o iniciativas buenas que una persona tiene porque no son
del agrado o porque se consideran inconvenientes para lo que se espera de esa
persona.
Si hay algún motivo o
inconveniente lo correcto sería manifestarle a esa persona lo que realmente se
ve, o lo que se considera inoportuno, respetando siempre la libertad y alegrándose
de veras por aquellas iniciativas, que son buenas y que hacen mucho bien.
Las personas se deben
sentir siempre aprobadas, no
descalificadas, e incluso apoyadas en aquellas iniciativas, que con muy buena intención, hacen bien.
La presencia, la compañía,
la admiración, junto a las palabras de aliento y exultación (reales, personales, ¡y no de cumplido!)
son propias de las personas virtuosas que saben amar al prójimo y encuentran
tiempo para todo, sean autoridades o no. (P.
Manuel Tamayo)
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