¿LO HAGO PORQUE TENGO QUE HACERLO O PORQUE QUIERO HACERLO? I
“Sumisión es el sometimiento del juicio de alguien al de otra persona” (Real Académia de la lengua”.
“¿Es
verdad que estoy obligado a: educar a mis
hijos, ir al trabajo, no irme de mi casa, comer y dormir? …¿es verdad que
muchas cosas las hacemos porque no nos queda otra alternativa o para evitar
consecuencias desagradables?. …De niño no sabemos distinguir lo que nos
conviene y por lo tanto nos obligan a comer,
bañarnos, hacer las tareas, acostarnos temprano, etc….Hay un bombardeo de
obligaciones y es normal que se vaya generando un rechazo a todo lo que resulte
obligado. El problema puede venir después cuando no logramos hacer lo que
queremos… (Gerardo Velásquez, Querer o estar obligados).
“…¡porque
me da la gana¡, es la razón más sobrenatural” (San Josemaría
Escrivá de Balaguer”
COMENTARIO
El mundo es muy
complejo y variado, cambian las personas, las circunstancias y los tiempos. Los
modos de ser y de vivir se van acomodando, como
pueden, a los esquemas coyunturales de los lugares y de las distintas
personas. Dada esta complejidad es muy difícil juzgar las épocas y a las
personas.
Dentro de este “río”
de diversidades los seres humanos tenemos que tomar decisiones y para acertar
hay que mirar dos cosas: la propia interioridad y la realidad exterior. No
conocer la realidad y la propia interioridad crea serios problemas de ubicación
y de personalidad a los seres humanos. Una persona desubicada no se puede
relacionar bien con los demás y entra en crisis. Si son muchas las personas
desubicadas se generan tensiones, incomprensiones y confusiones que pueden
desencadenar conflictos (encubrimientos,
mentiras, manipulaciones, maltratos, peleas y guerras).
De acuerdo a la
realidad hay muchas cosas que tenemos que hacer, porque así están establecidas, para poder vivir nosotros y los
demás con paz y armonía. Debemos comer,
bañarnos, vestirnos, ir a trabajar, andar en la calle por las veredas, parar en
la luz roja, ir en la dirección que indica la calle, tomar las medicinas que
necesitamos, estudiar los cursos de la carrera elegida, etc. Todos tenemos
en nuestra naturaleza los requerimientos necesarios para poder realizar todas
esas actividades libremente y sin mayor problema o dificultad. No solemos
armarnos conflictos para realizar esas actividades y muchas otras parecidas.
Los trabajos tienen
sus sistemas, los hogares sus modos de vivir y las ciudades organizan sus
calles y parques para que la gente pueda desplazarse sin problemas. Los seres
humanos nos adaptamos a esas disposiciones que aceptamos sin sentirnos
presionados, al contrario nos sentimos libres.
La educación debe
conseguir que el ser humano quiera lo que debe querer y que cada persona haga
las cosas libremente al haber conquistado una jerarquía de valores que responde
a la realidad.
Es muy grato ver en
una familia donde todos sus miembros se llevan bien y cada uno cumple con su
función en la casa; el cuadro de una familia unida donde hay mucho cariño es
una estampa ejemplar de lo que es ser libre. Lo mismo podríamos decir de una
empresa o de alguna institución cuando todos están unidos porque se aprecian y
se valoran, aunque puedan haber opiniones distintas en los temas que están
tratando. Es grato ver la gente paseándose libremente por las calles y
disfrutando de los paisajes.
Es muy desagradable
ver la violencia dentro del hogar, la desunión y falta de justicia laboral, la
falta de seguridad en las calles por la delincuencia o porque anda un loco
suelto que es peligroso.
El hombre necesita
ser educado. Todo se “cocina” en la
infancia y en los años juveniles. Lo que se aprende en esas épocas queda para
toda la vida. Todo ser humano debe aprender a amar con orden y para eso es
necesario una formación. Se aprende en la casa y en el colegio. Se enseña con
el amor de la paternidad y la maternidad.
Urge desterrar todo
lo artificial, todo lo que parece y no es, porque también existen “corruptelas” en los modos de enseñar y
aprender. La rectitud de intención es fundamental para hacer las cosas
queriéndolas de verdad. El querer no debe confundirse con el placer, con lo que
provoca o con lo que divierte. Se debe aprender a querer lo que más vale y a
entender que lo que se debe hacer para querer hacerlo y hacerlo bien.
Está claro que sin
educación no se puede querer, el hombre abandonado termina perdido. La
educación empieza por la familia, allí se aprende a querer de verdad. (P. Manuel Tamayo)…. Continuará en la
siguiente publicación.
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