LOS PRIMEROS QUE CONOCÍ
del Opus Dei
en el Perú
Tenía 14 años el primer día que pisé un Centro del Opus Dei en Lima, fui
con un amigo del colegio (Luis Pérez
Traverso) a una charla que daba un universitario que era 5 años mayor que
nosotros y era de la selección de Basket del Perú: Juan Luis Cipriani.
A
mis amigos del colegio y a mi, nos impresionó que un muchacho, un poco mayor
que nosotros, nos hablara de Dios. Al terminar la charla nos explicaron lo que
se hacía en esa casa. Ví que había una cancha de fulbito y eso me interesó
bastante. Mi afición al fútbol era muy fuerte.
El
día que me invitaron a un partido quedé sumamente impresionado al ver jugar a
un sacerdote joven, el P. Antonio Ducay. En mi colegio había varios sacerdotes,
pero ninguno jugaba al fútbol.
El
P. Antonio además hizo algo que no hacían los sacerdotes de mi colegio,
llamarme para conversar. Yo me sentía muy bien y hasta halagado, como si esas
conversaciones me pusieran muy alto. Me sentía importante.
En
poco tiempo, el P. Antonio me llegó a conocer muy bien y yo a él. Todo eso
sucedió en 1963, fue muy rápido. De lunes a viernes estaba en el colegio esperando
que llegue el sábado para ir corriendo al Centro del Opus Dei y reunirme con
varios amigos de mi edad y conversar con el P. Antonio y otras personas mayores
que admiraba mucho.
Todos los fines de semana
Los
fines de semana me conectaba con Jaime Cabrera, un chico mayor que yo que
estudiaba en el Markham, me recibía a mi y a Luis Pérez, que éramos de La
Recoleta. Nos llevábamos muy bien. En la casa habían otros chicos, que eran
también escolares y participábamos juntos en los medios de formación: Guillermo Descalzi, Ricardo Colmenares,
Fernando Peschiera, Max Clow, Pocho Varcárcel, entre otros.
El
Centro era la residencia Los Andes, que quedaba en la av. Pardo de Miraflores (actual Centro Cultural de la Universidad de
Piura). El director era José Navarro Pascual, un joven español egresado de
la facultad de Letras de la Católica que se especializó en literatura, luego
fue Rector de la Universidad de Piura y más tarde se ordenó sacerdote, falleció
en año 2008 y el subdirector era José Ramón Dolarea y Calvar, un abogado
Gallego que además era poeta, un hombre con mucha “chispa” y llegada a la gente
joven, que enseguida nos conquistó. Mis amigos y yo disfrutábamos con sus
charlas, que eran vibrantes, e invitaban a una lucha ascética y deportista,
para ser como los primeros cristianos.
La calidad humana y profesional
Llegar
a Los Andes era encontrarse con gente muy valiosa. Vivían allí tres ingenieros
españoles de mucha calidad humana y profesional. Ramón Mujica Martínez, era
experto en oceanografía y en el fenómeno del niño, fue catedrático de la
Universidad de Piura y falleció en 1991, una calle de Piura lleva su nombre,
Rafael Estartús Tobella, catalán que trabajaba en la IBM, con fama de genio, también estuvo en Piura como catedrático, murió
el 2013 y Jorge Boladeras que estuvo en los inicios del Instituto Agropecuario
Vallegrande de Cañete.
Los
tres que vivían en Los Andes creaban un ambiente super grato y familiar. Nosotros
éramos chicos y ellos se acercaban como si fueran de nuestra edad y nos
sentíamos muy considerados. Jorge Boladeras y Rafael Estartús crearon un
aparato de comunicación interna en la residencia con unos números que se
encendían en los distintos ambientes para encontrar a la gente. A ese invento
le pusimos el nombre de “Bolatús”
También
vivían en la residencia Juan Luis Cipriani, que estudiaba en la UNI, Qué nos
íbamos a imaginar que a la vuelta de los años sería Cardenal de la Iglesia Católica;
Andrés Álvarez Calderón Rey, recoletano
como yo, egresado de la facultad de Agronomía y un gran jugador de fútbol,
estaba en el “Ciclista Lima” que era un equipo de primera división, Víctor
Morales Corrales, También recoletano, fue mi jefe en los Boys Scouts y fuimos a
muchos paseos juntos.
Los deportes juveniles
Para
nosotros jugar Basket con un campeón sudamericano y fútbol con un futbolista de
primera división era algo genial. Jugamos muchos partidos con Juan Luis
Cipriani y con Andrés Álvarez Calderón; con Víctor Morales realizamos muchos
paseos. Él nos enseñó a rezar el Angelus
al mediodía.
Los
años de adolescente fueron para mi inolvidables, llenos de actividades
deportivas y de muchas ilusiones y proyectos de vida.
En
el fondo de todo había un programa de santidad, super atractivo, que además estaba
rodeado de gente muy valiosa; veíamos que todos eran prestigiosos profesionales
y de una extraordinaria calidad humana.
Escribir lo que vale la pena recordar
Con
el P. Antonio Ducay recordamos, con
agradecimiento, tantos momentos gratos que vivimos en esos años de juventud,
cuando estábamos en las canchas de fútbol y en las playas durante el verano,
gastando nuestras energías juveniles.
Todo
eso lo armonizábamos con canciones de la nueva ola en las tertulias, con las
guitarras, que no podían faltar y una batería que tenía Manuel Quimper. La
bulla era lo habitual.
Armábamos
los fines de semana y en las convivencias que hacíamos a Chaclacayo unas tertulias
musicales que se intercalaban con las poesías de José Ramón; y a la hora del
deporte no faltaba nunca un partido de volley o de fulbito. Excelentes años
juveniles.
Así
pasé mi adolescencia, con mis amigos, aprendiendo a ser mejor cada día. (P. Manuel Tamayo).
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