LA JUSTICIA, LA
VINDICACIÓN Y EL PERDÓN
“La justicia es el principio moral que
inclina a obrar y juzgar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le
corresponde” (Diccionario).
“La justicia es
la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y
al prójimo lo que les es debido. La justicia para con Dios es llamada “la
virtud de la religión”. Para con los hombres, la justicia dispone a respetar
los derechos de cada uno y a establecer en las relaciones humanas la armonía que
promueve la equidad respecto a las personas y al bien común”, (Catecismo de la Doctrina
Católica).
“Vindicar en el derecho es el acto o el
efecto de recuperar algo que se pertenece. Deriva del
latín vindicatio que ya era definido por el derecho romano como
la reclamación de un derecho o cosa”. (Diccionario).
“El
argumento del plan de Dios nos enseña que Dios vindica, Él da una segunda
oportunidad para que nos levantemos aunque hayamos caído a lo más bajo. Dios
permite que pasen muchas cosas en nuestras vidas, a veces de dolor, vergüenza,
y fracaso para enseñarnos a vivir con lealtad y temor aun cuando las cosas que
nos vienen no tienen sentido. Dios siempre tiene una segunda oportunidad, solo
que es necesario aprender la lección. En otras palabras, todos tenemos una
segunda oportunidad. Solo que hay un costo que pagar por los errores que
cometemos” (Luis Gómez).
“Perdonar
no es una especie de amnistía, indulto o condonación…no es el ejercicio de una
autoridad…eso podría ser quitar la pena pero no es el acto de perdonar…no es
tampoco reconciliarse…no es solo una obligación. El perdón si no es libre no es
perdón. El perdón es personal…perdonar es amar…” (Javier Schlatter, Heridas del corazón, pp
115-116).
“El
perdón va más allá de lo que exige la estricta justicia. No anula el derecho,
sino que lo excede….puedo perdonar a una persona que me ha hecho un daño y
exigir, a la vez, que se haga justicia y cumpla su condena, si es el caso. Es
más, si no tengo en cuenta la justicia, no valoraré la carga objetiva del daño
realizado, lo que puede dificultar o imposibilitar que le perdone; el dolor
podría perpetuarse precisamente si se renuncia a la justicia” (Javier
Schlatter, Heridas del corazón, pp. 111-112).
“Solo
con la llegada del cristianismo apareció el perdón. La vida y la doctrina de
Jesús introdujo en la historia un elemento nuevo y sorprendente: el perdón en
un sentido radical” …El perdón no elimina la justicia, cuenta con ella y la
sobrepasa (Javier Schatter, Heridas del corazón p 175-176).
“El que esté libre de pecado que lance la
primera piedra” (Juan, 8).
COMENTARIO
La
virtud de la justicia es la constante voluntad de darle a cada uno lo suyo; la
conmutativa es la que tenemos con nuestros iguales, la legal es el deber de
cumplir con las leyes y la distributiva es la que le corresponde a las
autoridades con respecto a los súbditos.
Es
importante tener en cuenta que la justicia es una virtud y ésta es propia de la
persona, si es que ha logrado ese hábito. Se dice que una persona es justa
cuando es buena porque tiene el hábito de darle a cada uno lo que le
corresponde. Al que es realmente justo se le admira porque se esfuerza en ser
equitativo con todos y no engaña ni hace trampas. De las personas que tenemos
al lado podemos saber quién es realmente justo.
Si no hay amor no hay nada
La
justicia es una virtud universal, es para todas las personas. Para enseñar la
justicia es necesaria la caridad porque la justicia a secas sin caridad se
convierte fácilmente en injusticia; porque el hombre sin amor se llena de
torpeza y es fácil que hiera, atropelle, y se equivoque cuando quiera corregir.
El
ser humano debe darse cuenta que tiene obligación de amar y por lo tanto debe
capacidad para amar las 24 horas del día. No sabe amar el que hace acepción de
personas. La justicia adquiere su sentido cuando surge de un corazón bueno que
ama con orden.
Dentro
de la jerarquía que existe en un corazón ordenado está la justicia. La justicia
de la persona buena que sabe darle a cada uno lo suyo, y sabe que con la justa vindicación
podría incluir un castigo, o la
aplicación de una pena, para recuperar lo que se había perdido. La
recuperación incluye a la persona que cometió el pecado o el delito, aunque
esto último dependa de la intención de la persona acusada.
La autoridad debe amar para poder juzgar
Las
autoridad que ejercen la administración de justicia tienen el deber de tener un
orden en su corazón, si no podrían cometer graves injusticias.
El
amor de la autoridad debe ser muy grande para tratar con extrema delicadeza a
la persona que se equivocó o que cometió un delito y que se encuentra con
respecto a la autoridad en inferioridad de condiciones. Nunca se debe maltratar
a nadie y menos desde una situación de poder o autoridad hacia otro que se
encuentra querellado.
Una
persona puede sufrir por un error que cometió, por una situación difícil por la
que debe pasar, o porque debe cumplir con una condena para que se realice la
vindicación; pero no debería sufrir por los insultos o adjetivos despectivos de
una autoridad altanera.
El
odio siempre es malo. Le corresponde a cada uno examinar su propio corazón, ser
“salvajemente sincero” consigo mismo, para ver lo que tiene dentro y pedir
ayuda para extraer lo que impide tratar bien a las personas.
La
mala intención es deplorable, quien la posee, sea quien sea, tiene un veneno mortal que debería eliminar cuanto
antes para no causar estragos y desazones en las relaciones humanas.
La ayuda de Dios
Es
necesario limpiar habitualmente la interioridad con la ayuda del sacramento del
perdón que Jesucristo instituyó. Dios al perdonar cura y levanta. Se adquiere
una salud espiritual de gran nivel que ayuda a entender y comprender mejor a
las personas, no para tolerarlas sino para amarlas.
El
que no entiende el perdón, que debería
estar presente siempre en la vida, cae habitualmente en la ley del Talión,
que es anticristiana, “ojo por ojo y
diente por diente”.
El
que ha perdido el sentido cristiano de la vida exige de un modo vehemente la no
impunidad y piensa que el perdón no tiene nada que ver en los asuntos jurídicos,
sin embargo no tiene empacho en “utilizar” la ley para los enemigos y para los
amigos la “epiqueya” y entonces se dedicará a esconder o archivar las pruebas de
los “amigos” esperando que prescriban. Hoy las canalladas de los zamarros están
a la orden del día.
La
calidad de una persona está en su capacidad de perdonar. Una persona que está
dispuesta siempre a perdonar, tiene calidad de vida.
Lo
más alto de la virtud de la caridad es la comprensión y se puede decir que solo
entiende y comprende el que sabe amar de verdad. Los demás tienen cerrados los
ojos esclavizados por su propio voluntarismo, que muchas veces consiste en la
terquedad de un rechazo por un odio que no se quiere reconocer, al contrario,
se le quiere dignificar con la ayuda de un consenso colectivo, duro y amenazante, de una sociedad en
crisis. El que pueda entender que entienda (P. Manuel Tamayo).
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