jueves, 8 de marzo de 2018


FORMADORES CÁNDIDOS, NIDO DE HIPOCRESÍAS

“La ingenuidad es una condición o personalidad. Indica ausencia o falta de malicia y de experiencia, y por ende una deficiente comprensión o inteligencia para entablar un juicio sobre uno o una serie de actos; Es característica de la personalidad ingenua una presencia de sinceridad y sencillez extrema. Es un estado de conciencia en el que se cree que todo el mundo es bueno y maravilloso, que todo el mundo es honesto, que todas las promesas se cumplen, y cosas por el estilo”. (Diccionario)
“La manera cómo se vivió en la infancia determina las formas de conducta de la familia y la persona en la edad adulta. Por lo tanto una persona que fue desatendida durante su niñez y extremadamente sobreprotegida, proveniente de una familia disfuncional, o en donde no hay promoción de valores y principios, es más probable que, cuando sea mayor, sea infiel. Las relaciones con los padres son un factor fundamental para determinar si la persona es fiel o infiel. Desde mi punto de vista, hay un patrón de comportamiento aprendido de generación en generación y es algo que en casa se ha visto, aunque no se haya aceptado. (Maira Ropero, Panorama Cultural)

COMENTARIO

Hace aproximadamente 25 años, siendo capellán de un colegio, me acerqué a una madre de familia y le dije: “tu hijo es buenísimo” aquella señora me miró como diciendo “este padre no tiene ni idea” y me dijo con mucho aplomo: “usted no sabe cómo es en la casa” y me contó las malacrianzas habituales de aquel chico que yo consideraba buenísimo y añadió: “¡jálele las orejas a ese vago!  

En los tiempos actuales un profesor del colegio se acercó a una madre de familia y le dijo: “tu hijo se porte muy mal en el colegio” y le contó las barrabasadas que había hecho el muchacho en clase y contra sus compañeros. La mamá lo miró con indignación y le dijo al profesor: “¡usted no sabe nada!, mi hijo es muy bueno y tiene excelentes cualidades, ¡no se qué clase de profesor es usted que no descubre las virtudes de mi hijo!  El profesor le tuvo que pedir disculpas.

Evidentemente los tiempos han cambiado. Los papás de hoy le piden al educador que sea prácticamente un encubridor permisivista de las faltas de sus hijos y a la vez un fiscal y acusador activista de las agresiones que sus hijos puedan recibir de los demás. Si un niño es agredido, física o moralmente (bulling) en un colegio, pueden haber muchos culpables, especialmente si son personas mayores que no ha puesto los debidos cuidados.


La educación ha empeorado
Pese a todas las advertencias, controles y denuncias, la educación no ha mejorado, ha empeorado en las casas y en los colegios. Puede existir una buena capacitación técnica y una buena preparación académica en los cursos que se dictan, sin embargo la formación, que es una parte muy importante de la educación, es muy escasa en los hogares y en los colegios.

La formación en los patios, las clases de cívica o de modales son un saludo a la bandera. Los carteles que se colocan con lemas edificantes son puro adorno que sirven para endulzar los ambientes.

Se quiere arreglar la escenografía para que todo parezca bonito y en las actuaciones se echa mucha azúcar y edulcorantes de todo tipo, suelen ser ceremonias o espectáculos hondamente sentimentales con emociones que duran escasos minutos, como el calor de un montón de papeles que se queman, y luego solo quedan las cenizas.


El nido de la hipocresía
Con esta mentalidad y modo de proceder se forman los hipócritas. Quizá muchos educadores no se dan cuenta de lo que están creando en el interior de los alumnos. El alumno que se acostumbra a “respetar” cuando está el profesor y “desmadrarse” cuando no está; está haciendo, en complicidad con sus compañeros, una doble vida.

Desde el punto de vista educativo no se entiende que un educador cierre los ojos a lo que el alumno hace fuera del colegio y no le importa, porque piensa que no es su responsabilidad, que a él no le toca.  Habría que dudar de inmediato de su vocación de educador y preguntarse ¿qué hace en el colegio? Es como si un padre de familia solo se interesara por el hijo cuando está en la casa. Estas conductas son las que permiten el inicio de la doble vida en la gente joven.

Si un chico en su casa es una bellísima persona, cumple con todo y en la calle es otro, ya tiene una doble vida que lo puede destrozar como persona en el futuro, y si unos chicos en el colegio cumplen con todo lo que el colegio les manda y participan de todas las actividades que el colegio les pide y cuando salen del colegio tienen una vida desarreglada y desordenada, el colegio y los padres están permitiendo que tenga una doble vida. Se debe poner la atención en esos momentos si se quiere educar de verdad.

Educar es querer a las personas. Cuando se quiere se sufre y si se sigue queriendo se consigue que la persona reciba lo que necesita para ser una buena persona.

A los papás que quieren de verdad a sus hijos y a los buenos educadores se les recuerda, no como a los “ogros” que castigan o a los cándidos e indulgentes, que se les pasea el alma, sino como a los buenos amigos que comprenden las mataperradas juveniles y al mismo tiempo saben decir la verdad con el consejo oportuno y acompañar a los chicos en los momentos claves de sus vidas (P. Manuel Tamayo).

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