jueves, 30 de noviembre de 2023

 PERSONAJES ILUSTRES

En los Centros del Opus Dei en Lima: década de los años 60

Cuando uno es chico está lleno de ilusiones; en mi caso, y en el de mis amigos, estuvieron motivadas por nuestros papás y maestros. Gracias a Dios las personas mayores que nos tocaron fuero de primera, como profesionales y como personas.

En el colegio admiraba a los padres de los Sagrados Corazones, habían 17, todos con sus hábitos blancos; estaban cerca de nosotros y se esmeraban para que fuésemos buenos cristianos.

A los 15 años de edad

Cuando empecé a ir por un Centro del Opus Dei, en tercero de media. Los directores nos hablaban siempre de personas notables, por su prestigio profesional, por su honradez y que fueran además buenos cristianos, para que nos fijásemos en ellos, como un ejemplo a tener en cuenta.

Pudimos conocer bastante bien a Víctor Andrés Belaunde, tuve la oportunidad de leer: “la Realidad Nacional” y Peruanidad”, ambos libros me impactaron y los tenía muy a mano para repasarlos.

A José Luis Bustamante y Rivero, y a otros intelectuales de renombre como Guillermo Lohmann Villena, José Antonio del Busto, y José Agustín De la Puente y Candamo, los tuvimos en charlas de orientación profesional que nos daban para prepararnos a la universidad.

Mi papá era amigo de Domingo García Rada, con quien trabajé al salir del colegio en el poder judicial y de Aurelio Miro Quesada, que me daba buenos consejos sobre los artículos que empezaba a escribir para el periódico. Eran unos prestigiosos profesionales de primera línea y muy buenas personas.

 

Personas del Opus Dei que vinieron de visita a Lima

Quisiera referirme ahora a algunos personajes ilustres del Opus Dei, que conocí en esos años de adolescencia porque vinieron de visita Lima, y dejaron en todos nosotros un gratísimo recuerdo.

El año 1966 pasó por Tradiciones el P. Alfredo García, un sacerdote español que venía enviado por Mons. Escrivá para vernos a todos. Era una visita familiar y muy grata.

El anuncio de su llegada nos llenó de entusiasmo y junto a los otros chicos que habían pedido la admisión a la Obra en esos años, nos pusimos a trabajar en la casa para dejarla super elegante y que el P. Alfredo García se pueda llevar una buena impresión. Pero como Tradiciones era una casa vieja no nos dimos cuenta que algunas vigas del techo estaban apolilladas.

El P. Alfredo, que disfrutó con nosotros los días que estuvo en Lima, y nos contó muchas anécdotas de la vida santa del Fundador del Opus Dei, un día antes de irse, me llamó a parte y me dijo que tenía que resolver el problema de la carcoma. Yo lo miré sorprendido, porque no sabía lo que era la carcoma. Después me explicaron que se trataba de las polillas. No fue fácil hacer ese arreglo, pero al fin lo conseguimos y los techos quedaron muy bien. A mi me sirvió la lección: había que tenerlo todo bien, aunque no se note.

En otra ocasión nos visitó el prestigioso historiador español, Florentino Pérez Embid, también numerario del Opus Dei. Estuvo en Tradiciones con nosotros unos cuantos días. Como tenía mucho trabajo vimos conveniente organizar un paseo, más arriba de Chosica, donde se inicia la subida a la cordillera de Los Andes, para que pudiera descansar. Le preguntamos si quería acompañarnos hasta el “infiernillo” (donde cruza el tren por la montaña), él nos dijo: ¡No!, que prefería ir al “cielillo”; nos hizo reír a todos. Era un hombre alegre, muy simpático, gran conversador, un profesional de muchísimo prestigio en España. Murió en 1974 a los 56 años de edad.

Otra visita importante fue la que nos hizo el P. Antonio Rodríguez Pedrazuela, que a la sazón era el consiliario de Guatemala. Vino para contarnos las experiencias del club juvenil los Gurkhas, que fue el primero que se puso en toda América. Le escuchábamos con mucha atención porque aquí en Lima estábamos armando el club juvenil Saeta.

