PARADOJAS SOBRE LA FAMILIA
“La armonía familiar puede ser el reflejo de la armonía del Cielo” (Cardenal Robert Sarah,
“Dios o nada”, p 351).
“La situación en la que se haya la familia presenta aspectos
positivos y aspectos negativos: signo, los unos, de la salvación de Cristo
operante en el mundo; signo los otros, del rechazo que el hombre opone al amor
de Dios. En efecto, por una parte existe una conciencia más viva de la libertad
personal y una mayor atención a la calidad de las relaciones interpersonales en
el matrimonio, a la promoción de la dignidad de la mujer, a la procreación
responsable, a la educación de los hijos; se tiene además conciencia de la
necesidad de desarrollar relaciones entre familias, en orden a una ayuda
recíproca espiritual y material, al conocimiento de la misión eclesial propia
de la familia, a su responsabilidad en la construcción de una sociedad más
justa. Por otra parte, no faltan signos de preocupante degradación de algunos
valores fundamentales: una equivocada concepción teórica y práctica de la
independencia de los cónyuges entre sí; las graves ambigüedades acerca de la
relación de autoridad entre padres e hijos; las dificultades concretas que con
frecuencia experimenta la familia en la transmisión de los valores; el número
cada vez mayor de divorcios, la plaga del aborto, el recurso cada vez más
frecuente a la esterilización, la instauración de una verdadera y propia
mentalidad anticoncepcional” (San Juan Paulo II, “Familiaris
Consortio”)
COMENTARIO
Hoy se habla
mucho del hombre y su relación con el mundo y su entorno familiar. Sin embargo,
en los últimos tiempos, la familia ha sufrido los ataques más agresivos de la historia
orquestados por los mismos hombres que se sienten liberales y con derechos de
autonomía absoluta. En aras de una aparente libertad se han roto muchos hogares
y el hombre se ha quedado esclavizado por un voluntarismo que busca crear “verdades”
con lo que está mal hecho y hasta corrompido. Quiere imponer una “libertad”
independiente de los valores morales y por supuesto no lo consigue. Se mete en
un laberinto donde a la larga se queda solo y degradado. (P.
Manuel Tamayo)
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