jueves, 25 de octubre de 2018


LAS REFORMAS DEL RESENTIMIENTO Y LA VENGANZA

“El resentimiento es un sentimiento persistente de disgusto o enfado hacia alguien por considerarlo causante de cierta ofensa o daño sufrido y que se manifiesta en palabras o actos hostiles” (Diccionario).

La venganza es una reprimenda que se ejerce sobre una persona o un grupo de ellas, por una acción que es percibida como mala o dañina. El sujeto que se siente afectado decide vengarse y concreta una especie de reparación por el daño. La venganza supone una compensación por el agravio recibido” (Diccionario).

“Muchas veces se entiende como venganza (en un distorsionado sentido) como sinónimo de justicia(Diccionario).

“En cuanto a la venganza, el cristiano va más allá de la lógica de devolver el mal recibido…se sitúa en la lógica del amor que lleva a amar a los enemigos…La justicia realmente entendida constituye por así decirlo la finalidad del perdón” (San Juan Pablo II)

“Cuando en un ambiente social no se perdona, el agredido libera su ira y mitiga su dolor mediante la devolución del daño recibido. Y la experiencia dice que estas dinámicas originan una espiral interminable de agresiones y de violencia. Frente a la libertad que supone el hecho de perdonar, como acto humano, en la venganza lo normal es dejarse llevar por las pasiones con poco o nulo uso de la libertad. Es una conducta más cercana al reino animal que al racional. (Javier Schlatter, Heridas del corazón, p. 35).


COMENTARIO

En muchos ámbitos del mundo actual estamos viendo que las reformas que se están dando han tenido su punto de partida en hondos resentimientos humanos de los mismos reformadores.

Los resentimientos pueden tener su origen en la propia historia del reformador que por algún suceso del pasado ha quedado herido y ha esperado el momento de tener poder para vengarse. 

Puede ser que algunas reformas sean aceptables y ayuden a que las cosas cambien, sin embargo los sentimientos de venganza son también semillas de odio contra personas o instituciones.

Si pasa el tiempo y el odio no persiste se vería que los juicios y las decisiones que se tomaron fueron demasiado exageradas y que no era lo que se necesitaba para que las cosas vayan mejor. Otras veces el odio continúa y entonces se genera una confusión general con muchas escaramuzas hasta en que llega la guerra total.

Si hay algo de veneno en el reformador, aunque sea en una pequeña dosis, eso termina dañando a la corta o a la larga, a todas las personas implicadas, incluso al mismo reformador.

Los resentimientos pueden aparecer por asuntos reales (una injusticia por ejemplo) o por una falsa, y egoísta, percepción de la realidad, que origina envidias: “no me tienen en cuenta” “no saben lo que valgo” “no me quieren escuchar” “se han olvidado de mi”, etc.

 Darle vueltas a razonadas egoístas aumenta las iras y los resentimientos que podrían permanecer durante años en la interioridad de los reformadores. Son heridas que no han sido curadas y que causarán pequeñas o grandes injusticias.

La persona herida puede estar esperando la oportunidad de estar “arriba” o de tener poder para vengarse, “conforme a ley”, dibujando una imagen de corrección y honradez. Para poder hacerlo ha tenido que exagerar los males que motivarían la reforma, callando u ocultando todo lo que pudo ser positivo.

Al pueblo también se le puede motivar para que se sienta herido y proteste. Las campañas mediáticas en todo el mundo, disfrazando motivaciones sanas, han utilizado a la “opinión pública”, cuantas veces se han enseñado estadísticas, manipuladas y mentirosas, (algunas veces compradas), para que todo el mundo piense como ellos.

Podría haber en una sociedad entera un sentimiento colectivo de resentimiento motivada por reformadores resentidos que buscan el apoyo del pueblo para curar sus heridas y sentirse los adalides de una reforma que la historia va a reconocer.

Estos resentimientos colectivos motivados por campañas negativas, fomentan también el odio que da lugar a decisiones radicales para que nunca salga bien parado, y nunca se perdone, a quien es cuestionado por las “mayorías” por un error o un delito que cometió.

Las campañas negativas de odio están a la orden del día, son las que generan divisiones y peleas donde predomina el insulto y la desaprobación. Cuando se les ve parece el conflicto de unas bandas de delincuentes. ¿serán tan malos los que quieren ser los mejores para que todo mejore? ¿o se trata de un conjunto de malos que quieren aprovecharse de la sensibilidad del pueblo para sus beneficios egoístas? Las encuestas o los medios de comunicación ¿están manejados por gente buena y honesta?

El pandemonio organizado por los contubernios contemporáneos que se han multiplicado, animaliza las relaciones humanas, solo falta que a cada uno le den una pistola y empiecen nuevamente los duelos. Parece que va a llegar la hora de promulgar la ley del revolver y llegue el Sheriff bueno que lo arregla todo matando a los malos, como dice un viejo refrán: “muerto el perro se acabó la rabia”

Desde luego que a esa situación no debemos llegar, el camino nunca será la violencia. Habría que extender en el Perú y en el mundo la filosofía del perdón. Es lo que vino a traer Jesucristo con la ley del amor. Qué esperamos. Volvamos otra vez a la vida cristiana, que es lo que está faltando. Nos hemos olvidado de Dios y queremos resolver los problemas. San Juan Pablo II cuando vino al Perú nos dijo claramente: “un humanismo sin Dios va contra el hombre” y eso es lo que estamos viendo. (P. Manuel Tamayo)

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