El P. Antonio nos contó algo que no sabíamos, que el primer numerario de Guatemala era un peruano, que no conocíamos, para nosotros fue un ¡notición!  Se trataba del ing. José Revilla Calvo, que nos visitó el año siguiente y se alojó en Tradiciones. Era un prestigioso ingeniero civil, de mucha fama en Guatemala y después, en los últimos años, se fue a vivir a El Salvador, donde falleció el 2013 a los 84 años.

También nos visitó el prestigioso jurista español Ismael Sánchez Bella, que en esos años era el rector de la Universidad de Navarra y hermano del consiliario del Opus Dei en España D. Florencio Sánchez Bella. Nos contó de los inicios de la Universidad de Navarra en la década anterior.

Recuerdo que se refirió al Dr. Eduardo Ortiz de Landazurí, supernumerario del Opus Dei, hermano de la beata Guadalupe Ortiz de Landazuri.  Tuve la dicha de conocer a D. Eduardo años más tarde en el campus de la Universidad de Navarra, era un hombre amable y cariñoso, que sabía transmitir el amor a Dios con una sencillez increíble. Está ahora en proceso de canonización.

D. Ismael Sánchez Bella nos contó que San Josemaría le pidió a D. Eduardo que se traslade a Pamplona para sacar adelante la Universidad de Navarra; y él se trasladó con toda su familia. A la vuelta de los años San Josemaría visita la Universidad y el D. Eduardo le dice: “Padre Usted me mandó para que pusiera una universidad”, y -señalando la universidad añadió: “mire, ¡aquí está!”. San Josemaría le contestó de inmediato: “yo no te mandé para que pusieras una universidad sino para que seas santo” Le hizo ver que si era santo podría sacar adelante, con otros, una Universidad. D. Ismael Sánchez Bella falleció el 2018 a los 96 años de edad.

En esa gloriosa década de los años 60 nos visitó el P. Vladimiro Vince, un sacerdote numerario, de los primeros del Opus Dei, era Croata y San Josemaría nos contaba mucho de él porque precisamente después de visitarnos el avión de regreso se estrelló en el Caribe. Llegaron noticias alarmantes sobre un atentado que se habría cometido y que esa habría sido la causa de la caída del avión. Rezamos mucho por él. Era una bellísima persona. D. Vladimiro falleció el año 1968 a los 44 años de edad.

Otro ilustre visitante fue el P. Tomás Gutiérrez, tuvimos con él una tertulia inolvidable; al final nos hizo escribir a todos los presentes, en una postal, unas palabras de saludo a San Josemaría. Años después D. Tomás fue consiliario del Opus Dei en España y falleció el año 2013 a los 84 años.

Personas ejemplares que motivaron nuestros deseos de ser mejores

Todas esas visitas ocurrieron cuando éramos menores de edad. En esos años se alcanzaba la mayoría de edad a los 21. La televisión era en blanco y negro. Al Estadio, al cine y a las fiestas se iba en terno. Los rostros emblemáticos de la televisión eran Pablo de Madalengoitia, Kiko Ledgard y Humberto Martínez Morosini, los tres con riguroso terno y corbata. Kiko Ledgard era el más excéntrico porque usaba corbata de pajarita (o michi), medias de distinto color y dos relojes, tenía además un carro Fiat con una hélice, como si fuera helicóptero. Era super simpático y sus programas los veía todo el mundo. También estaba en la tele Augusto Ferrando, que un día cambió el terno por una Guayabera.

Así vivimos esos años 60 que fueron inolvidables para todos nosotros. (P. Manuel Tamayo)

 

 

 

 

 

miércoles, 22 de noviembre de 2023

 CANCIONES EN TRADICIONES

Los gloriosos años 60 en un Centro del Opus Dei

 

En la década de los años 60 del siglo pasado los cantantes y las canciones de moda estaban a nuestro alcance. En esos tiempos todos cantaban y muchos aprendimos a tocar guitarra para acompañarnos a cantar.

Fueron los años de la “Nueva Ola”.  Los canales de televisión, que eran fundamentalmente América y Panamericana, traían a los artistas y a los conjuntos musicales más relevantes.

Así pudimos ver y seguir a los peruanos: Pepe Miranda, Joe Danova, César Altamirano, Gustavo Hit Moreno, Pepe Cipolla, y muchos otros más que destacaban en la radio y en la televisión.

