LA PRESUNCIÓN DEL SAPO
La ignorancia es una
Pandemia muy peligrosa
“Soy un sapo tan hermoso y el mejor de todos
los animales del mundo, nadie me iguala
cantando, nadie se resiste a mi belleza, ni a mi inteligencia, soy un sapo tan
fino que todo puede, y no necesita a nadie, pero todos necesitan de mi, ¡soy lo
máximo!”. Salía el sapo por la pista orgulloso de todas sus cualidades y de
pronto pasó un auto y lo mató” (Fábulas para
niños).
“Todos,
en alguna medida, somos ignorantes. Aunque podemos ser expertos en alguna
materia, no tenemos el conocimiento de todo. Cuando los más ignorantes se
empoderan (o los empoderamos) se permiten «opinar» y «argumentar», sin datos, sobre
temas que han sido discutidos, documentados, acordados y probados. Por su
parte, los menos ignorantes dudan; parafraseando a Sócrates reconocen que lo
único que saben es que no saben nada; que en algunos temas no cuentan con datos
y aceptan que es mejor escuchar porque alguien los tendrá, sin datos eres solo
otra persona con una opinión” (José Antonio
López).
“Muchas veces se escucha
a una persona hablar sobre un tema del que no sabe absolutamente nada. Por el
contrario, los que realmente saben
sobre algo tienden a quedarse callados…”, (Cristina Roda Rivera).
“El primer paso de la ignorancia es presumir de
saber”. (Baltasar
Gracián).
“No
hay espectáculo más terrible que la ignorancia en acción”.
(Johann
W. Goethe).
COMENTARIO
En
una época de crisis la foto de la ignorancia es más nítida, es casi como una “resonancia magnética” que nos hace ver
la extensión de este gran mal en los distintos ambientes de la sociedad,
desde la gente que se dice culta y con
experiencia, hasta el que vive en circunstancias tristes y calamitosas.
Como
en otras ocasiones los que más hablan, salvo
muy pocas honrosas excepciones, son los que menos saben y además lo hacen
con afirmaciones categóricas, citando fuentes dudosas como si fueran seguras o
apoyándose en conjeturas tejidas por personas que no tienen una suficiente
preparación. Las peroratas de los charlatanes pueden convencer a los incautos,
que también abundan cuando no se ha salido de la ignorancia.
El engaño de la presunción
Otra
manifestación de ignorancia la encontramos en el hombre presumido que piensa
que es suficientemente fuerte, que a él no le va a pasar nada y que todas las
medidas de prevención que se toman son exageradas.
Los
hay también quienes no quieren escuchar y viven como si no se hubiera dicho
nada, y como no están al tanto de las noticias, no tienen conciencia de lo que
realmente está pasando; esta falta de interés es consecuencia de la ignorancia
y de la falta de amor, que se da incluso en personas que se dicen cultas: ¨no me interesa nada, son exageraciones…”
La ignorancia en los tiempos de coronavirus
La
ignorancia la vemos en las multitudes que se juntan en época de pandemia cuando
el contagio es muy fácil y rápido. La temeridad o falta de miedo es también
consecuencia de la ignorancia, como la de un niño que está jugando con fuego o
al borde de un precipicio.
Lo
del sapo de la fábula se está dando en todos los ambientes de nuestro país,
gente que sale como si no pasara nada y gente que organiza salidas sin pensar
en estrategias eficaces para que la gente no se junte con la gente.
La soberbia ciega
La
soberbia hace presuntuoso al hombre. Esa misma persona que afirma con certeza
“teorías” que ha leído o ha escuchado en fuentes que no han sido debidamente
comprobadas, luego es informal y descuidado en su modo de proceder y termina
siendo un peligro para él y para los demás.
Los
buenos moralistas nos enseñaban que la ignorancia es el peor de los males y nos
decían: “del pecado de ignorancia el
demonio saca ganancia”
Es
muy penoso ver que nuestro país no ha salido de la ignorancia y eso nos va a
costar muy caro, ahora en vidas humanas y después en una crisis de educación
mucho más fuerte que la económica.
El
día que la educación ocupe, de verdad,
el primer lugar en las prioridades de un país, recién en ese momento
empezaremos a salir de la crisis. Hay que entender que no se puede funcionar
con personas ignorantes. Nada serio se puede hacer si no se enfrenta primero a
la ignorancia. (P. Manuel Tamayo)
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