LA AMISTAD CON LOS HIJOS
“Entre
padres e hijos puede haber una verdadera amistad – una amistad que, siendo
real, no es evidentemente igual a la que tienen con los compañeros en la
escuela… Dedicar a los hijos tiempo de calidad, lleno de
un real interés por sus cosas: proyectos, sueños, éxitos y fracasos… ¡Pocas
cosas unen tanto a los padres y a los hijos como jugar juntos! En este clima de
juego se genera un ambiente de amistad en el que surge espontáneamente una
profunda confianza. Y los hijos captan por osmosis una verdad fundamental de su
vida: “Papá y mamá son los que más me quieren.” (Aleteia)
“No es camino acertado, para
la educación, la imposición autoritaria y violenta. El ideal de los padres se
concreta más bien en llegar a ser amigos de sus hijos: amigos a los que se
confían las inquietudes, con quienes se consultan los problemas, de los que se
espera una ayuda eficaz y amable” (San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa).
COMENTARIO
El papá amigo debe ser bueno
y no el “amigote” del hijo. No se trata de una amistad de complicidad, sino de
auténtico cariño paternal.
El cariño paternal es la
conjugación del ejercicio de la libertad con la oportunidad de dar el consejo
oportuno para que el hijo sea lo que debe ser. El padre que quiere al hijo
respeta los modos de ser del hijo y orienta las decisiones que va tomando a lo
largo de su vida, todo lo hará con mucho cariño. Un buen padre no es meloso,
destaca más bien por la inteligencia que el hijo lo admira.
La amistad de la mamá
La mamá amiga, en algunas familias, suele ser la intermediaria o la intercesora,
usada por los hijos para conseguir los permisos o autorizaciones del papá, sin
embargo la auténtica amistad de la mamá es un derroche de fortaleza, ella es la
que lleva el peso, tiene paciencia y se da por entero, con un amor
incondicional a sus hijos.
La entrega de la buena madre
no es una suerte de facilismo para el hijo. El hijo no debe encontrar en la
mamá una servidora para sus propios caprichos. El hijo encuentra en
la buena mamá, la comprensión, el consuelo y la exigencia, todo eso a través de
un derroche de amor sincero y sencillo que no busca paga y da sin escatimar.
El amor entre el papá y la mamá es la mejor entrega
para los hijos
El amor de los padres a los
hijos no consiste darles todo y que no les falte nada, esto sería más bien un
error, que a la larga trae serias dificultades para la formación de las
virtudes.
Darse a los hijos implica
amarse los papás entre ellos, con la indispensable ayuda del amor a Dios. No
hay nada que ordene tanto la vida de una persona como el amor a Dios. La
relación humana más importante para la familia, (la de los esposos), la enriquecen con el amor
que cada uno le tiene a Dios.
Cuando los hijos ven que sus
padres rezan de verdad, con una profunda piedad, y sin decir nada, los chicos aprenden y
quisieran ser como sus padres. Disfrutan y sienten seguridad cuando perciben
que sus padres aman a Dios y se quieren mucho entre ellos.
El tiempo dedicado a los hijos
Toda amistad se cultiva. En
la relación padre hijo le toca a los padres poner los medios para que se de esa
amistad. Los hijos deben tener prioridad, son antes que los negocios y que el
trabajo.
Al hijo le encanta que sus
padres le hagan caso y que se interesen por sus juegos y aventuras. Los padres
deben jugar con los hijos y no pensar que ellos ya no tienen que estar en esos
ambientes infantiles. La amistad nace de esa relación constante de los padres
en el mundo de los niños.
Confianza en los hijos
Más tarde cuando el chico
llega a la pubertad debe encontrar que sus padres confían plenamente en él.
Lamentablemente hoy muchos
padres no se fían de sus hijos y están continuamente advirtiéndoles de los
peligros y reclamándoles una buena conducta.
Los padres que se quejan
continuamente de los hijos, siembran en ellos, sin querer, una insatisfacción que los alejará, porque no
quieren oír los “sermones”, están cansados y aburridos.
En esas situaciones de tira y afloja, se generan distancias que son difíciles de
recuperar, luego se acostumbran a estar a distancia, o a no conversar con sus
padres y solo lo hacen para dar cuenta de algunas cosas necesarias para
subsistir: dinero,
calificaciones, posibles trabajos, etc.
Estar cercanos y ser amigos
de los hijos no es estar sobre los hijos imponiendo criterios o recordando
reglas. Es más bien tener una gran capacidad de comprensión para no hacer
escándalo por las barrabasadas que puedan cometer ellos en
momentos inesperados.
Frente a una dificultad los
padres no deben reaccionar de un modo primario, con ira y nerviosismo, deben tener paciencia
y esperar para aconsejar en el momento oportuno, sin dejar que prenda una
discusión inútil, que podría dejar en ellos heridas difíciles de curar.
La amistad con los hijos
está al alcance de todos los padres (P. Manuel Tamayo)
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