viernes, 30 de septiembre de 2022

 ELEGIR LA ENTREGA

“Elegir es seleccionar algo o a alguien con un cierto fin o para alcanzar un determinado objetivo” (Diccionario).

“Preferir a una persona, animal o cosa entre varias para un fin” (Diccionario).

“Entrega es persona, cosa o conjunto de cosas que se ponen en poder de otras” (Diccionario)  

“La entrega es un valor que llevamos a cabo esforzándonos al máximo para alcanzar nuestras metas, a través de nuestras capacidades y sentimientos” (Valores Humanos).

 

COMENTARIO

En los tiempos actuales se reclama mucho la libertad y el respeto a las decisiones personales. Se hace hincapié en la voluntad de querer y de elegir. Hay un rechazo a las presiones, nadie quiere sentirse obligado para tomar una decisión o hacer las cosas simplemente por cumplir sin que exista un querer verdadero.

Elegir confiando en el que sabe

Es bueno y saludable hacer las cosas queriéndolas de verdad, aunque nuestra capacidad de conocimiento no sea suficiente para entender los motivos de fondo.

Se puede desear algo aunque no se conozca bien. De hecho, cuando se elige una carrera son muy escasos los conocimientos que se tienen de la misma. Muchos se deciden porque les gusta lo que alguien cuenta sobre esa carrera, les parece interesante y basta eso para que la elijan; otros toman, en un curso de orientación vocacional, una batería de test para averiguar la capacidad que tienen para esa elección.

También se elige confiando en las personas buenas y en las que tienen una buena preparación. Los niños le preguntan a sus padres, los alumnos a sus maestros: Se elige al buen médico, al mejor mecánico, a la persona que está bien capacitada para un trabajo.

De todos modos, la elección debe ser personal. Cuando se elige libremente se asume también la responsabilidad que implica esa elección.

Los errores humanos y el perdón

A todos nos enseñan a ser responsable en nuestras elecciones, sin embargo, las equivocaciones son muchas y constantes.

Puede haber libertad en la elección y también se puede perder la libertad al elegir mal. Dice el refrán: “es de sabios rectificar”. De los errores se aprende cuando hay humildad y se admite la equivocación.

Las equivocaciones pueden tener consecuencias negativas para uno mismo y para los demás. La persona virtuosa también se equivoca, pero reconoce los errores y sabe pedir perdón. Las personas buenas piden perdón constantemente y tienen la voluntad de rectificar; en otras palabras: hay dolor por los errores (dolor de corazón) y ánimo de corregir (propósito de enmienda).

Se elige mal cuando falta rectitud de intención, y lo que se busca es el provecho personal o un negociado con complicidad. Es entonces cuando no se tienen en cuenta las virtudes y la honestidad de vida de las personas. Esas decisiones son deshonestas y propias de los corruptos.

Elegir la entrega

A lo largo de la historia hemos visto personas buenísimas que entregan su talento e incluso su vida por una causa noble. Tenemos el ejemplo de los héroes y de los santos. Son personas que no están pensando en su beneficio personal, sino en el bien de los demás, de su país o del mundo.

Una persona que se entrega, está dando lo mejor de sí para servir de verdad. La alegría y la libertad que conquistan es para todos los que se unen a esos ideales nobles, que exigen esfuerzo y sacrificio.

Los líderes de la honestidad y de la lealtad son los que están faltando en estos tiempos.

La corrupción generalizada ha contagiado a miles o millones en todo el mundo. Abundan personas con rabo de paja y no nos estamos refiriendo solo a las demandas o juicios, sino a la hoja de vida, a la trayectoria, a la conducta que tienen las 24 horas del día, también en sus hogares y en su vida privada.

El mundo necesita que se multiplique las personas que eligen entregarse y renunciar a sus éxitos personales por dar prioridad a una dedicación de servicio, para conseguir que la sociedad camine mejor y que todos puedan alcanzar las metas para vivir con dignidad y solvencia. (P. Manuel Tamayo).

jueves, 22 de septiembre de 2022

 OLAS QUE REVIENTAN Y REVUELCAN

“Precisamente por eso, urge repetir —no me meto en política, afirmo la doctrina de la Iglesia— que el marxismo es incompatible con la fe de Cristo” (San Josemaría en Amigos de Dios, n. 171).

