lunes, 18 de febrero de 2019


LA AMISTAD CON LOS HIJOS

“Entre padres e hijos puede haber una verdadera amistad – una amistad que, siendo real, no es evidentemente igual a la que tienen con los compañeros en la escuela…  Dedicar a los hijos tiempo de calidad, lleno de un real interés por sus cosas: proyectos, sueños, éxitos y fracasos¡Pocas cosas unen tanto a los padres y a los hijos como jugar juntos! En este clima de juego se genera un ambiente de amistad en el que surge espontáneamente una profunda confianza. Y los hijos captan por osmosis una verdad fundamental de su vida: “Papá y mamá son los que más me quieren.(Aleteia)

“No es camino acertado, para la educación, la imposición autoritaria y violenta. El ideal de los padres se concreta más bien en llegar a ser amigos de sus hijos: amigos a los que se confían las inquietudes, con quienes se consultan los problemas, de los que se espera una ayuda eficaz y amable” (San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa).


COMENTARIO

El papá amigo debe ser bueno y no el “amigote” del hijo. No se trata de una amistad de complicidad, sino de auténtico cariño paternal.

El cariño paternal es la conjugación del ejercicio de la libertad con la oportunidad de dar el consejo oportuno para que el hijo sea lo que debe ser. El padre que quiere al hijo respeta los modos de ser del hijo y orienta las decisiones que va tomando a lo largo de su vida, todo lo hará con mucho cariño. Un buen padre no es meloso, destaca más bien por la inteligencia que el hijo lo admira.


La amistad de la mamá
La mamá amiga, en algunas familias, suele ser la intermediaria o la intercesora, usada por los hijos para conseguir los permisos o autorizaciones del papá, sin embargo la auténtica amistad de la mamá es un derroche de fortaleza, ella es la que lleva el peso, tiene paciencia y se da por entero, con un amor incondicional a sus hijos.

La entrega de la buena madre no es una suerte de facilismo para el hijo. El hijo no debe encontrar en la mamá una servidora para sus propios caprichos. El hijo encuentra en la buena mamá, la comprensión, el consuelo y la exigencia, todo eso a través de un derroche de amor sincero y sencillo que no busca paga y da sin escatimar.


El amor entre el papá y la mamá es la mejor entrega para los hijos
El amor de los padres a los hijos no consiste darles todo y que no les falte nada, esto sería más bien un error, que a la larga trae serias dificultades para la formación de las virtudes.

Darse a los hijos implica amarse los papás entre ellos, con la indispensable ayuda del amor a Dios. No hay nada que ordene tanto la vida de una persona como el amor a Dios. La relación humana más importante para la familia, (la de los esposos), la enriquecen con el amor que cada uno le tiene a Dios.

Cuando los hijos ven que sus padres rezan de verdad, con una profunda piedad, y sin decir nada, los chicos aprenden y quisieran ser como sus padres. Disfrutan y sienten seguridad cuando perciben que sus padres aman a Dios y se quieren mucho entre ellos.


El tiempo dedicado a los hijos
Toda amistad se cultiva. En la relación padre hijo le toca a los padres poner los medios para que se de esa amistad. Los hijos deben tener prioridad, son antes que los negocios y que el trabajo.

Al hijo le encanta que sus padres le hagan caso y que se interesen por sus juegos y aventuras. Los padres deben jugar con los hijos y no pensar que ellos ya no tienen que estar en esos ambientes infantiles. La amistad nace de esa relación constante de los padres en el mundo de los niños.


Confianza en los hijos
Más tarde cuando el chico llega a la pubertad debe encontrar que sus padres confían plenamente en él.

Lamentablemente hoy muchos padres no se fían de sus hijos y están continuamente advirtiéndoles de los peligros y reclamándoles una buena conducta.

Los padres que se quejan continuamente de los hijos, siembran en ellos, sin querer, una insatisfacción que los alejará, porque no quieren oír los “sermones”, están cansados y aburridos.

En esas situaciones de tira y afloja, se generan distancias que son difíciles de recuperar, luego se acostumbran a estar a distancia, o a no conversar con sus padres y solo lo hacen para dar cuenta de algunas cosas necesarias para subsistir: dinero, calificaciones, posibles trabajos, etc.

Estar cercanos y ser amigos de los hijos no es estar sobre los hijos imponiendo criterios o recordando reglas. Es más bien tener una gran capacidad de comprensión para no hacer escándalo por las barrabasadas que puedan cometer ellos en momentos inesperados.

Frente a una dificultad los padres no deben reaccionar de un modo primario, con ira y nerviosismo, deben tener paciencia y esperar para aconsejar en el momento oportuno, sin dejar que prenda una discusión inútil, que podría dejar en ellos heridas difíciles de curar.

La amistad con los hijos está al alcance de todos los padres (P. Manuel Tamayo)

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