El elenco de artistas extranjeros era numeroso y los había para todos los gustos.  Mis amigos y yo aprendimos canciones de: Leo Dan, Nino Bravo, Sandro, Leonardo Fabio, Enrique Guzmán, Julio Iglesias, Armando Manzanero, Palito Ortega y muchos otros más, la lista sería interminable.

En años 60 todavía sonaban las canciones de Pedro Vargas, Mario Clavel, Luis Aguilé, Antonio Prieto, Nat King Cole y Chubby Checker que era el rey del Twist. Recuerdo que cuando estaba en 5to de primaria fui al Cine Colón con un compañero de colegio para ver “Twist Around The Clock”. Todos aprendimos a bailar el twist, especialmente “el twist del conejo”

 

El radio transistor y los discos de 45 rpm

En los gloriosos años 60 se inventó el radio transistor. Para nosotros era grandioso, pasar de unos radios inmensos que no se podían mover, a otros que los podías desplazar a cualquier lugar; era algo fenomenal.

Los conjuntos musicales como Los Doltons, los Shains, Los Saicos, los Iracundos, Mocedades y muchos otros los escuchábamos todo el día en nuestros transistores. Además en casa coleccionábamos discos de 45 rpm que traían dos canciones de moda y eran fáciles de trasladar donde hubiera un pick up, que así se llamaba al tocadiscos.  

Los Long Play de 33 rpm que traían más canciones eran más caros y más difíciles de trasladar. A las fiestas, que eran en las casas, cada uno llevaba una ruma de discos de 45 rpm. Las fiestas empezaban a las 6.00 pm y terminaban antes de medianoche. Eso era lo habitual.

En los transistores, que llevábamos a todas partes, sintonizábamos las emisoras juveniles: Radio Miraflores, Radio 1160, o Radio Atalaya, que era el radio de la “nueva generación”.

 

Las canciones de la Nueva Ola

Mis amigos y yo nos sabíamos las letras de las canciones de memoria y las cantábamos en las reuniones dentro del colegio, en las casas de los amigos y en las tertulias de Tradiciones, que solían ser musicales cuando estábamos solo los chicos. Armábamos una bulla espectacular.

En los paseos y convivencias fuera de Lima, que solían ser a Chosica o a Cañete, nunca faltaba una guitarra y una pelota de fútbol. Para nosotros eran los instrumentos más importantes para pasar un buen fin de semana.

Era tanta nuestra afición por la música que formamos un conjunto musical. Existían miles en esa época.

 

La banda musical

Cuando cursaba 4to. De media, el año 1964, mi papá me compró una guitarra eléctrica, que tuve que aprender a manejarla. Para mí fue un regalo espectacular.

En mi casa había un piano. Mis padres me pusieron un profesor de piano, aprendí un poco pero me pasé rápidamente a la guitarra, porque el piano no lo podía trasladar a donde estaban mis amigos.

De niño, cuando tendría aproximadamente 10 años, veía tocar guitarra a mi papá, fijándome bien, fui aprendiendo poco a poco en una guitarra española que tenía cuerdas de metal y un clavijero de madera. Con el tiempo fui descubriendo los acordes que necesitaba para cantar las canciones que había aprendido y que eran muchísimas.

En 5to de media por fin pudimos armar un magnífico conjunto musical, (ahora se llama Banda), lo armamos con varios amigos del colegio, todos fanáticos de la guitarra y del canto. Llegamos a ser el conjunto del colegio y a tocar en una radio local y en varios festivales.

Nuestro conjunto se llamaba COETS, (cada letra era el inicio de nuestros apellidos: Castro, Otero, Echeandía, Tamayo y los hermanos Venturo), existió solo el año 1965, cuando estábamos en 5to de media. Después los estudios universitarios nos dispersaron y se acabó el conjunto, pero seguimos cantando siempre, cada vez que podíamos, y aprendiendo siempre las nuevas canciones que salían al mercado.

 

Más chicos a Tradiciones

A Tradiciones seguían llegando más chicos: José Antonio Vallarino, Raúl Osores, Manuel Beltroy, Ernesto Giannoni y otros más de la Recoleta y de otros colegios.

José Ramón Dolarea, el director de Tradiciones, era también poeta y de vez en cuando se organizaban recitales. Él se apoyaba en los mayores como Paul Cabrera, Jaime Cabrera y otros chicos de la Universidad católica.

