EL SENTIDO DE LA CULPA, I
“De acuerdo, has obrado mal por debilidad.
—Pero no entiendo cómo no reaccionas con clara conciencia: no puedes hacer
cosas malas, y decir —o pensar— que son santas, o que carecen de importancia”. (San Josemaría Escrivá, Forja n:164)
“Cuando tenemos turbia la vista, cuando los
ojos pierden claridad, necesitamos ir a la luz. Y Jesucristo nos ha dicho que Él
es la Luz del mundo y que ha venido a curar a los enfermos. —Por eso, que tus
enfermedades, tus caídas —si el Señor las permite—, no te aparten de Cristo:
¡que te acerquen a El!” (San Josemaría Escrivá, Forja n:158)
“Todos
cometemos errores, absolutamente todos. Un niño ha de aprender lo que
está mal y como hacer las cosas bien. Abusar del sentimiento de culpa es
negativo, recriminar y autocastigar a alguien por algo que hizo puede llevar a
esa persona a sentir una tortura psicológica” (Vid: psicología de la culpabilidad).
“El punto de partida para dejar de echarle
la culpa a los demás es quitarnos la comodidad del cuerpo y comenzar a aceptar cuando nos equivocamos. Es necesario
dejar que los demás nos corrijan, sacarnos de encima las
capas de esa gran coraza que se llama orgullo, y sobre todo, ser sinceros con nosotros
mismos, primero, para luego con el resto de las personas. Errar es humano, y no
solo eso, sino que es también aprendizaje. Asumir los errores es aprender de ellos, y eso
nos permitirá crecer como personas. Pero también nos ayudará a comprender
a los demás cuando comentan fallos y a perdonarlos si nos han afectado de algún
modo. Al final, no es más que una forma de madurar y de hacernos con el control
de nuestra vida” (vid: La mente
es maravillosa).
COMENTARIO
En una época donde predomina el relativismo, la
moral de las personas puede sufrir un desequilibrio. Para una gran mayoría,
sobre todo los más jóvenes, que han
vivido años sumergidos en ambientes relativistas, es fácil que exista un
grave problema de conciencia, que no es percibido por ellos.
Cuando la conciencia no es exigida (porque hay una conducta relativista arraigada), pierde su fuerza y
capacidad, entra en un estado de laxitud,
no reacciona, hay un adormilamiento y una incapacidad para percibir la realidad.
Esta es una gran dificultad que es consecuencia
de la ignorancia (falta de conocimiento
con un acostumbramiento a vivir de un modo desordenado). La persona que se
encuentra en esta situación no entiende una explicación lógica y coherente con
argumentos verdaderos; le parece que es un discurso de rigor que lo podría
aceptar íntegro, pero sin comprender nada; puede decir que sí para no quedar mal
o no contristar a quien le aconseja, además sus reacciones son puramente
sentimentales que no suelen responder a ninguna lógica.
La sorpresa del
educador
El educador que tiene una conciencia verdadera,
cuando descubre esta triste realidad,
se encuentra con un muro que parece impenetrable. Antes de descubrirlo creía
con su lógica coherente que todo estaba caminando bien, porque además las
formas y las costumbres existentes pintaban una “realidad” que parecía verdad.
La gente que ha tenido una tradición cristiana
suele vivir unas costumbres cristianas, pero puede ser que ese acostumbramiento no tenga nada que ver con
la moral y con la rectitud de vida (se observa una
deformación grave de la conciencia).
El cáncer de la
informalidad
En los
ámbitos relativistas de una sociedad “criolla” e informal, se puede
percibir claramente una suerte de convivencia entre una vida real bastante
desarreglada y una vida “espiritual” de formas marcada por un excesivo
sentimentalismo. Se puede ver bonita la uniformidad de unas formas o de un
sentimiento colectivo, pero cuando se va al fondo, (si es que se va.
Algunos no van nunca y siguen igual de in modo ingenuo e irresponsable), no se encuentran
cimientos, solo hay estructuras efímeras que no tienen consistencia ni
duración. Es por eso que el consejo coherente del buen criterio, respaldado por la lógica, no tiene
ninguna fuerza si no existe una auténtica amistad previa.
El ocuparse de la multitud o de la organización
de actividades generales para formar a la gente puede quitar espacios para un
trato personal que es mucho más eficaz. En una casa, la presencia de los padres
para educar a los hijos es fundamental, no basta organizarles la vida para que
asistan al colegio, a unas clases, a unas actividades deportivas, etc. Los padres
deben estar al lado. Cualquiera que quiera formar a alguien debe estar al lado,
acompañando, y conociendo las circunstancias reales de las personas. A través
de los papeles o de una oficina no se conoce a las personas y se cometen muchos
errores.
La prioridad de la
amistad personal
El que es amigo entiende y dice las cosas de
una manera diferente al teórico que quiere arreglar las cosas con el discurso
que trae en su cabeza, o a través del “funcionamiento” de algunos sistemas.
Los papás, los educadores o cualquier persona
que quiera formar a alguien debe ser antes amigo. El amor de amistad con la
ayuda indispensable de la virtud infusa de la caridad, que incluye, desde
luego, la misericordia y el perdón, son esenciales para lograr dar pasos reales
en la formación de las personas.
No es fácil ser amigo de todos, sin embargo,
hoy -¡hay que decirlo a
gritos!-, se
llega mucho más lejos en la formación de las personas cuando hay amistad
personal con todas las personas que se pueda, luego éstas harán lo mismo y así,
de ese modo se crece.
El Papa Francisco le dice a los sacerdotes que “dejen esas prédicas interminables y
aburridas que no dicen nada….” y que sepan más bien “el nombre y el apellido de cada persona y hasta el nombre del perro de
cada familia” San Josemaría nos
decía que el Señor era tan bueno que nos llamaba hasta por el apelativo
familiar. Es Jesucristo el mejor maestro del amor que tenemos y Él nos dice: amaos los unos a los otros como yo os he
amado”
Jesucristo viene para librarnos del pecado. A
cada uno le toca reconocer sus pecados para ser curado por Dios. La falta de
reconocimiento del pecado propio es grave y tiene un influjo negativo en la
sociedad. Cuando los hombres no reconocen sus pecados se echan la culpa unos a
otros y se arman grandes batallas que no terminan nunca.
Urge pedirle a Dios luces para ver nuestro
pecado personal, reconocerlo y pedir perdón. Solo así podremos comprender a los
demás y ayudarlos a que hagan lo mismo.
El relativismo y la informalidad son enemigos sociales,
hay que derrotarlos si queremos salir de los conflictos y de las crisis en que
nos encontramos (P. Manuel Tamayo)
*Continuará el mismo tema la siguiente semana.
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