miércoles, 14 de noviembre de 2018


LAS BAJEZAS DE LA RUDEZA

“Es rudo quien actúa de una manera rústica, con brutalidad. La rudeza se vincula a un excesivo uso de la fuerza. Algunas veces es necesaria como en el caso de la policía para atrapar a un delincuente que quiere huir. La rudeza también puede ser verbal cuando alguien se excede dirigiendo gritos e insultos a su interlocutor, o habla de una manera agresiva o grosera, usando todo tipo de adjetivos o malas palabras, como si no pasara nada” (Diccionario)
“La palabrota que ensucia la lengua termina por ensuciar el espíritu. Quien habla como un patán, terminará por pensar como un patán y por obrar como un patán. Hay una estrecha e indisoluble relación entre la palabra, el pensamiento y la acción. No se puede pensar limpiamente, ni ejecutar con honradez lo que se expresa en los peores términos soeces ... Es la palabra lo que crea el clima del pensamiento y las condiciones de la acción”. (Arturo Uslar PietriLa lengua sucia.)


COMENTARIO

Cuando las personas que tienen más de 50 años dicen: “¡cómo han cambiado los tiempos!”, suelen expresar una preocupación o un dolor grande por lo que están viendo hoy y que antes no se veía.

Es verdad que hay progresos admirables en los campos de la tecnología, en las ciencias y en las artes. Encontramos también gente muy buena y valiosa en todos los países y ciudades, vemos en la juventud un potencial maravilloso que da esperanza en un futuro más promisorio, sin embargo nadie puede negar que nos encontramos en una situación de crisis moral que está afectando gravemente a las familias y a la felicidad de las personas.


La infausta rudeza humana
Una pequeña muestra de los desarreglos sociales lo encontramos en la rudeza de las personas que causan maltratos y conducen a una violencia descarnada que clama al cielo. Desde los atropellos del tráfico en los desplazamientos diarios hasta la falta total de seguridad en muchos barrios dominados por la delincuencia. Las personas llamadas tradicionalmente de mal vivir se han multiplicado en todos los ambientes sociales. Se convierten en esclavos con sus propios desordenes y ponen en peligro a los demás.

En estos tiempos no es difícil encontrar personas peligrosas en el propio hogar o entre los parientes, cercanos o lejanos, que causan violencias dañando la estabilidad y libertad de los ambientes familiares.
Otros son peligrosos en determinados barrios, o en sus propios trabajos. Muchas calles y carreteras se han convertido en lugares de asalto. Es fácil encontrarse con delincuentes en cualquier lugar y a cualquier hora, o con una manifestación callejera de gente que protesta de una manera amenazante causando disturbios, como puede ocurrir cuando las barras bravas de los eventos deportivos salen a las calles.

Se ha perdido la confianza en la policía, en las fuerzas armadas, en las autoridades, en los negociantes, en el taxista, en el periodista, en los abogados, en los jueces y fiscales, en los profesores, en los partidos políticos, en las instituciones.

Se han visto tantas cosas que claman al cielo, que hoy nadie cree en nadie.

La desconfianza que se ha generado es como un cáncer en metástasis, y sin embargo tenemos que reconocer que nadie puede caminar bien por la vida con miedo y desconfianza.


La confianza da paz
Dentro del hogar familiar, en los ambientes laborales, en las calles y en los parques urge un clima de paz donde reine la confianza entre todos.

Los padres deben confiar en sus hijos, los hijos en sus padres, los maestros en los alumnos y los alumnos de sus maestros, hay que confiar en el farmacéutico, en el panadero, en el taxista, en el médico, en el piloto de avión, en los semáforos, en el policía y en todas las autoridades que están para que haya orden y armonía. Ellos deben ser ejemplo de trato amable y respetuoso, que tanta falta hace en nuestra sociedad.

Es urgente eliminar la rudeza, que se ha generalizado en todos los niveles de la sociedad como un mecanismo de defensa contra la agresividad. La gente se defiende para que no los ataquen, por precaución se está poniendo el “parche antes de la herida”, como si fuera efectivo el manido dicho: “piensa mal y acertarás”

Es verdad que hoy es prudente y urgente ser realista pero no pesimista. El optimismo no es de los románticos que cierran los ojos para decir que todo está bien y enfrascarse en amores platónicos con sueños ingenuos que nunca se cumplirán. Por desgracia hoy continúan combatientes que “gastan balas en batallas perdidas”

El optimismo es de las personas que saben amar y que por lo tanto se encuentran cercanas a las personas. Se confía en el que puede, en el que tiene sentido común y convence con su vida y sus palabras.

El que no ama se refugia, vive de las apariencias, se apoya en sistemas y a la larga suele caer en el torbellino de los desórdenes sociales que lo llevan a la soledad. Antes de esa derrota estuvo dando manotazos de ahogado buscando una patente de corzo para justificar sus ataques, vivía disparando tiros porque pensaba que así se podría salvar. “El que no vive como debe ser, termina pensando cómo vive”.

Si el hombre sigue las corrientes del consenso motivadas por la dirección que marca el poder mediático actual, la sociedad entera se animalizará más,  y al final terminará en manos de los peores. Ya lo estamos viendo en algunos países. Es entonces cuando decimos: “¡están pasando cosas increíbles que nunca antes habíamos visto!”

Empecemos por algo que podría parecer una bicoca: tratar bien a los demás, aunque nos cueste esfuerzo.

No se trata de diplomacias, tampoco de tolerancias, es necesario amar de verdad y saber querer a los demás con sus defectos. “Si no lo quieres con sus defectos, no lo quieres” (San Josemaría Escrivá) (P. Manuel Tamayo)

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