miércoles, 28 de marzo de 2018


EL SENTIDO DE LA CULPA,   I

“De acuerdo, has obrado mal por debilidad. —Pero no entiendo cómo no reaccionas con clara conciencia: no puedes hacer cosas malas, y decir —o pensar— que son santas, o que carecen de importancia”. (San Josemaría Escrivá, Forja n:164)

“Cuando tenemos turbia la vista, cuando los ojos pierden claridad, necesitamos ir a la luz. Y Jesucristo nos ha dicho que Él es la Luz del mundo y que ha venido a curar a los enfermos. —Por eso, que tus enfermedades, tus caídas —si el Señor las permite—, no te aparten de Cristo: ¡que te acerquen a El!”  (San Josemaría Escrivá, Forja n:158)

“Todos cometemos errores, absolutamente todos. Un niño ha de aprender lo que está mal y como hacer las cosas bien. Abusar del sentimiento de culpa es negativo, recriminar y autocastigar a alguien por algo que hizo puede llevar a esa persona a sentir una tortura psicológica” (Vid: psicología de la culpabilidad).

“El punto de partida para dejar de echarle la culpa a los demás es quitarnos la comodidad del cuerpo y comenzar a aceptar cuando nos equivocamos. Es necesario dejar que los demás nos corrijan, sacarnos de encima las capas de esa gran coraza que se llama orgullo, y sobre todo, ser sinceros con nosotros mismos, primero, para luego con el resto de las personas. Errar es humano, y no solo eso, sino que es también aprendizaje. Asumir los errores es aprender de ellos, y eso nos permitirá crecer como personas. Pero también nos ayudará a comprender a los demás cuando comentan fallos y a perdonarlos si nos han afectado de algún modo. Al final, no es más que una forma de madurar y de hacernos con el control de nuestra vida” (vid: La mente es maravillosa).


COMENTARIO

En una época donde predomina el relativismo, la moral de las personas puede sufrir un desequilibrio. Para una gran mayoría, sobre todo los más jóvenes, que han vivido años sumergidos en ambientes relativistas, es fácil que exista un grave problema de conciencia, que no es percibido por ellos.

Cuando la conciencia no es exigida (porque hay una conducta relativista arraigada), pierde su fuerza y capacidad, entra en un estado de laxitud, no reacciona, hay un adormilamiento y una incapacidad para percibir la realidad.

Esta es una gran dificultad que es consecuencia de la ignorancia (falta de conocimiento con un acostumbramiento a vivir de un modo desordenado). La persona que se encuentra en esta situación no entiende una explicación lógica y coherente con argumentos verdaderos; le parece que es un discurso de rigor que lo podría aceptar íntegro, pero sin comprender nada; puede decir que para no quedar mal o no contristar a quien le aconseja, además sus reacciones son puramente sentimentales que no suelen responder a ninguna lógica.


La sorpresa del educador

El educador que tiene una conciencia verdadera, cuando descubre esta triste realidad, se encuentra con un muro que parece impenetrable. Antes de descubrirlo creía con su lógica coherente que todo estaba caminando bien, porque además las formas y las costumbres existentes pintaban una “realidad” que parecía verdad.

La gente que ha tenido una tradición cristiana suele vivir unas costumbres cristianas, pero puede ser que ese acostumbramiento no tenga nada que ver con la moral y con la rectitud de vida (se observa una deformación grave de la conciencia).


El cáncer de la informalidad

En los ámbitos relativistas de una sociedad “criolla” e informal, se puede percibir claramente una suerte de convivencia entre una vida real bastante desarreglada y una vida “espiritual” de formas marcada por un excesivo sentimentalismo. Se puede ver bonita la uniformidad de unas formas o de un sentimiento colectivo, pero cuando se va al fondo, (si es que se va. Algunos no van nunca y siguen igual de in modo ingenuo e irresponsable), no se encuentran cimientos, solo hay estructuras efímeras que no tienen consistencia ni duración. Es por eso que el consejo coherente del buen criterio, respaldado por la lógica, no tiene ninguna fuerza si no existe una auténtica amistad previa.

El ocuparse de la multitud o de la organización de actividades generales para formar a la gente puede quitar espacios para un trato personal que es mucho más eficaz. En una casa, la presencia de los padres para educar a los hijos es fundamental, no basta organizarles la vida para que asistan al colegio, a unas clases, a unas actividades deportivas, etc. Los padres deben estar al lado. Cualquiera que quiera formar a alguien debe estar al lado, acompañando, y conociendo las circunstancias reales de las personas. A través de los papeles o de una oficina no se conoce a las personas y se cometen muchos errores.


La prioridad de la amistad personal

El que es amigo entiende y dice las cosas de una manera diferente al teórico que quiere arreglar las cosas con el discurso que trae en su cabeza, o a través del “funcionamiento” de algunos sistemas.
Los papás, los educadores o cualquier persona que quiera formar a alguien debe ser antes amigo. El amor de amistad con la ayuda indispensable de la virtud infusa de la caridad, que incluye, desde luego, la misericordia y el perdón, son esenciales para lograr dar pasos reales en la formación de las personas.

No es fácil ser amigo de todos, sin embargo, hoy -¡hay que decirlo a gritos!-, se llega mucho más lejos en la formación de las personas cuando hay amistad personal con todas las personas que se pueda, luego éstas harán lo mismo y así, de ese modo se crece.

El Papa Francisco le dice a los sacerdotes que “dejen esas prédicas interminables y aburridas que no dicen nada….” y que sepan más bien “el nombre y el apellido de cada persona y hasta el nombre del perro de cada familia”  San Josemaría nos decía que el Señor era tan bueno que nos llamaba hasta por el apelativo familiar. Es Jesucristo el mejor maestro del amor que tenemos y Él nos dice: amaos los unos a los otros como yo os he amado”

Jesucristo viene para librarnos del pecado. A cada uno le toca reconocer sus pecados para ser curado por Dios. La falta de reconocimiento del pecado propio es grave y tiene un influjo negativo en la sociedad. Cuando los hombres no reconocen sus pecados se echan la culpa unos a otros y se arman grandes batallas que no terminan nunca.

Urge pedirle a Dios luces para ver nuestro pecado personal, reconocerlo y pedir perdón. Solo así podremos comprender a los demás y ayudarlos a que hagan lo mismo.
El relativismo y la informalidad son enemigos sociales, hay que derrotarlos si queremos salir de los conflictos y de las crisis en que nos encontramos (P. Manuel Tamayo)
*Continuará el mismo tema la siguiente semana.

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