ACTITUDES Y SILENCIOS MALOS DEL ENVIDIOSO
“La envidia es un sentimiento de tristeza o
enojo que experimenta la persona que no tiene o desearía tener para sí sola
algo que otra posee, (Diccionario).
“La envidia podría definirse como una emoción
compuesta por sentimientos de inferioridad, hostilidad y resentimiento
resultantes de la toma de conciencia de que otra persona o grupo posee un
atributo personalmente ambicionado” (Manual
Latinoamericano de salud).
“El envidioso pone en marcha
estrategias en defensa de la envidia: el disimulo, la afectación de
indiferencia, la conspiración del silencio, la ironía, el sarcasmo y la burla…Todas
estas las estrategias tienen el objetivo de anular el efecto negativo de la
confrontación, rebajar el valor o a quien lo encarna; se funda en la mentira y
en la mala fe. La envidia tiene esta característica: ser antes que nada, un
secreto”.(op. cit)
“Esta emoción
suele darse con relación a personas muy cercanas y las cualidades de estas
personas a las que se envidia, son objeto de crítica o murmuración; por lo que
en personas envidiosas puede ser frecuente la mentira, la sospecha, la intriga
y el oportunismo. La persona envidiosa tiende a aislarse de los demás o al
menos tiene dificultades de relación social, su mirada actúa en términos de
comparación y esto le hace sentirse angustiada” (op cit).
“Si la envidia es intensa puede crear
ansiedad, trastornos del apetito, del sueño y diversas alteraciones. Incide
también en la actitud hacia la vida moldeando unas formas de estar en relación
con los otros, que van desde convertirse en eterna víctima, hasta la adopción
de una postura defensiva que se traduce en modos irónicos, altaneros, fríos y
distantes e incluso de menosprecio hacia los demás. Estas personas no logran
estar nunca satisfechas consigo mismas, su vida está plagada de la angustia por
tener lo que es generalmente imposible (Manuel Latinoamericano de salud).
COMENTARIO
Cuando el envidioso
se acerca algunas veces se muestra obsequioso, otras veces nervioso y otras
misterioso. Estudia las posibles reacciones de su interlocutor antes de
plantear algo. Está preparado como para abundar en razones y así alejarse del
riesgo de perder. Le duele que sus consideraciones no se tomen en cuenta.
Al envidioso no le
gusta hablar de los éxitos del que es objeto de su envidia. Si sale a relucir
el tema procurará torearlo o hará un comentario burlón, haciéndose el gracioso,
para pasar rápido la página. Le fastidia que se hable bien de esa persona que
envidia o que tengan en cuenta sus trabajos. No los valorará y pensará que
tienen muchas deficiencias y que no deben tenerse en cuenta. Con terceros
hablará de otros temas.
La injusticia del envidioso
El que es envidiado
recibe esos desplantes del envidioso que son una falta de caridad y de justicia.
El envidioso se
agarra de las leyes, los reglamentos y las normas como mecanismo de defensa y
afirma, además se lo cree, que su
conducta es la correcta cuando señala que él siempre cumple, en cambio el otro
es el que se sale de los parámetros.
El envidioso siempre
está protestando porque los demás hacen mal las cosas y quiere ir él a resolver
los asuntos porque piensa que no hay otro que lo haga mejor. Está convencido
que su gestión es la correcta.
Los destrozos del amor propio
La envidia y la
soberbia son unas hermanas que no ven ni
aceptan la realidad, quieren construir con su criterio unos andamiajes estructurales para sustentar
sus actitudes. Van por la vida metidos en unos escenarios que “les favorecen” y
quieren pasar a todos por el aro de unos parámetros que los presentan como ley irrevocable.
Es penoso ver al
envidioso metido en su mundillo
cerrado y limitado, temeroso de ser herido por el éxito y las obras de los
demás. No resulta fácil sacarlo de esa triste realidad. A las personas hay que
prevenirlas antes de que caigan en ese penoso pecado. Educarlas para que
quieran y admiren los éxitos de los demás, sobre todo de los que están más
cerca o viven con él. (P. Manuel Tamayo).
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