Ese año llegaron los ingenieros que iban a trabajar en Cañete en unas Escuelas Radiofónicas (ERPA) antes de que empezara el Instituto Rural Valle Grande. Vinieron de España: Luis Báscones, Francisco Coll y José Alberto Lasunción.  Se establecieron en San Vicente de Cañete en un pequeño departamento que llamábamos “la casa de la escalera”.

También llegaron a Tradiciones dos sacerdotes y dos laicos: los Padres Alberto Clavell (Catalán) y Joaquín Diez (Soria), y los ingenieros Ignacio Benavent (Madrileño) y Javier González (mexicano).

 

Una experiencia que vale la pena enseñarla a las nuevas generaciones.

Solo queda decir, con estos recuerdos, que vivimos una adolescencia bastante intensa por los estudios y las actividades deportivas y musicales, que llenaban nuestro día.

Todo esto se daba en un clima totalmente sano, que lo creaban y contagiaban unas personas sanas y honestas; ellos, con su ejemplo, nos hacían grato el camino de exigencia cristiana para alcanzar la santidad.

El recuerdo de esas vivencias entusiasmantes, me hacen ver que valió la pena, y son para mi, un motivo constante de acción de gracias. (P. Manuel Tamayo).

domingo, 19 de noviembre de 2023

 LOS PRIMEROS DE TRADICIONES

El Opus Dei en Lima, 1964.

 

Al terminar el verano de 1964, entraba con mis compañeros a 4to. de media en el colegio SSCC Recoleta. Yo había pedido la admisión al Opus Dei el 14 de Noviembre de 1963. Antes de terminar el año me propuse llevar a muchos amigos del colegio para que participaran en los planes de verano de Tradiciones. Invité a algunos de mi clase y a chicos de otros años.

 En el verano se organizaban diversas actividades de diversión que se combinaban con las charlas que nos daban para cambiar el mundo. Nos sentíamos alegremente motivados y entusiasmados.

 

Arreglos en la nueva casa

La casa, recién adquirida, estaba bastante destartalada y para nosotros era un reto, había que dedicarle tiempo. Después de las clases en el colegio, que eran en la mañana y en la tarde, tomábamos el bus que nos dejaba frente al cine Orrantia y desde allí caminábamos hasta Tradiciones. Ese recorrido lo hacíamos de lunes a viernes, es que P. Pazos y José Ramón Dolarea nos decían que era nuestra casa y efectivamente, aunque todos éramos menores de edad, nos considerábamos los dueños de Tradiciones.

En el verano íbamos por la mañana a la playa de Santa Rosa, cerca de Ancón. Jugábamos fútbol y nos metíamos al mar. En esos años era fácil ir y venir, no se tardaba más de media hora. Algunos días llevábamos almuerzo y regresábamos por la tarde. Los otros días por la tarde hacíamos arreglos en Tradiciones. Había bastante trabajo para dejar la casa en buenas condiciones.

 

Los fines de semana

Todos los sábados, predicaban la meditación el P. Antonio Ducay o el P. Luis Tejerizo, al terminar nos íbamos a la casa de el arquitecto Cucho Velaochaga en Chaclacayo, que le pusimos Asís, porque tenía un estilo conventual. En la entrada había una armadura medieval que nos impresionaba. Llegábamos por la noche y José Ramón nos contaba cuentos de miedo. Se creaba un ambiente de suspenso que a todos nos gustaba. Durante el día jugábamos fútbol o volley en el jardín. Al almuerzo se sumaban todos los numerarios del Opus Dei del Perú, iban también los monseñores Ignacio Orbegoso y Luis Sánchez Moreno Lira cuando estaban en Lima. Las tertulias después del almuerzo eran interesantísimas y super divertidas. La pasábamos en grande y soñábamos con volver el siguiente fin de semana.

 

Los primeros chicos que aparecieron

De mi colegio frecuentaban Tradiciones Jaime Sarmiento y Luis Pérez que habían pedido la admisión antes del verano, estaban también Francisco Navarro, Juanacho Estela, Alberto Pomar, Jaime Althaus, Aldo Vegas, Cristobal Brambilla, Fernando Schwalb, Jorge Borda, entre otros, y chicos de otros colegios, como Aldo Borasino, Tony Gruter y Fernando Peschiera. Mis hermanos Augusto y Guillermo también iban con relativa frecuencia.

