domingo, 12 de noviembre de 2023

 LA ILUSIÓN DE UNA NUEVA CASA

Los Centros del Opus Dei

Las guerras son terribles y devastadoras. No deberían existir. No solo se pierden vidas, las casas también quedan destrozadas. Después de la guerra civil española los primeros del Opus Dei soñaban con la reconstrucción; muchos habían perdido sus casas y el centro de la Obra había quedado bastante averiado.

La ilusión por tener una casa para vivir y realizar las labores apostólicas era constante y todos colaboraban para tenerla y armarla. La ilusión de la casa fue también el tema principal de la expansión en las distintas ciudades y países.

En Roma San Josemaría nos contaba la historia de Villa Tevere, (la casa central del Opus Dei en Roma), cuando ellos vivían en la portería de la Villa porque los inquilinos se demoraban en salir de la residencia. Decía San Josemaría que en ese pequeño lugar, donde estaban alojados, solo había una cama, que era para el que estaba enfermo, los demás dormían en el suelo y que él, tendría que ser un gran teólogo porque tenía como almohada un libro de teología.

 

La ilusión de una casa en Lima

Cuando llegó el padre Manuel Botas al Perú, vivía en un cuarto que consiguió en el jirón Washington, luego adquirió un pequeño departamento en La Colmena, muy cerca del colegio de la Inmaculada y un tiempo después se puso la residencia, bastante más grande, en la avenida España, frente al cine Roxi. En esa residencia se pudo recibir a los primeros universitarios.

La ilusión de una casa nueva era constante y estaba motivada por el crecimiento de la labor y por los barrios más significativos para que los chicos pudieran llegar con facilidad.

En esos primeros años, se pasó de centro de Lima a Miraflores, y en un período corto de tiempo se vivió en una casona de la Av Pardo, al poco tiempo hubo que dejarla, porque la vida universitaria todavía estaba concentrada en el centro de Lima, sin embargo se tomó una casa pequeña en la Av. Aviación de Miraflores para que puedan vivir los mayores que no se encargarían de la residencia.

 

Los primeros en llegar

Los primeros en venir al Perú y los primeros peruanos disfrutaron de esos Centros que se montaban con mucho cariño y la ilusión de llegar a más gente, para que conocieran la Obra y algunos pudieran pedir la admisión.

Estaban junto al padre Manuel Botas, que fue el primero en llegar el año 1953, los padres Antonio Torrella, Luis Tejerizo, Antonio Ducay y Vicente Pazos que llegó para ser Consiliario de la región del Perú.

Estaban también los monseñores Ignacio Orbegoso, Prelado de Yauyos, Luis Sánchez Moreno que era obispo auxiliar de Chiclayo. El padre Javier Cheesman, que era peruano, vivía, en esos años, en los Estados Unidos.

Los primeros laicos que ocuparon esas casas fueron los ingenieros Ramón Mugica, Rafael Estartús y Jorge Boladeras, también habían llegado otros, más jóvenes, José Navarro Pascual y José Ramón de Dolarea y Calvar, que eran hombres de letras.

Entre los peruanos estaban: Andrés Álvarez Calderón Rey, Federico Prieto Celi, Juan Antonio Ugarte y Víctor Morales Corrales. Unos años después pidió la admisión Juan Luis Cipriani Thorne; su familia era ya muy conocida en los ambientes de la Obra y fueron grandes colaboradores en los inicios del Opus Dei en el Perú. Todo esto ocurría entre los años 53 y 63, que fue la década de los comienzos.

Para seguir creciendo

En 1963 aparecimos nosotros, unos chiquillos de tercero de media, dispuestos a comernos el mundo. El padre Vicente Pazos que era el consiliario, nos encargó a través de José Ramón Dolarea, que era subdirector en la Residencia Los Andes, (que ya estaba Av. Pardo de Miraflores), buscar una nueva casa en Lima para gente joven.

Para nosotros era un encargo fabuloso. Teníamos la ilusión de una nueva casa y que además sería exclusiva para gente joven.

Sacamos nuestras bicicletas y a recorrer los barrios de Lima. Nos habían indicado que esté a distancia de Los Andes pero no muy lejos. El límite lo pusimos en la Av. Javier Prado.

En esos años no había tráfico en las calles de San Isidro, incluso muchas de ellas lucían vacías. Nosotros disfrutábamos de esas travesías con la ilusión de encontrar la casa adecuada. Hasta que dimos con ella en la Av. Del Bosque, casi en pleno Olivar de San Isidro.

Era una casa grande que estaba abandonada y bastante destartalada. Los árboles del jardín habían crecido demasiado, las ventanas estaban rotas, en uno de los baños encontramos un gato muerto, no había luz eléctrica, pero todo eso nos parecía a nosotros genial. Era como entrar a un lugar tétrico de las películas de terror.

Todos los días, después del colegio, íbamos a trabajar en algún arreglo para hacerla habitable. Conseguimos primero arreglar un cuarto que estaba al fondo y allí tuvimos nuestras primeras reuniones durante una temporada.

Cada avance era una conquista, el director era José Ramón Dolarea, un hombre de mucha simpatía humana y muy dado a las celebraciones, que él calificaba de históricas. Efectivamente estábamos haciendo historia.

A la casa le dimos el nombre de la calle lateral: Tradiciones. Así fueron los comienzos de Tradiciones en la historia del Opus Dei en el Perú (P. Manuel Tamayo).

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