OLAS QUE REVIENTAN Y REVUELCAN
“Precisamente por eso, urge repetir —no me meto en política, afirmo la
doctrina de la Iglesia— que el marxismo es incompatible con la fe de Cristo” (San Josemaría en
Amigos de Dios, n. 171).
“Convenceos, y suscitad en los demás el convencimiento, de que los
cristianos hemos de navegar contra corriente. No os dejéis llevar por falsas
ilusiones. Pensadlo bien: contra corriente anduvo Jesús, contra corriente
fueron Pedro y los otros primeros, y cuantos —a lo largo de los siglos— han
querido ser constantes discípulos del Maestro. Tened, pues, la
firme persuasión de que no es la doctrina de Jesús la que se debe
adaptar a los tiempos, sino que son los tiempos los que han de abrirse a la luz
del Salvador”. (San Josemaría Escrivá)
“Considerad que hay muy pocas voces que se alcen con valentía, para
frenar esta disgregación. No podemos dormirnos,
ni tomarnos vacaciones, porque el diablo no tiene vacaciones nunca y ahora se
demuestra bien activo. Satanás sigue su triste labor, incansable, induciendo al
mal e invadiendo el mundo de indiferencia: de manera que muchas gentes que
hubieran reaccionado, ya no reaccionan, se encogen de hombros o ni siquiera
perciben la gravedad de la situación; poco a poco, se han ido acostumbrando” (San Josemaría Escrivá).
COMENTARIO
San Josemaría Escrivá decía el siglo pasado que existen tres olas que invaden el mundo, una ola roja de marxismo, otra de anticlericalismo malo y una tercera viscosa de suciedad e inmundicia.
Estas afirmaciones del “santo de
lo ordinario” como lo calificaba el Papa San Juan Pablo II, se proyectan a
los tiempos actuales y tienen una gran vigencia.
El marxismo, que puede parecer trasnochado
y anticuado, está presente en muchos países ocasionando catástrofes sociales
como lo ha hecho siempre. Su origen no deja de ser diabólico por ser
específicamente lo opuesto al catolicismo.
Si el catolicismo fomenta la unidad y el amor entre todos los hombres,
el marxismo fomenta la lucha de clases, la violencia y el odio entre los seres
humanos. Basta ver lo que ocurre donde se ha implantado el sistema marxista. Es
una de las peores esclavitudes que llevan al hombre a ser un peón del Estado
quitándole toda la libertad que pudiera tener.
La ola roja, que ha revolcado a
muchos, impide el desarrollo y el progreso de los pueblos. En ningún lugar
del mundo puede ser compatible el marxismo con un gobierno de autoridades
idóneas y competentes. Con el marxismo todo es corrupción y crisis, y las
personas quedan esclavizadas.
La ola negra
San Josemaría, cuando hablaba de la ola negra, se refería a un anticlericalismo
malo, que consiste en el odio a la Iglesia, que ha existido en todas las épocas,
y que algunas veces se ha vuelto más virulento, con prohibiciones,
persecuciones y muertes.
También se refería a ideologías que van contra la moral cristiana y que
se manifiestan a través de publicaciones: libros, revistas, artículos
periodísticos, campañas mediáticas contra la Iglesia, documentales y películas
contra las buenas costumbres o fomentando la violencia y el odio entre los
hombres y la destrucción de la familia.
Es evidente que este anticlericalismo malo se percibe en algunos Estados,
cuando las autoridades no respetan la libertad de culto y se percibe también en
muchos programas políticos que fabrican leyes contra la vida y contra la
libertad de las personas, para que las autoridades las promulguen y obliguen a
las personas a vivir contra las leyes de Dios y de la Iglesia.
Es la que se percibe en los desenfrenos de algunos festejos, donde hay
exceso de licor y en algunos casos también de droga. Es cuando se escucha, y es algo frecuente, las violaciones
sexuales en ambientes de violencia y de corrupción, y cuando vemos que crece la
escalada de la pornografía, con pedófilos que infectan a los jóvenes imberbes,
que se dejan arrastrar, cuando no tienen una buena formación moral y un sentido
cristiano de la vida.
Es lamentable cuando se ven manifestaciones de personas desaliñadas que
defienden el libertinaje sexual, incitando a vivir disolutamente, sin tener en
cuenta los valores morales que protegen a las personas para no caer en los
descalabros de corrupción, que están presentes en muchos sectores de la
sociedad. Es penoso cuando en estos asuntos nadie dice nada y todo sigue igual
o peor.
Cuando las olas amenazan destruir, se hace necesario construir de
inmediato un rompeolas. Nuestra sociedad necesita una educación y una política
para defender los valores humanos y cristianos y así poder impedir la
corrupción de las personas en todos los aspectos de su vida.
La educación debe darse de acuerdo a una sana antropología del ser
humano que ayude a erradicar todo lo que perjudica a la integridad de la
persona y no la denigre. Una parte de la educación consiste en saber evitar lo
malo, colocando un dique para que no llegue lo que perjudica.
El dique contra el mal lo debe poner cada uno con el esfuerzo personal
para ser virtuoso, y así poder ayudar a los demás para su correcta realización.
Está claro que en una sociedad bien organizada, le correspondería a las
autoridades colocar los diques para que lo malo no invada, perjudicando a las
personas. Todos debemos sentirnos responsables para colaborar con la formación
moral de las personas, (P. Manuel Tamayo).
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