Vivían en Tradiciones José Ramón Dolarea, que era el director, Jorge Boladeras, Manuel Quimper y el Padre Antonio Ducay. Más tarde se incorporaron otros. Ese año llegaron de España los padres Alberto Clavell y Joaquín Diez.

Nos visitaban con frecuencia dos sacerdotes numerarios: el P. Adolfo Rodríguez Vidal, que era delegado en el Perú y luego fue consiliario de Chile y el P. Ramón Taboada, que era consiliario de Paraguay. Ambos nos ayudaron en el montaje de Tradiciones. El P. Adolfo y Pancho Navarro construyeron con unas maderas la sacristía para el oratorio usando un cuarto de depósito que había en el hall de la casa.

El P. Ramón Taboada pintó en el friso de entrada de la salita de círculos: “Duc in altum” y toda la pérgola que estaba en un extremo del jardín se decoró con remos, un ancla, y en la pared del fondo se colgaron unas redes. Era un ambiente marino de pesca, que motivaba nuestro celo apostólico, tal como lo hizo Jesús con los pescadores de Galilea.

 

La transformación de la casa

La casa había sido de un Sr. Saloqui, que la vendió a precio de terreno. Poco a poco la fuimos levantando entre todos. De casa de mis padres me traje una araña que fue colocada en la salita de los círculos, a mi mamá le pedí que tejiera unas cortinas para los dormitorios.

Poco a poco fuimos decorando la casa con lo que cada uno podía traer. Pasaron los meses y le invitamos al Sr. Saloqui para que la viera cómo había quedado. Se quedó impresionado y nos dijo: “les he regalado una casa”

 

Más chicos a fin de año

A la casa siguieron viniendo chicos de todos los colegios, antes de terminar el año, llegaron unos universitarios, que nosotros los mirábamos de abajo para arriba, aunque eran uno o dos año mayores que nosotros, nos parecían mucho más grandes, porque nosotros éramos escolares y ellos universitarios. Aparecieron Jaime Chauca, Marcos D´Angelo, Jesús Alfaro y Ronald Escobedo. Hoy son sacerdotes el P. D´Angelo y el P. Alfaro.

Como la mayoría éramos menores de edad se organizaban competencias, quien corría más o quién saltaba más alto. El Opus Dei seguía creciendo y había que apoyar a las actividades para que salgan adelante. Se organizó la rifa de una camionetita Citroen para sacar fondos y construir Larboleda, la primera casa de retiros de la región, en Chosica.

 

La Prelatura de Yauyos

En esos años la Iglesia le había pedido a San Josemaría que el Opus Dei se encargara de una Prelatura territorial. Se había nombrado Prelado a Mons. Ignacio María Orbegozo. Desde Tradiciones hacíamos viajes continuos a Cañete para visitar al Obispo que era numerario del Opus Dei, un personaje increíble con una historia que a nosotros nos impactaba mucho, además era una persona muy simpática y de una gran fortaleza humana.

 

Los partidos intensos de fulbito

En el verano íbamos a la playa. Mons. Orbegozo con un Jeep marcaba la cancha de fulbito en la arena y allí nos quedábamos jugando hasta el cansancio, en otras ocasiones los partidos de fulbito eran en Santa Bárbara, donde había una cancha cerrada por 4 paredes blancas.

Los partidos los empezábamos antes del mediodía y duraban hasta bien comenzada la tarde y eran a pleno sol, como habían 4 paredes la pelota no salía.

Mons. Orbegozo jugaba con sus sacerdotes, todos españoles y jugaban con Chirucas (unos botines que eran como chimpunes). A nosotros que éramos chicos nos daba un poco de miedo por el empeño que ponían en el juego con esos zapatos duros que te podían lesionar y porque eran todos mayores que nosotros. Pero entrábamos allí a combatir con ímpetu, arengados con los gritos de Juan Luis Cipriani o del mismo Mons. Orbegozo que no se quedaba callado. Para los que nos gustaba el fútbol era un magnifico reto.