“Convenceos, y suscitad en los demás el convencimiento, de que los cristianos hemos de navegar contra corriente. No os dejéis llevar por falsas ilusiones. Pensadlo bien: contra corriente anduvo Jesús, contra corriente fueron Pedro y los otros primeros, y cuantos —a lo largo de los siglos— han querido ser constantes discípulos del Maestro. Tened, pues, la firme persuasión de que no es la doctrina de Jesús la que se debe adaptar a los tiempos, sino que son los tiempos los que han de abrirse a la luz del Salvador”.  (San Josemaría Escrivá)

“Considerad que hay muy pocas voces que se alcen con valentía, para frenar esta disgregación No podemos dormirnos, ni tomarnos vacaciones, porque el diablo no tiene vacaciones nunca y ahora se demuestra bien activo. Satanás sigue su triste labor, incansable, induciendo al mal e invadiendo el mundo de indiferencia: de manera que muchas gentes que hubieran reaccionado, ya no reaccionan, se encogen de hombros o ni siquiera perciben la gravedad de la situación; poco a poco, se han ido acostumbrando” (San Josemaría Escrivá).

 

COMENTARIO

San Josemaría Escrivá decía el siglo pasado que existen tres olas que invaden el mundo, una ola roja de marxismo, otra de anticlericalismo malo y una tercera viscosa de suciedad e inmundicia.

Estas afirmaciones del “santo de lo ordinario” como lo calificaba el Papa San Juan Pablo II, se proyectan a los tiempos actuales y tienen una gran vigencia.

 La ola roja

El marxismo, que puede parecer trasnochado y anticuado, está presente en muchos países ocasionando catástrofes sociales como lo ha hecho siempre. Su origen no deja de ser diabólico por ser específicamente lo opuesto al catolicismo.

Si el catolicismo fomenta la unidad y el amor entre todos los hombres, el marxismo fomenta la lucha de clases, la violencia y el odio entre los seres humanos. Basta ver lo que ocurre donde se ha implantado el sistema marxista. Es una de las peores esclavitudes que llevan al hombre a ser un peón del Estado quitándole toda la libertad que pudiera tener.

La ola roja, que ha revolcado a muchos, impide el desarrollo y el progreso de los pueblos. En ningún lugar del mundo puede ser compatible el marxismo con un gobierno de autoridades idóneas y competentes. Con el marxismo todo es corrupción y crisis, y las personas quedan esclavizadas.

La ola negra

San Josemaría, cuando hablaba de la ola negra, se refería a un anticlericalismo malo, que consiste en el odio a la Iglesia, que ha existido en todas las épocas, y que algunas veces se ha vuelto más virulento, con prohibiciones, persecuciones y muertes.

También se refería a ideologías que van contra la moral cristiana y que se manifiestan a través de publicaciones: libros, revistas, artículos periodísticos, campañas mediáticas contra la Iglesia, documentales y películas contra las buenas costumbres o fomentando la violencia y el odio entre los hombres y la destrucción de la familia.

Es evidente que este anticlericalismo malo se percibe en algunos Estados, cuando las autoridades no respetan la libertad de culto y se percibe también en muchos programas políticos que fabrican leyes contra la vida y contra la libertad de las personas, para que las autoridades las promulguen y obliguen a las personas a vivir contra las leyes de Dios y de la Iglesia.

 La ola viscosa de inmundicia

Es la que se percibe en los desenfrenos de algunos festejos, donde hay exceso de licor y en algunos casos también de droga. Es cuando se escucha, y es algo frecuente, las violaciones sexuales en ambientes de violencia y de corrupción, y cuando vemos que crece la escalada de la pornografía, con pedófilos que infectan a los jóvenes imberbes, que se dejan arrastrar, cuando no tienen una buena formación moral y un sentido cristiano de la vida.

