LAS BAJEZAS DE LA RUDEZA
“Es rudo quien
actúa de una manera rústica, con brutalidad. La rudeza se vincula a un excesivo
uso de la fuerza. Algunas veces es necesaria como en el caso de la policía para
atrapar a un delincuente que quiere huir. La rudeza también puede ser verbal cuando
alguien se excede dirigiendo gritos e insultos a su interlocutor, o habla de
una manera agresiva o grosera, usando todo tipo de adjetivos o malas palabras,
como si no pasara nada” (Diccionario)
“La
palabrota que ensucia la lengua termina por ensuciar el espíritu. Quien habla
como un patán, terminará por pensar como un patán y por obrar como un patán.
Hay una estrecha e indisoluble relación entre la palabra, el pensamiento y la
acción. No se puede pensar limpiamente, ni ejecutar con honradez lo que se expresa
en los peores términos soeces ... Es la palabra lo que crea el clima del
pensamiento y las condiciones de la acción”. (Arturo Uslar Pietri, La lengua sucia.)
COMENTARIO
Cuando las personas
que tienen más de 50 años dicen: “¡cómo
han cambiado los tiempos!”, suelen expresar una preocupación o un dolor
grande por lo que están viendo hoy y que antes no se veía.
Es verdad que hay
progresos admirables en los campos de la tecnología, en las ciencias y en las
artes. Encontramos también gente muy buena y valiosa en todos los países y
ciudades, vemos en la juventud un potencial maravilloso que da esperanza en un
futuro más promisorio, sin embargo nadie puede negar que nos encontramos en una
situación de crisis moral que está afectando gravemente a las familias y a la felicidad
de las personas.
La infausta rudeza humana
Una pequeña muestra
de los desarreglos sociales lo encontramos en la rudeza de las personas que
causan maltratos y conducen a una violencia descarnada que clama al cielo.
Desde los atropellos del tráfico en los desplazamientos diarios hasta la falta
total de seguridad en muchos barrios dominados por la delincuencia. Las
personas llamadas tradicionalmente de mal
vivir se han multiplicado en todos los ambientes sociales. Se convierten en
esclavos con sus propios desordenes y ponen en peligro a los demás.
En estos tiempos no
es difícil encontrar personas peligrosas en el propio hogar o entre los
parientes, cercanos o lejanos, que
causan violencias dañando la estabilidad y libertad de los ambientes familiares.
Otros son
peligrosos en determinados barrios, o en sus propios trabajos. Muchas calles y carreteras
se han convertido en lugares de asalto. Es fácil encontrarse con delincuentes
en cualquier lugar y a cualquier hora, o con una manifestación callejera de
gente que protesta de una manera amenazante causando disturbios, como puede
ocurrir cuando las barras bravas de los eventos deportivos salen a las calles.
Se ha perdido la
confianza en la policía, en las fuerzas armadas, en las autoridades, en los
negociantes, en el taxista, en el periodista, en los abogados, en los jueces y
fiscales, en los profesores, en los partidos políticos, en las instituciones.
Se han visto tantas
cosas que claman al cielo, que hoy nadie cree en nadie.
La desconfianza que
se ha generado es como un cáncer en metástasis, y sin embargo tenemos que
reconocer que nadie puede caminar bien por la vida con miedo y desconfianza.
La confianza da paz
Dentro del hogar familiar,
en los ambientes laborales, en las calles y en los parques urge un clima de paz
donde reine la confianza entre todos.
Los padres deben
confiar en sus hijos, los hijos en sus padres, los maestros en los alumnos y
los alumnos de sus maestros, hay que confiar en el farmacéutico, en el
panadero, en el taxista, en el médico, en el piloto de avión, en los semáforos,
en el policía y en todas las autoridades que están para que haya orden y
armonía. Ellos deben ser ejemplo de trato amable y respetuoso, que tanta falta
hace en nuestra sociedad.
Es urgente eliminar
la rudeza, que se ha generalizado en todos los niveles de la sociedad como un
mecanismo de defensa contra la agresividad. La gente se defiende para que no los
ataquen, por precaución se está poniendo el “parche
antes de la herida”, como si fuera efectivo el manido dicho: “piensa mal y acertarás”
Es verdad que hoy
es prudente y urgente ser realista pero no pesimista. El optimismo no es de los
románticos que cierran los ojos para
decir que todo está bien y enfrascarse en amores platónicos con sueños ingenuos
que nunca se cumplirán. Por desgracia hoy continúan combatientes que “gastan balas en batallas perdidas”
El optimismo es de
las personas que saben amar y que por lo tanto se encuentran cercanas a las
personas. Se confía en el que puede, en el que tiene sentido común y convence
con su vida y sus palabras.
El que no ama se
refugia, vive de las apariencias, se apoya en sistemas y a la larga suele caer
en el torbellino de los desórdenes sociales que lo llevan a la soledad. Antes
de esa derrota estuvo dando manotazos de
ahogado buscando una patente de corzo
para justificar sus ataques, vivía disparando tiros porque pensaba que así
se podría salvar. “El que no vive como
debe ser, termina pensando cómo vive”.
Si el hombre sigue
las corrientes del consenso motivadas
por la dirección que marca el poder mediático actual, la sociedad entera se
animalizará más, y al final terminará en
manos de los peores. Ya lo estamos viendo en algunos países. Es entonces cuando
decimos: “¡están pasando cosas increíbles
que nunca antes habíamos visto!”
Empecemos por algo
que podría parecer una bicoca: tratar
bien a los demás, aunque nos cueste esfuerzo.
No se trata de
diplomacias, tampoco de tolerancias, es necesario amar de verdad y saber querer
a los demás con sus defectos. “Si no lo quieres con sus defectos, no lo
quieres” (San Josemaría Escrivá) (P. Manuel Tamayo)
No hay comentarios:
Publicar un comentario