miércoles, 4 de abril de 2018


EL CULPABLE  (II)

“El hombre ha nacido con el pecado original. Esta idea se fundamenta en la desobediencia de Adán al incumplir el mandato de Dios con respecto a la fruta prohibida. De esta manera, el hombre tiene una inclinación natural hacia el pecado, lo que produce un sentimiento de culpabilidad muy presente. Las personas viven situaciones en las que se consideran culpables por algún motivo: porque han hecho algo indebido, porque se sienten responsables de sus acciones o por unas convicciones religiosas y morales que le hacen sentir mal en relación con su conducta” (Definiciones,abc).

“Todos hemos pecado, y una de las consecuencias del pecado es la culpa. Podemos estar agradecidos por los sentimientos de culpa, porque éstos nos llevan a buscar el perdón. Al momento en que una persona se vuelve del pecado para poner su fe en Jesucristo, su pecado le es perdonado. El arrepentimiento es parte de la fe que conduce a la salvación” (Mateo 3:24:17Hechos 3:19).

“En Cristo, aún los pecados más viles son purificados (ver en 1 Corintios 6:9-11 la lista de hechos perversos que son perdonados). La salvación es por gracia, y la gracia perdona. Aún después de que una persona es salva, cometerá pecados. Cuando lo hace, Dios aún promete el perdón. “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” (1 Juan 2:1)”.


COMENTARIO

“¡Es culpable!”  se oye decir al juez al terminar un juicio donde el acusado es sentenciado a unos años de prisión por los delitos que se le imputan. La reacción del acusado y de su familia suele ser de lamento e indignación, salvo algunas pocas excepciones. En esas situaciones lo que realmente cuesta saber es si la sentencia fue justa, porque muchas veces en la historia se ha condenado a un inocente. Eso ocurrió con Jesucristo y por eso se dice que “justos pagan por pecadores”

“¡Soy culpable!” dice la persona humilde que reconoce con sinceridad sus errores y miserias, sin dejarse llevar por la cobardía de una mentira para ocultar las faltas que no quisiera enseñar.  Se dice que el diablo quita la vergüenza para pecar y la devuelve cuando se trata de decir la verdad. La persona que reconoce sus errores tiene una gran categoría humana, “es de sabios rectificar”.

El que no quiere reconocer sus errores y manipula para esconderlos no saldrá de la mediocridad, y su ridículo orgullo lo llevará al cinismo de la hipocresía, donde muchos, que son legión, viven una vida falsa y vacía autoproclamándose “santos moralizadores”, como si todo se pudiera arreglar con un fuerte voluntarismo personal.

Si queremos que en la sociedad a todos se les considere inocentes mientras no se demuestre lo contrario, cada uno debe considerarse culpable de los errores que comete y de las ofensas que causan esos errores a Dios y al prójimo, es entonces cuando aprenderá a comprender y a perdonar a los demás, tal como lo hizo y lo hace Jesucristo.

Cuando Jesús en la última cena anuncia que uno de ellos lo iba a traicionar, todos se creían culpables y dicen en voz alta: “¿seré yo?”  Este es el sentimiento correcto de toda buena persona: saber que es pecador y capaz de cometer los peores pecados. El que se siente inmune, si no es un niño pequeño, es un sinvergüenza; no hay otra palabra para expresarlo mejor. (P. Manuel Tamayo).
*continuará la próxima semana

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