viernes, 13 de mayo de 2016

PARADOJAS SOBRE LA FAMILIA

“La armonía familiar puede ser el reflejo de la armonía del Cielo”  (Cardenal Robert Sarah, “Dios o nada”, p 351).
“La situación en la que se haya la familia presenta aspectos positivos y aspectos negativos: signo, los unos, de la salvación de Cristo operante en el mundo; signo los otros, del rechazo que el hombre opone al amor de Dios. En efecto, por una parte existe una conciencia más viva de la libertad personal y una mayor atención a la calidad de las relaciones interpersonales en el matrimonio, a la promoción de la dignidad de la mujer, a la procreación responsable, a la educación de los hijos; se tiene además conciencia de la necesidad de desarrollar relaciones entre familias, en orden a una ayuda recíproca espiritual y material, al conocimiento de la misión eclesial propia de la familia, a su responsabilidad en la construcción de una sociedad más justa. Por otra parte, no faltan signos de preocupante degradación de algunos valores fundamentales: una equivocada concepción teórica y práctica de la independencia de los cónyuges entre sí; las graves ambigüedades acerca de la relación de autoridad entre padres e hijos; las dificultades concretas que con frecuencia experimenta la familia en la transmisión de los valores; el número cada vez mayor de divorcios, la plaga del aborto, el recurso cada vez más frecuente a la esterilización, la instauración de una verdadera y propia mentalidad anticoncepcional”  (San Juan Paulo II, “Familiaris Consortio”)

COMENTARIO

Hoy se habla mucho del hombre y su relación con el mundo y su entorno familiar. Sin embargo, en los últimos tiempos, la familia ha sufrido los ataques más agresivos de la historia orquestados por los mismos hombres que se sienten liberales y con derechos de autonomía absoluta. En aras de una aparente libertad se han roto muchos hogares y el hombre se ha quedado esclavizado por un voluntarismo que busca crear “verdades” con lo que está mal hecho y hasta corrompido. Quiere imponer una “libertad” independiente de los valores morales y por supuesto no lo consigue. Se mete en un laberinto donde a la larga se queda solo y degradado.  (P. Manuel Tamayo)  

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