Es lamentable cuando se ven manifestaciones de personas desaliñadas que defienden el libertinaje sexual, incitando a vivir disolutamente, sin tener en cuenta los valores morales que protegen a las personas para no caer en los descalabros de corrupción, que están presentes en muchos sectores de la sociedad. Es penoso cuando en estos asuntos nadie dice nada y todo sigue igual o peor.

 Construir rompeolas

Cuando las olas amenazan destruir, se hace necesario construir de inmediato un rompeolas. Nuestra sociedad necesita una educación y una política para defender los valores humanos y cristianos y así poder impedir la corrupción de las personas en todos los aspectos de su vida.

La educación debe darse de acuerdo a una sana antropología del ser humano que ayude a erradicar todo lo que perjudica a la integridad de la persona y no la denigre. Una parte de la educación consiste en saber evitar lo malo, colocando un dique para que no llegue lo que perjudica.

El dique contra el mal lo debe poner cada uno con el esfuerzo personal para ser virtuoso, y así poder ayudar a los demás para su correcta realización.

Está claro que en una sociedad bien organizada, le correspondería a las autoridades colocar los diques para que lo malo no invada, perjudicando a las personas. Todos debemos sentirnos responsables para colaborar con la formación moral de las personas, (P. Manuel Tamayo).

 

 

jueves, 15 de septiembre de 2022

 PRESTIGIO Y GARANTÍA DE PERSONAS BUENAS

Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.  Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?  Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.  No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.  Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.  Así que, por sus frutos los conoceréis” (Luc. 6. 43 – 44).

“Se entiende por prestigio, la mayoría de las veces, lo mismo que por “buena reputación”, es deciruna valoración pública positiva, producto de la fama, la estima o los logros de una persona, un grupo de personas, una organización e incluso una nación. A estos, por lo tanto, se les dice que son prestigiosos o prestigiosas” (Diccionario).

Las buenas intenciones, la buena fe o la bondad como de verdad se demuestran es con hechos, y no con palabras; las buenas y bonitas palabras no bastan para acreditar unas supuestas buenas intenciones ni una supuesta buena fe o bondad, todo lo cual sólo queda verdaderamente acreditado mediante obras que demuestren sin lugar a dudas aquello de lo que se presume (de lo que se presume diciendo cosas que dan una apariencia de tener buenas intenciones, buena fe o bondad)”. (Marcelino Valero Alcaraz).

 

COMENTARIO

Para presentarse a un trabajo o a un cargo público las personas suelen presentar un curriculum vitae o una hoja de vida, según los casos. Estos documentos indican de forma sucinta los títulos, logros y experiencias del interesado. Todos los cv son positivos para resaltar las excelencias del que quiere lograr un puesto.

Al margen de esas presentaciones de rigor solicitadas como requisito para un contrato o para ser admitido a un cargo determinado, están los datos que se puedan recoger de personas allegadas o del prestigio que el solicitante tiene en su ámbito familiar, profesional o social.

 

Veracidad de los documentos

Todos los documentos de presentación deben ser objetivos y responder a la verdad para que, al que le toca escoger, lo haga de acuerdo a los méritos reales del solicitante. Este criterio debe prevalecer por el bien de todos.

 

Alteración y falsedad de los documentos

En una sociedad informal, donde es evidente la crisis de valores, los documentos que se presentan pueden estar fácilmente adulterados, o los que escogen al candidato lo hacen de acuerdo a sus preferencias, algunas veces por un grado de parentesco o de amistad y otras veces para pagar un favor, o porque hay un ofrecimiento que los beneficia.

Cuando los puestos se escogen de acuerdo a preferencias coyunturales, donde no cuenta la meritocracia sino, los favores, tarjetazos y coimas, entonces tendremos unos funcionarios o trabajadores de escaso nivel humano y profesional y con el tiempo de verán las consecuencias: conductas indecentes, desconocimiento de los temas, tráfico de influencias, robos, asaltos y hasta muertes.

Personas honestas e idóneas

Urge mejorar la selección de personas en todos los niveles de la sociedad. Las obras buenas serán consecuencia de las personas buenas.

Los buenos son los honrados, responsables, trabajadores, que no buscan su provecho personal y están dispuestos a sacrificarse por los demás para lograr el bien de todos y en todos los campos: espiritual y material.

