FORMADORES CÁNDIDOS, NIDO DE HIPOCRESÍAS
“La
ingenuidad es una condición o personalidad. Indica ausencia o falta de malicia
y de experiencia, y por ende una deficiente comprensión o inteligencia para
entablar un juicio sobre uno o una serie de actos; Es característica de la
personalidad ingenua una presencia de sinceridad y sencillez extrema. Es un
estado de conciencia en el que se cree que todo el mundo es bueno y
maravilloso, que todo el mundo es honesto, que todas las promesas se cumplen, y
cosas por el estilo”. (Diccionario)
“La manera cómo se vivió en
la infancia determina las formas de conducta de la familia y la persona en la
edad adulta. Por lo tanto una persona que fue desatendida durante su niñez y
extremadamente sobreprotegida, proveniente
de una familia disfuncional, o en donde no hay promoción de valores y
principios, es más probable que, cuando sea mayor, sea infiel. Las
relaciones con los padres son un factor fundamental para determinar si la
persona es fiel o infiel. Desde mi punto de vista, hay un patrón de
comportamiento aprendido de generación en generación y es algo que en casa se
ha visto, aunque no se haya aceptado. (Maira Ropero,
Panorama Cultural)
COMENTARIO
Hace
aproximadamente 25 años, siendo capellán de un colegio, me acerqué a una madre
de familia y le dije: “tu hijo es
buenísimo” aquella señora me miró como diciendo “este padre no tiene ni
idea” y me dijo con mucho aplomo: “usted
no sabe cómo es en la casa” y me contó las malacrianzas habituales de aquel
chico que yo consideraba buenísimo y añadió: “¡jálele las orejas a ese vago!
En
los tiempos actuales un profesor del colegio se acercó a una madre de familia y
le dijo: “tu hijo se porte muy mal en el
colegio” y le contó las barrabasadas que
había hecho el muchacho en clase y contra sus compañeros. La mamá lo miró con
indignación y le dijo al profesor: “¡usted
no sabe nada!, mi hijo es muy bueno y tiene excelentes cualidades, ¡no se qué
clase de profesor es usted que no descubre las virtudes de mi hijo! El profesor le tuvo que pedir disculpas.
Evidentemente
los tiempos han cambiado. Los papás de hoy le piden al educador que sea
prácticamente un encubridor permisivista
de las faltas de sus hijos y a la vez un fiscal
y acusador activista de las agresiones que sus hijos puedan recibir de los
demás. Si un niño es agredido, física o moralmente (bulling) en un colegio, pueden haber muchos culpables,
especialmente si son personas mayores que no ha puesto los debidos cuidados.
La educación ha empeorado
Pese
a todas las advertencias, controles y denuncias, la educación no ha mejorado,
ha empeorado en las casas y en los colegios. Puede existir una buena
capacitación técnica y una buena preparación académica en los cursos que se
dictan, sin embargo la formación, que es
una parte muy importante de la educación, es muy escasa en los hogares y en
los colegios.
La
formación en los patios, las clases de cívica o de modales son un saludo a la
bandera. Los carteles que se colocan con lemas edificantes son puro adorno que
sirven para endulzar los ambientes.
Se
quiere arreglar la escenografía para que todo parezca bonito y en las
actuaciones se echa mucha azúcar y edulcorantes de todo tipo, suelen ser
ceremonias o espectáculos hondamente sentimentales con emociones que duran
escasos minutos, como el calor de un montón de papeles que se queman, y luego
solo quedan las cenizas.
El nido de la hipocresía
Con
esta mentalidad y modo de proceder se forman los hipócritas. Quizá muchos
educadores no se dan cuenta de lo que están creando en el interior de los
alumnos. El alumno que se acostumbra a “respetar”
cuando está el profesor y “desmadrarse”
cuando no está; está haciendo, en
complicidad con sus compañeros, una doble vida.
Desde
el punto de vista educativo no se entiende que un educador cierre los ojos a lo
que el alumno hace fuera del colegio y no le importa, porque piensa que no es
su responsabilidad, que a él no le toca.
Habría que dudar de inmediato de su vocación de educador y preguntarse
¿qué hace en el colegio? Es como si un padre de familia solo se interesara por
el hijo cuando está en la casa. Estas conductas son las que permiten el inicio
de la doble vida en la gente joven.
Si
un chico en su casa es una bellísima persona, cumple con todo y en la calle es
otro, ya tiene una doble vida que lo puede destrozar como persona en el futuro,
y si unos chicos en el colegio cumplen con todo lo que el colegio les manda y
participan de todas las actividades que el colegio les pide y cuando salen del
colegio tienen una vida desarreglada y desordenada, el colegio y los padres
están permitiendo que tenga una doble vida. Se debe poner la atención en esos
momentos si se quiere educar de verdad.
Educar
es querer a las personas. Cuando se quiere se sufre y si se sigue queriendo se
consigue que la persona reciba lo que necesita para ser una buena persona.
A
los papás que quieren de verdad a sus hijos y a los buenos educadores se les recuerda,
no como a los “ogros” que castigan o
a los cándidos e indulgentes, que se
les pasea el alma, sino como a los buenos amigos que comprenden las
mataperradas juveniles y al mismo tiempo saben decir la verdad con el consejo
oportuno y acompañar a los chicos en los momentos claves de sus vidas (P. Manuel
Tamayo).
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