También jugó con nosotros Héctor Chumpitaz, que después fue jugador de Universitario de deportes y de la selección peruana de fútbol. Él siempre se acuerda con mucho cariño de estas tardes deportivas y calurosas de Santa Bárbara.  

Algunas veces teníamos que parar el partido para almorzar y continuarlo después del rezo del Santo Rosario. Los que estaban en el equipo donde no estaba el obispo, decían bromeando, que había que evitar la parte del rosario donde se pide rezar por las intenciones del obispo. A Mons. Orbegozo como a todo buen futbolista le gustaba ganar siempre.

 

Lonche y ping pong

Al terminar el partido Mons. Orbegozo nos invitaba a su casa de Cañete, por la tarde, antes de que se vaya la luz, podíamos jugar pin pong mientras se servía un lonche.

Fueron días intensos con metas muy claras, ser santos en medio del mundo,  pero había que seguir avanzando con los estudios, terminar el colegio e ingresar a la universidad.

Hasta tercero de media quise ser marino, pero, en esos ambientes, con planes más elevados, me animé por las humanidades, que además era el ambiente que veía en mi familia con mi papá que era magistrado y mi tío y padrino que era literato y académico de la lengua.

Hoy, después de 60 años, estos recuerdos me emocionan mucho, y veo que valió la pena haber vivido con intensidad, esos años juveniles, entre los estudios, el deporte, los paseos y el trato con Dios, con metas de santidad y planes apostólicos constantes. Puedo decir que durante la adolescencia no pasé por ninguna crisis, fui siempre feliz, cada día más, y hasta ahora. (P. Manuel Tamayo).

 

 

 

 

domingo, 12 de noviembre de 2023

 LA ILUSIÓN DE UNA NUEVA CASA

Los Centros del Opus Dei

Las guerras son terribles y devastadoras. No deberían existir. No solo se pierden vidas, las casas también quedan destrozadas. Después de la guerra civil española los primeros del Opus Dei soñaban con la reconstrucción; muchos habían perdido sus casas y el centro de la Obra había quedado bastante averiado.

La ilusión por tener una casa para vivir y realizar las labores apostólicas era constante y todos colaboraban para tenerla y armarla. La ilusión de la casa fue también el tema principal de la expansión en las distintas ciudades y países.

En Roma San Josemaría nos contaba la historia de Villa Tevere, (la casa central del Opus Dei en Roma), cuando ellos vivían en la portería de la Villa porque los inquilinos se demoraban en salir de la residencia. Decía San Josemaría que en ese pequeño lugar, donde estaban alojados, solo había una cama, que era para el que estaba enfermo, los demás dormían en el suelo y que él, tendría que ser un gran teólogo porque tenía como almohada un libro de teología.

 

La ilusión de una casa en Lima

Cuando llegó el padre Manuel Botas al Perú, vivía en un cuarto que consiguió en el jirón Washington, luego adquirió un pequeño departamento en La Colmena, muy cerca del colegio de la Inmaculada y un tiempo después se puso la residencia, bastante más grande, en la avenida España, frente al cine Roxi. En esa residencia se pudo recibir a los primeros universitarios.

La ilusión de una casa nueva era constante y estaba motivada por el crecimiento de la labor y por los barrios más significativos para que los chicos pudieran llegar con facilidad.

En esos primeros años, se pasó de centro de Lima a Miraflores, y en un período corto de tiempo se vivió en una casona de la Av Pardo, al poco tiempo hubo que dejarla, porque la vida universitaria todavía estaba concentrada en el centro de Lima, sin embargo se tomó una casa pequeña en la Av. Aviación de Miraflores para que puedan vivir los mayores que no se encargarían de la residencia.

 

Los primeros en llegar

Los primeros en venir al Perú y los primeros peruanos disfrutaron de esos Centros que se montaban con mucho cariño y la ilusión de llegar a más gente, para que conocieran la Obra y algunos pudieran pedir la admisión.

Estaban junto al padre Manuel Botas, que fue el primero en llegar el año 1953, los padres Antonio Torrella, Luis Tejerizo, Antonio Ducay y Vicente Pazos que llegó para ser Consiliario de la región del Perú.

Estaban también los monseñores Ignacio Orbegoso, Prelado de Yauyos, Luis Sánchez Moreno que era obispo auxiliar de Chiclayo. El padre Javier Cheesman, que era peruano, vivía, en esos años, en los Estados Unidos.