Son personas honestas, leales y fieles, que luchan para tener un país unido, donde se trabaja para el progreso y desarrollo de todos.

Señalemos los buenos ejemplo de las personas que tienen un curriculum limpio, que refleje la calidad de su vida, por haber conquistado las virtudes necesarias para ser buenas personas y buenos profesionales.

No olvidemos lo que dice San Lucas en el Nuevo Testamento: “Todo árbol bueno da buenos frutos… por sus frutos los conoceréis” (Luc. 6, 43-44).  

Es deber de todos conocer a esas personas buenas, que están preparadas y son idóneas, para que ocupen los mejores puestos en nuestra sociedad, (P. Manuel Tamayo).

jueves, 8 de septiembre de 2022

 LA REVOLUCIÓN ES LA REVELACIÓN

“Revolución es usado como sinónimo de 'inquietud', 'revuelo' o 'alboroto' y por otro lado es usado como ‘cambio’, ‘renovación’ o ‘vanguardia’ y por ello su significado depende del lado en que se está de la historia de la revolución” (Diccionario).

“Revelación” es la denominación que se le da al acto de revelar, de volver claro y comprensible alguna cosa por medio de una comunicación. La palabra proviene del término latino revelatio que, etimológicamente, se refiere a la acción de “retirar el velo” a algo o a alguien y, así, revelar lo que anteriormente estaba escondido” (Diccionario).

“La Revelación divina es la experiencia de la adquisición de un conocimiento transmitido por Dios al hombre. Esta transmisión al hombre se da en una comunicación en la que Dios no comunica cosas, sino que comunica a sí mismo, y de allí la Teología utiliza la bella expresión: “auto-comunicación” de Dios, con la que perseguimos el misterioso contenido de la Revelación, que es el propio Dios” (Diccionario).

 

COMENTARIO

Cuando oímos la palabra “revolución” entendemos, en primera instancia, que hace referencia a un cambio total que puede estar como proyecto futuro de algo que todavía no se ha realizado, o se refiere a un suceso histórico, que se dio en un momento determinado, y que cambió las circunstancias de un determinado lugar o del mundo entero; piénsese por ejemplo en la revolución francesa.

En el mundo ha existido muchas revoluciones que han producido cambios significativos, algunas han sido muy violentas y cruentas, otras sin derramamiento de sangre, como cuando ocurrió la caída de la muralla de Berlín. Una revolución no es necesariamente una rebelión, es más bien una toma de conciencia, un acuerdo para que se produzca un cambio.

 

Cambios importantes que deben darse

Los líderes políticos suelen pregonar futuras revoluciones cuando ponen en evidencia los cambios que harían falta en una sociedad. Si miramos despacio en mundo de hoy, debemos advertir que hacen falta muchos cambios que podrían dar cabida a una revolución mundial.

La revolución más grande de la historia fue la que hizo con su llegada Nuestro Señor Jesucristo. Los cambios, hasta ahora, son significativos y están dirigidos a cada persona individual. Muchos cambios son conversiones que significan mejoras individuales como persona, al haber encontrado o reencontrado el sentido de fondo de la vida: la finalidad del ser humano en el mundo.

  

La Revelación motiva una revolución

En los tiempos actuales, es urgente volver a recordar, que la revolución que el mundo requiere está motivada en la Revelación que nos dejó Nuestro Señor Jesucristo y que la Iglesia conserva y enseña.

Si miramos lo que Cristo nos pide nos daremos cuenta que necesitamos cambiar. Para que se produzcan los cambios que la sociedad necesita, es urgente el cambio de cada persona.

Cristo llega a cada hombre y le pide dejar cosas para poder seguirlo a Él. Cuando le decimos que sí, descubrimos que se da un progreso significativo en nuestra vida. Se ha producido un cambio para ser mejores, que nos alegra muchísimo, porque es el descubrimiento de la libertad y de la felicidad.

Hoy más que nunca la sociedad necesita mirar a Cristo y vivir de acuerdo a sus enseñanzas. (P. Manuel Tamayo).