LAS REFORMAS DEL RESENTIMIENTO Y LA VENGANZA
“El resentimiento es un sentimiento persistente
de disgusto o enfado hacia alguien por considerarlo causante de cierta ofensa o
daño sufrido y que se manifiesta en palabras o actos hostiles” (Diccionario).
“La
venganza es
una reprimenda que
se ejerce sobre una persona o un grupo de ellas, por una acción que es
percibida como mala o dañina. El sujeto que se siente afectado decide vengarse
y concreta una especie de reparación por
el daño. La venganza supone una compensación por el agravio recibido” (Diccionario).
“Muchas veces se entiende como venganza (en un distorsionado sentido) como
sinónimo de justicia” (Diccionario).
“En cuanto a la
venganza, el cristiano va más allá de la lógica de devolver el mal recibido…se
sitúa en la lógica del amor que lleva a amar a los enemigos…La justicia
realmente entendida constituye por así decirlo la finalidad del perdón” (San Juan Pablo II)
“Cuando en un
ambiente social no se perdona, el agredido libera su ira y mitiga su dolor
mediante la devolución del daño recibido. Y la experiencia dice que estas
dinámicas originan una espiral interminable de agresiones y de violencia.
Frente a la libertad que supone el hecho de perdonar, como acto humano, en la
venganza lo normal es dejarse llevar por las pasiones con poco o nulo uso de la
libertad. Es una conducta más cercana al reino animal que al racional. (Javier Schlatter, Heridas del
corazón, p. 35).
COMENTARIO
En muchos ámbitos
del mundo actual estamos viendo que las reformas que se están dando han tenido
su punto de partida en hondos resentimientos humanos de los mismos reformadores.
Los resentimientos
pueden tener su origen en la propia historia del reformador que por algún
suceso del pasado ha quedado herido y ha esperado el momento de tener poder
para vengarse.
Puede ser que
algunas reformas sean aceptables y ayuden a que las cosas cambien, sin embargo
los sentimientos de venganza son también semillas de odio contra personas o
instituciones.
Si pasa el tiempo y
el odio no persiste se vería que los juicios y las decisiones que se tomaron
fueron demasiado exageradas y que no era lo que se necesitaba para que las
cosas vayan mejor. Otras veces el odio continúa y entonces se genera una
confusión general con muchas escaramuzas hasta en que llega la guerra total.
Si hay algo de
veneno en el reformador, aunque sea en
una pequeña dosis, eso termina dañando a la corta o a la larga, a todas las
personas implicadas, incluso al mismo reformador.
Los resentimientos
pueden aparecer por asuntos reales (una
injusticia por ejemplo) o por una falsa, y egoísta, percepción de la realidad, que origina envidias: “no me tienen en cuenta” “no saben lo que
valgo” “no me quieren escuchar” “se han olvidado de mi”, etc.
Darle vueltas a razonadas egoístas aumenta las iras y los
resentimientos que podrían permanecer durante años en la interioridad de los
reformadores. Son heridas que no han sido curadas y que causarán pequeñas o
grandes injusticias.
La persona herida
puede estar esperando la oportunidad de estar “arriba” o de tener poder para
vengarse, “conforme a ley”, dibujando
una imagen de corrección y honradez. Para poder hacerlo ha tenido que exagerar
los males que motivarían la reforma, callando u ocultando todo lo que pudo ser
positivo.
Al pueblo también
se le puede motivar para que se sienta herido y proteste. Las campañas
mediáticas en todo el mundo, disfrazando
motivaciones sanas, han utilizado a la “opinión pública”, cuantas veces se
han enseñado estadísticas, manipuladas y
mentirosas, (algunas veces
compradas), para que todo el mundo piense como ellos.
Podría haber en una
sociedad entera un sentimiento colectivo de resentimiento motivada por
reformadores resentidos que buscan el apoyo del pueblo para curar sus heridas y
sentirse los adalides de una reforma que la historia va a reconocer.
Estos
resentimientos colectivos motivados por campañas negativas, fomentan también el
odio que da lugar a decisiones radicales para que nunca salga bien parado, y
nunca se perdone, a quien es cuestionado por las “mayorías” por un error o un
delito que cometió.
Las campañas
negativas de odio están a la orden del día, son las que generan divisiones y
peleas donde predomina el insulto y la desaprobación. Cuando se les ve parece
el conflicto de unas bandas de delincuentes. ¿serán tan malos los que quieren
ser los mejores para que todo mejore? ¿o se trata de un conjunto de malos que
quieren aprovecharse de la sensibilidad del pueblo para sus beneficios
egoístas? Las encuestas o los medios de comunicación ¿están manejados por gente
buena y honesta?
El pandemonio
organizado por los contubernios contemporáneos que se han multiplicado,
animaliza las relaciones humanas, solo falta que a cada uno le den una pistola
y empiecen nuevamente los duelos. Parece que va a llegar la hora de promulgar
la ley del revolver y llegue el Sheriff bueno que lo arregla todo matando a los
malos, como dice un viejo refrán: “muerto
el perro se acabó la rabia”
Desde luego que a
esa situación no debemos llegar, el camino nunca será la violencia. Habría que
extender en el Perú y en el mundo la filosofía del perdón. Es lo que vino a
traer Jesucristo con la ley del amor. Qué esperamos. Volvamos otra vez a la
vida cristiana, que es lo que está faltando. Nos hemos olvidado de Dios y
queremos resolver los problemas. San Juan Pablo II cuando vino al Perú nos dijo
claramente: “un humanismo sin Dios va
contra el hombre” y eso es lo que estamos viendo. (P. Manuel Tamayo)
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