Los primeros laicos que ocuparon esas casas fueron los ingenieros Ramón Mugica, Rafael Estartús y Jorge Boladeras, también habían llegado otros, más jóvenes, José Navarro Pascual y José Ramón de Dolarea y Calvar, que eran hombres de letras.

Entre los peruanos estaban: Andrés Álvarez Calderón Rey, Federico Prieto Celi, Juan Antonio Ugarte y Víctor Morales Corrales. Unos años después pidió la admisión Juan Luis Cipriani Thorne; su familia era ya muy conocida en los ambientes de la Obra y fueron grandes colaboradores en los inicios del Opus Dei en el Perú. Todo esto ocurría entre los años 53 y 63, que fue la década de los comienzos.

Para seguir creciendo

En 1963 aparecimos nosotros, unos chiquillos de tercero de media, dispuestos a comernos el mundo. El padre Vicente Pazos que era el consiliario, nos encargó a través de José Ramón Dolarea, que era subdirector en la Residencia Los Andes, (que ya estaba Av. Pardo de Miraflores), buscar una nueva casa en Lima para gente joven.

Para nosotros era un encargo fabuloso. Teníamos la ilusión de una nueva casa y que además sería exclusiva para gente joven.

Sacamos nuestras bicicletas y a recorrer los barrios de Lima. Nos habían indicado que esté a distancia de Los Andes pero no muy lejos. El límite lo pusimos en la Av. Javier Prado.

En esos años no había tráfico en las calles de San Isidro, incluso muchas de ellas lucían vacías. Nosotros disfrutábamos de esas travesías con la ilusión de encontrar la casa adecuada. Hasta que dimos con ella en la Av. Del Bosque, casi en pleno Olivar de San Isidro.

Era una casa grande que estaba abandonada y bastante destartalada. Los árboles del jardín habían crecido demasiado, las ventanas estaban rotas, en uno de los baños encontramos un gato muerto, no había luz eléctrica, pero todo eso nos parecía a nosotros genial. Era como entrar a un lugar tétrico de las películas de terror.

Todos los días, después del colegio, íbamos a trabajar en algún arreglo para hacerla habitable. Conseguimos primero arreglar un cuarto que estaba al fondo y allí tuvimos nuestras primeras reuniones durante una temporada.

Cada avance era una conquista, el director era José Ramón Dolarea, un hombre de mucha simpatía humana y muy dado a las celebraciones, que él calificaba de históricas. Efectivamente estábamos haciendo historia.

A la casa le dimos el nombre de la calle lateral: Tradiciones. Así fueron los comienzos de Tradiciones en la historia del Opus Dei en el Perú (P. Manuel Tamayo).

miércoles, 1 de noviembre de 2023

LOS PRIMEROS QUE CONOCÍ

del Opus Dei en el Perú

Tenía 14 años el primer día que pisé un Centro del Opus Dei en Lima, fui con un amigo del colegio (Luis Pérez Traverso) a una charla que daba un universitario que era 5 años mayor que nosotros y era de la selección de Basket del Perú: Juan Luis Cipriani.

A mis amigos del colegio y a mi, nos impresionó que un muchacho, un poco mayor que nosotros, nos hablara de Dios. Al terminar la charla nos explicaron lo que se hacía en esa casa. Ví que había una cancha de fulbito y eso me interesó bastante. Mi afición al fútbol era muy fuerte.

El día que me invitaron a un partido quedé sumamente impresionado al ver jugar a un sacerdote joven, el P. Antonio Ducay. En mi colegio había varios sacerdotes, pero ninguno jugaba al fútbol.

El P. Antonio además hizo algo que no hacían los sacerdotes de mi colegio, llamarme para conversar. Yo me sentía muy bien y hasta halagado, como si esas conversaciones me pusieran muy alto. Me sentía importante.

En poco tiempo, el P. Antonio me llegó a conocer muy bien y yo a él. Todo eso sucedió en 1963, fue muy rápido. De lunes a viernes estaba en el colegio esperando que llegue el sábado para ir corriendo al Centro del Opus Dei y reunirme con varios amigos de mi edad y conversar con el P. Antonio y otras personas mayores que admiraba mucho.

