DESCUIDOS CONSENTIDOS
“Aleja de
ti esos pensamientos inútiles que, por lo menos, te hacen perder el tiempo” (San Josemaría, Camino
n. 13)
“No caigas
en esa enfermedad del carácter que tiene por síntomas la falta de fijeza para
todo, la ligereza en el obrar y en el decir, el atolondramiento…: la
frivolidad, en una palabra. Y la frivolidad –no lo olvides- que te hace tener
esos planes de cada día tan vacíos (“tan llenos de vacío”), si no reaccionas a
tiempo –no mañana: ¡ahora!-, hará de tu vida un pelele muerto e inútil” (San Josemaría, Camino
n. 17).
“No te
maquilles, no maquilles el corazón, pero
mostráte delante de Jesús como sos para que Él te pueda ayudar a
progresar en la vida…¡No se desanimen, no se desanimen, vayan adelante, todos
juntos! ¡Porque la vida vale la pena vivirla con la frente alta!” (Papa Francisco, Plaza
de armas de Lima, enero 2018).
COMENTARIO
¡Qué
aspecto más desagradable deja todo lo que está descuidado!, la estética y la
armonía se pierden con facilidad y aparece lo
zafio, lo percudido, lo roído, lo roto, lo desteñido con la huachafería de
los que viven sumergidos en una informalidad decadente y penosa.
Las fotos
de innumerables lugares de nuestro país no deberían publicarse, no reflejan la
pobreza sino graves descuidos: calles
llenas de baches, veredas rotas, casas en casco habitable sin pintar, gente mal
vestida, basura sin recoger, tráfico agresivo e insultante, innumerables
accidentes, micros viejos y malolientes, colas interminables, burocracia
infernal, negociados indecentes, cupos, delincuencia, corrupción generalizada y
muchas situaciones desagradables de violencia imparable.
Hace unos
años algunos intentaron, con muy buena
intención, ver los aspectos positivos de la informalidad. Decían que muchos
peruanos, en medio de esos ambientes
informales de trabajo, podrían ser grandes empresarios y sacar adelante el
país con sus aportes. No cabe duda que hay mucha gente muy habilidosa que saben
aprovechar situaciones difíciles para sacar adelante negocios exitosos. Sin
embargo, cuando se trata de ver los resultados generales, puede ser que los aspectos
económicos mejoren, pero al poner el reflector en las personas los resultados
son deprimentes.
El negocio
de la educación
Después del
narcotráfico (que esta perseguido por la
ley) el mayor negocio que hay en el Perú es la educación. Los que se
dedican a la educación tienen éxito asegurado en sus negocios, por eso los bancos quieren tener colegios,
pero cuando vemos los resultados en las personas se nos cae el alma al suelo.
Al salir a
las calles se ven los grandes descuidos de la informalidad: el estado en que se encuentran las cosas y
la conducta de las personas. En el sistema comercial existen diversas
mafias, también en la construcción y en otros sectores laborales y sociales. La
piratería está a la orden del día y no hay quien la pare. De vez en cuando se
hace alguna incursión que no pasa de ser “un
saludo a la bandera”.
Estamos
asistiendo a un espectáculo dantesco con demandas y juicios a todo granel,
cuando vemos la televisión encontramos mucha basura en los programas que más
rating tienen.
Gente buena
en un mundo caótico
Parece que
ya no importa nada, todo se puede hacer, todo se puede ver, todo se puede decir
y nos encontramos con una sociedad enfrentada, con muchas individualidades
egoístas que van a lo suyo y por otro lado, parece
paradójico, hay gente muy buena y generosa. Lo hemos visto en la visita del
Papa Francisco, lo vemos habitualmente en la marcha por la vida y en las
procesiones del Señor de los milagros. Gente maravillosa que quiere hacer las
cosas bien.
En las
grandes mayorías no suele haber maldad, lo que existe, y es penoso, son muchos descuidos.
La informalidad es “un cáncer” que nos está matando.
Tal vez la
flojera nos está jugando una mala pasada por lo que se hace necesario
combatirla con urgencia para no seguir perdiendo. Muchos patean el tablero
porque se cansaron, no quieren comprometerse porque les da miedo y les parece
que se van a complicar la vida.
Desde luego
que contribuye a todo esto el fuerte ambiente de relativismo, da todo igual,
¿para qué nos vamos a esforzar? y muchas personas se quedan a la deriva.
Hace falta
una reacción general para que muchos despierten y vean que es necesario estar
atentos y vigilantes para acertar en el camino que lleva a la libertad y a la
felicidad de las personas. (P. Manuel Tamayo)
No hay comentarios:
Publicar un comentario