miércoles, 1 de noviembre de 2023

LOS PRIMEROS QUE CONOCÍ

del Opus Dei en el Perú

Tenía 14 años el primer día que pisé un Centro del Opus Dei en Lima, fui con un amigo del colegio (Luis Pérez Traverso) a una charla que daba un universitario que era 5 años mayor que nosotros y era de la selección de Basket del Perú: Juan Luis Cipriani.

A mis amigos del colegio y a mi, nos impresionó que un muchacho, un poco mayor que nosotros, nos hablara de Dios. Al terminar la charla nos explicaron lo que se hacía en esa casa. Ví que había una cancha de fulbito y eso me interesó bastante. Mi afición al fútbol era muy fuerte.

El día que me invitaron a un partido quedé sumamente impresionado al ver jugar a un sacerdote joven, el P. Antonio Ducay. En mi colegio había varios sacerdotes, pero ninguno jugaba al fútbol.

El P. Antonio además hizo algo que no hacían los sacerdotes de mi colegio, llamarme para conversar. Yo me sentía muy bien y hasta halagado, como si esas conversaciones me pusieran muy alto. Me sentía importante.

En poco tiempo, el P. Antonio me llegó a conocer muy bien y yo a él. Todo eso sucedió en 1963, fue muy rápido. De lunes a viernes estaba en el colegio esperando que llegue el sábado para ir corriendo al Centro del Opus Dei y reunirme con varios amigos de mi edad y conversar con el P. Antonio y otras personas mayores que admiraba mucho.

Todos los fines de semana

Los fines de semana me conectaba con Jaime Cabrera, un chico mayor que yo que estudiaba en el Markham, me recibía a mi y a Luis Pérez, que éramos de La Recoleta. Nos llevábamos muy bien. En la casa habían otros chicos, que eran también escolares y participábamos juntos en los medios de formación: Guillermo Descalzi, Ricardo Colmenares, Fernando Peschiera, Max Clow, Pocho Varcárcel, entre otros.

El Centro era la residencia Los Andes, que quedaba en la av. Pardo de Miraflores (actual Centro Cultural de la Universidad de Piura). El director era José Navarro Pascual, un joven español egresado de la facultad de Letras de la Católica que se especializó en literatura, luego fue Rector de la Universidad de Piura y más tarde se ordenó sacerdote, falleció en año 2008 y el subdirector era José Ramón Dolarea y Calvar, un abogado Gallego que además era poeta, un hombre con mucha “chispa” y llegada a la gente joven, que enseguida nos conquistó. Mis amigos y yo disfrutábamos con sus charlas, que eran vibrantes, e invitaban a una lucha ascética y deportista, para ser como los primeros cristianos.

La calidad humana y profesional

Llegar a Los Andes era encontrarse con gente muy valiosa. Vivían allí tres ingenieros españoles de mucha calidad humana y profesional. Ramón Mujica Martínez, era experto en oceanografía y en el fenómeno del niño, fue catedrático de la Universidad de Piura y falleció en 1991, una calle de Piura lleva su nombre, Rafael Estartús Tobella, catalán que trabajaba en la IBM, con fama de genio, también estuvo en Piura como catedrático, murió el 2013 y Jorge Boladeras que estuvo en los inicios del Instituto Agropecuario Vallegrande de Cañete.

Los tres que vivían en Los Andes creaban un ambiente super grato y familiar. Nosotros éramos chicos y ellos se acercaban como si fueran de nuestra edad y nos sentíamos muy considerados. Jorge Boladeras y Rafael Estartús crearon un aparato de comunicación interna en la residencia con unos números que se encendían en los distintos ambientes para encontrar a la gente. A ese invento le pusimos el nombre de “Bolatús”

También vivían en la residencia Juan Luis Cipriani, que estudiaba en la UNI, Qué nos íbamos a imaginar que a la vuelta de los años sería Cardenal de la Iglesia Católica; Andrés Álvarez Calderón Rey, recoletano como yo, egresado de la facultad de Agronomía y un gran jugador de fútbol, estaba en el “Ciclista Lima” que era un equipo de primera división, Víctor Morales Corrales, También recoletano, fue mi jefe en los Boys Scouts y fuimos a muchos paseos juntos.

Los deportes juveniles

Para nosotros jugar Basket con un campeón sudamericano y fútbol con un futbolista de primera división era algo genial. Jugamos muchos partidos con Juan Luis Cipriani y con Andrés Álvarez Calderón; con Víctor Morales realizamos muchos paseos. Él nos enseñó a rezar el Angelus al mediodía.

Los años de adolescente fueron para mi inolvidables, llenos de actividades deportivas y de muchas ilusiones y proyectos de vida.

En el fondo de todo había un programa de santidad, super atractivo, que además estaba rodeado de gente muy valiosa; veíamos que todos eran prestigiosos profesionales y de una extraordinaria calidad humana.

Escribir lo que vale la pena recordar

Con el P. Antonio Ducay recordamos, con agradecimiento, tantos momentos gratos que vivimos en esos años de juventud, cuando estábamos en las canchas de fútbol y en las playas durante el verano, gastando nuestras energías juveniles.

Todo eso lo armonizábamos con canciones de la nueva ola en las tertulias, con las guitarras, que no podían faltar y una batería que tenía Manuel Quimper. La bulla era lo habitual.

Armábamos los fines de semana y en las convivencias que hacíamos a Chaclacayo unas tertulias musicales que se intercalaban con las poesías de José Ramón; y a la hora del deporte no faltaba nunca un partido de volley o de fulbito. Excelentes años juveniles.

Así pasé mi adolescencia, con mis amigos, aprendiendo a ser mejor cada día. (P. Manuel Tamayo).

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