INQUINA A LA LEALTAD
“La inquina es una aversión, repulsión,
oposición, tirria, encono, resentimiento,
aborrecimiento o animadversión, sentimiento negativo de la persona o un rechazo
que siente hacia alguien o algo por algún motivo o circunstancia, así mismo la mala voluntad o acción” (Diccionario).
“La lealtad es una virtud que consiste en la
obediencia de las normas de fidelidad, honor, gratitud y respeto por alguna
cosa o por alguien: una persona, gobierno, comunidad, etc.” (Diccionario).
“Lo opuesto a la
lealtad es la traición, falta que comete una persona en virtud
del incumplimiento de su palabra o infidelidad. La falta de lealtad describe a
una persona que engaña a sus compañeros, familiares, y expone su propia
honorabilidad” (Diccionario).
“La lealtad es un principio que básicamente
consiste en nunca darle la espalda a determinada persona o
grupo social que están unidos por lazos de amistad o
por alguna relación social, es decir, el cumplimiento de honor y gratitud,
la lealtad está más apegada a la relación en grupo. La lealtad es un
cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor” (Diccionario).
“La lealtad implica ciertos valores morales y éticos.
El valor de la lealtad radica en que una persona leal será respetada por el
otro y generará confianza plena. Sin lealtad no es posible entablar una amistad
o una relación a largo plazo” (Diccionario).
COMENTARIO
La lealtad es una virtud fundamentada en
valores éticos que compromete a las personas a ser fieles de corazón. La
persona leal actúa con honestidad y transparencia, no tiene doble discurso ni
doble vida, persevera en lo que ha quedado aunque encuentre muchos obstáculos y
dificultades. Se entiende que se compromete en causas nobles y apropiadas, que
respetan las normas morales de las actuaciones y de los fines que se pretende.
La lealtad va unida a la sinceridad y a la
alegría. Se disfruta con la verdad, que hace libre a la persona dándole una
gran paz, y la capacita para ser inquebrantable en los compromisos adquiridos.
Ser leal con un amigo es luchar para cultivar
la amistad y lograr que esta vaya creciendo de día en día. Un amigo es un
tesoro porque no da la espalda. El amigo es el que está siempre, en las buenas
y en las malas.
El amigo leal el que se preocupa que los
lazos de amistad estén siempre asentados en las virtudes y por lo tanto en un
deseo grande de que el otro sea bueno y honesto. El buen consejo del amigo se
agradece siempre.
Complicidad no es
lealtad
Cuando no se persigue el bien honesto la
lealtad pierde su esencia y se convierte en complicidad. No es lo mismo tener
un amigo que tener un cómplice. La complicidad se asienta en la mentira y en el
encubrimiento. Es una suerte de acuerdo para lograr un mutuo beneficio de una
manera impropia, con ocultamientos, trampas, o con una interpretación
incorrecta de las mismas leyes. La complicidad crea grupos en conflicto que
producen maltratos continuos, en cambio la amistad auténtica forma grupos
unidos donde las personas se tratan bien y se ponen de acuerdo.
La lealtad social
En las empresas, las instituciones y en la
misma organización política, la lealtad es imprescindible. Basada en los
valores morales crece la amistad entre los que se comprometen y no la rompen
nunca, siempre que se persigan unos valores nobles que mejoran a las personas.
Se pueden tener distintas opiniones o ideas pero todo fluye con el diálogo
sereno de quienes se valoran y respetan.
Por el contrario los cómplices juegan a ser
leales; sus promesas no tienen un buen fundamento porque están pensando en sus propias
ambiciones, presentan las cosas como si fueran los que “tienen la razón” y al mismo tiempo buscan culpables para
justificar sus argumentos y conductas. Son los grandes engañadores. Los hay en
los ambientes domésticos, en las instituciones y en la política. Hoy abundan y
son legión.
Vivimos en el país de los trásfugas y de los
traidores. Han expulsado a la lealtad de sus vidas. No quieren oír hablar de
virtudes y de valores porque les da tirria.
Hoy, los que han roto sus compromisos, familiares, laborales, políticos, se
presentan como los grandes héroes, como los adalides
de los tiempos actuales.
Ellos son los que han roto las leyes morales
y califican de retrógrados y homofóbicos a los que respetan las buenas
costumbres y los compromisos de una auténtica lealtad.
Hay una inquina mundial hacia la lealtad.
Está de moda ser traidor, se fomenta romper los compromisos y no comprometerse
más. Se piensa que la libertad es ausencia de compromisos.
El ataque a las
leyes
Las personas que atacan las leyes morales y
viven como si estas no existieran, harán trizas a las otras leyes o reglamentos
humanos. Buscarán antes que nada su propia conveniencia.
Cuando se pierde el respeto a la ley se
pierde también el respeto a las personas y el ser humano se animaliza. La
persona brutalizada patea siempre el
tablero, quiere arreglar las cosas a caballazos
y termina incendiando la pradera. No
se da cuenta que está tirando un boomerang,
que en poco tiempo caerá sobre él para hundirlo. La inmoralidad tiene la
capacidad de hacer imbéciles a los
seres humanos, incluso a los que se consideran más inteligentes.
Estamos viendo lo que está ocurriendo. Ya no
hay tiempo para escandalizarse, es necesario poner los medios adecuados para
recuperar las virtudes. El día en que la educación coja las riendas habremos
comenzado a cambiar (P. Manuel Tamayo)
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