jueves, 1 de febrero de 2018

¿LO HAGO PORQUE TENGO QUE HACERLO O PORQUE QUIERO HACERLO?  I

“Sumisión es el sometimiento del juicio de alguien al de otra persona” (Real Académia de la lengua”.

“¿Es verdad que estoy obligado a: educar a mis hijos, ir al trabajo, no irme de mi casa, comer y dormir? …¿es verdad que muchas cosas las hacemos porque no nos queda otra alternativa o para evitar consecuencias desagradables?. …De niño no sabemos distinguir lo que nos conviene y por lo tanto nos obligan a comer, bañarnos, hacer las tareas, acostarnos temprano, etc….Hay un bombardeo de obligaciones y es normal que se vaya generando un rechazo a todo lo que resulte obligado. El problema puede venir después cuando no logramos hacer lo que queremos… (Gerardo Velásquez, Querer o estar obligados).

 “…¡porque me da la gana¡, es la razón más sobrenatural” (San Josemaría Escrivá de Balaguer”


COMENTARIO

El mundo es muy complejo y variado, cambian las personas, las circunstancias y los tiempos. Los modos de ser y de vivir se van acomodando, como pueden, a los esquemas coyunturales de los lugares y de las distintas personas. Dada esta complejidad es muy difícil juzgar las épocas y a las personas.

Dentro de este “río” de diversidades los seres humanos tenemos que tomar decisiones y para acertar hay que mirar dos cosas: la propia interioridad y la realidad exterior. No conocer la realidad y la propia interioridad crea serios problemas de ubicación y de personalidad a los seres humanos. Una persona desubicada no se puede relacionar bien con los demás y entra en crisis. Si son muchas las personas desubicadas se generan tensiones, incomprensiones y confusiones que pueden desencadenar conflictos (encubrimientos, mentiras, manipulaciones, maltratos, peleas y guerras).

De acuerdo a la realidad hay muchas cosas que tenemos que hacer, porque así están establecidas, para poder vivir nosotros y los demás con paz y armonía. Debemos comer, bañarnos, vestirnos, ir a trabajar, andar en la calle por las veredas, parar en la luz roja, ir en la dirección que indica la calle, tomar las medicinas que necesitamos, estudiar los cursos de la carrera elegida, etc. Todos tenemos en nuestra naturaleza los requerimientos necesarios para poder realizar todas esas actividades libremente y sin mayor problema o dificultad. No solemos armarnos conflictos para realizar esas actividades y muchas otras parecidas.

Los trabajos tienen sus sistemas, los hogares sus modos de vivir y las ciudades organizan sus calles y parques para que la gente pueda desplazarse sin problemas. Los seres humanos nos adaptamos a esas disposiciones que aceptamos sin sentirnos presionados, al contrario nos sentimos libres.

La educación debe conseguir que el ser humano quiera lo que debe querer y que cada persona haga las cosas libremente al haber conquistado una jerarquía de valores que responde a la realidad.

Es muy grato ver en una familia donde todos sus miembros se llevan bien y cada uno cumple con su función en la casa; el cuadro de una familia unida donde hay mucho cariño es una estampa ejemplar de lo que es ser libre. Lo mismo podríamos decir de una empresa o de alguna institución cuando todos están unidos porque se aprecian y se valoran, aunque puedan haber opiniones distintas en los temas que están tratando. Es grato ver la gente paseándose libremente por las calles y disfrutando de los paisajes.

Es muy desagradable ver la violencia dentro del hogar, la desunión y falta de justicia laboral, la falta de seguridad en las calles por la delincuencia o porque anda un loco suelto que es peligroso.

El hombre necesita ser educado. Todo se “cocina” en la infancia y en los años juveniles. Lo que se aprende en esas épocas queda para toda la vida. Todo ser humano debe aprender a amar con orden y para eso es necesario una formación. Se aprende en la casa y en el colegio. Se enseña con el amor de la paternidad y la maternidad.

Urge desterrar todo lo artificial, todo lo que parece y no es, porque también existen “corruptelas” en los modos de enseñar y aprender. La rectitud de intención es fundamental para hacer las cosas queriéndolas de verdad. El querer no debe confundirse con el placer, con lo que provoca o con lo que divierte. Se debe aprender a querer lo que más vale y a entender que lo que se debe hacer para querer hacerlo y hacerlo bien. 


Está claro que sin educación no se puede querer, el hombre abandonado termina perdido. La educación empieza por la familia, allí se aprende a querer de verdad. (P. Manuel Tamayo)….    Continuará en la siguiente publicación.

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