EL CULPABLE (II)
“El
hombre ha nacido con el pecado original. Esta idea se fundamenta en la
desobediencia de Adán al incumplir el mandato de Dios con respecto a la fruta
prohibida. De esta manera, el hombre tiene una inclinación natural hacia el
pecado, lo que produce un sentimiento de culpabilidad muy presente. Las personas viven situaciones
en las que se consideran culpables por algún motivo: porque han hecho algo
indebido, porque se sienten responsables de sus acciones o por unas
convicciones religiosas y morales que le hacen sentir mal en relación con su
conducta” (Definiciones,abc).
“Todos
hemos pecado, y una de las consecuencias del pecado es la culpa. Podemos estar
agradecidos por los sentimientos de culpa, porque éstos nos llevan a buscar el perdón.
Al momento en que una persona se vuelve del pecado para poner su fe en
Jesucristo, su pecado le es perdonado. El arrepentimiento es parte de la fe que
conduce a la salvación” (Mateo 3:2; 4:17; Hechos 3:19).
“En
Cristo, aún los pecados más viles son purificados (ver en 1 Corintios
6:9-11 la lista de hechos perversos
que son perdonados). La salvación es por gracia, y la gracia perdona. Aún
después de que una persona es salva, cometerá pecados. Cuando lo hace, Dios aún
promete el perdón. “Hijitos míos, estas
cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado
tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” (1 Juan 2:1)”.
COMENTARIO
“¡Es
culpable!” se oye decir al juez al terminar un juicio
donde el acusado es sentenciado a unos años de prisión por los delitos que se
le imputan. La reacción del acusado y de su familia suele ser de lamento e
indignación, salvo algunas pocas excepciones. En esas situaciones lo que
realmente cuesta saber es si la sentencia fue justa, porque muchas veces en la
historia se ha condenado a un inocente. Eso ocurrió con Jesucristo y por eso se
dice que “justos pagan por pecadores”
“¡Soy
culpable!” dice
la persona humilde que reconoce con sinceridad sus errores y miserias, sin
dejarse llevar por la cobardía de una mentira para ocultar las faltas que no
quisiera enseñar. Se dice que el diablo
quita la vergüenza para pecar y la devuelve cuando se trata de decir la verdad.
La persona que reconoce sus errores tiene una gran categoría humana, “es de sabios rectificar”.
El
que no quiere reconocer sus errores y manipula para esconderlos no saldrá de la
mediocridad, y su ridículo orgullo lo llevará al cinismo de la hipocresía,
donde muchos, que son legión, viven
una vida falsa y vacía autoproclamándose “santos
moralizadores”, como si todo se pudiera arreglar con un fuerte voluntarismo
personal.
Si
queremos que en la sociedad a todos se les considere inocentes mientras no se
demuestre lo contrario, cada uno debe considerarse culpable de los errores que
comete y de las ofensas que causan esos errores a Dios y al prójimo, es
entonces cuando aprenderá a comprender y a perdonar a los demás, tal como lo
hizo y lo hace Jesucristo.
Cuando
Jesús en la última cena anuncia que uno de ellos lo iba a traicionar, todos se
creían culpables y dicen en voz alta: “¿seré yo?”
Este es el sentimiento correcto de toda buena persona: saber que
es pecador y capaz de cometer los peores pecados. El que se siente inmune, si no es un niño pequeño, es un
sinvergüenza; no hay otra palabra para expresarlo mejor. (P. Manuel
Tamayo).
*continuará
la próxima semana
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