Todos los fines de semana

Los fines de semana me conectaba con Jaime Cabrera, un chico mayor que yo que estudiaba en el Markham, me recibía a mi y a Luis Pérez, que éramos de La Recoleta. Nos llevábamos muy bien. En la casa habían otros chicos, que eran también escolares y participábamos juntos en los medios de formación: Guillermo Descalzi, Ricardo Colmenares, Fernando Peschiera, Max Clow, Pocho Varcárcel, entre otros.

El Centro era la residencia Los Andes, que quedaba en la av. Pardo de Miraflores (actual Centro Cultural de la Universidad de Piura). El director era José Navarro Pascual, un joven español egresado de la facultad de Letras de la Católica que se especializó en literatura, luego fue Rector de la Universidad de Piura y más tarde se ordenó sacerdote, falleció en año 2008 y el subdirector era José Ramón Dolarea y Calvar, un abogado Gallego que además era poeta, un hombre con mucha “chispa” y llegada a la gente joven, que enseguida nos conquistó. Mis amigos y yo disfrutábamos con sus charlas, que eran vibrantes, e invitaban a una lucha ascética y deportista, para ser como los primeros cristianos.

La calidad humana y profesional

Llegar a Los Andes era encontrarse con gente muy valiosa. Vivían allí tres ingenieros españoles de mucha calidad humana y profesional. Ramón Mujica Martínez, era experto en oceanografía y en el fenómeno del niño, fue catedrático de la Universidad de Piura y falleció en 1991, una calle de Piura lleva su nombre, Rafael Estartús Tobella, catalán que trabajaba en la IBM, con fama de genio, también estuvo en Piura como catedrático, murió el 2013 y Jorge Boladeras que estuvo en los inicios del Instituto Agropecuario Vallegrande de Cañete.

Los tres que vivían en Los Andes creaban un ambiente super grato y familiar. Nosotros éramos chicos y ellos se acercaban como si fueran de nuestra edad y nos sentíamos muy considerados. Jorge Boladeras y Rafael Estartús crearon un aparato de comunicación interna en la residencia con unos números que se encendían en los distintos ambientes para encontrar a la gente. A ese invento le pusimos el nombre de “Bolatús”

También vivían en la residencia Juan Luis Cipriani, que estudiaba en la UNI, Qué nos íbamos a imaginar que a la vuelta de los años sería Cardenal de la Iglesia Católica; Andrés Álvarez Calderón Rey, recoletano como yo, egresado de la facultad de Agronomía y un gran jugador de fútbol, estaba en el “Ciclista Lima” que era un equipo de primera división, Víctor Morales Corrales, También recoletano, fue mi jefe en los Boys Scouts y fuimos a muchos paseos juntos.

Los deportes juveniles

Para nosotros jugar Basket con un campeón sudamericano y fútbol con un futbolista de primera división era algo genial. Jugamos muchos partidos con Juan Luis Cipriani y con Andrés Álvarez Calderón; con Víctor Morales realizamos muchos paseos. Él nos enseñó a rezar el Angelus al mediodía.

Los años de adolescente fueron para mi inolvidables, llenos de actividades deportivas y de muchas ilusiones y proyectos de vida.

En el fondo de todo había un programa de santidad, super atractivo, que además estaba rodeado de gente muy valiosa; veíamos que todos eran prestigiosos profesionales y de una extraordinaria calidad humana.

Escribir lo que vale la pena recordar

Con el P. Antonio Ducay recordamos, con agradecimiento, tantos momentos gratos que vivimos en esos años de juventud, cuando estábamos en las canchas de fútbol y en las playas durante el verano, gastando nuestras energías juveniles.

Todo eso lo armonizábamos con canciones de la nueva ola en las tertulias, con las guitarras, que no podían faltar y una batería que tenía Manuel Quimper. La bulla era lo habitual.

Armábamos los fines de semana y en las convivencias que hacíamos a Chaclacayo unas tertulias musicales que se intercalaban con las poesías de José Ramón; y a la hora del deporte no faltaba nunca un partido de volley o de fulbito. Excelentes años juveniles.

Así pasé mi adolescencia, con mis amigos, aprendiendo a ser mejor cada día. (P. Manuel Tamayo).