LA CRUELDAD DE LA
POTESTAD VOLUNTARISTA
“Potestad es la facultad para mandar o ejercer el poder sobre las personas o las cosas” (Diccionario).
“Crueldad
es la acción inhumana que genera dolor y sufrimiento en otro ser” (Diccionario).
“Voluntarismo
es la conducta y actitud de la persona que atribuye a la voluntad la capacidad
de conseguir o de cambiar las cosas” (Diccionario)
“Se llama iluminista
a la persona que se cree iluminada
por un poder intelectual o espiritual para intervenir en la vida de otros o
arreglar situaciones en los lugares donde ha llegado” (Diccionario)
COMENTARIO
Una autoridad sin amor es un estorbo y podría convertirse en un
punto constante de amenaza para sus subalternos. Sería la caricatura del típico
jefe malo y cruel que abusa de su
poder y goza haciendo sufrir a los que no son de su confianza o al que no
quiere someterse a sus disposiciones. También hace sufrir el que tiene potestad
y no hace nada.
El autoritario no siempre tiene pinta de violento o agresivo, al
contrario, muchos de ellos llevan una máscara de amabilidad y se desplazan como
si regaran por todas partes perfumes de libertad y entusiasmos de conquista.
El autoritarismo tiene su origen en el pecado de soberbia, que también
se puede dar, como es lógico, en los
que ejercen algún tipo de potestad sobre otras personas, (en la familia, en alguna institución educativa o en el mundo laboral).
Si en la familia no hay un amor ordenado por parte de los padres,
o de quienes hagan cabeza, es muy
fácil caer en un autoritarismo, desagradable
e injusto, que puede hacerse costumbre y fijarse durante muchos años.
Además, las personas que viven en ambientes donde se ejerce
habitualmente el autoritarismo, pueden acostumbrarse a vivir con una conducta
de sumisión aceptada, algo semejante a los que padecen el síndrome de Estocolmo, cuando el secuestrado se hace “amigo” de su
captor y acepta su situación de falta de libertad como algo normal.
La soberbia es el peor de los males
El pecado de soberbia es un mal que hace mala a la persona, si
no se combate a tiempo, aumenta cada día más “animalizando” al ser humano. El autoritario se convierte en un
tirano abusivo que cree que tiene derecho a decidir, sin más, sobre la vida de las personas y lo hace de un modo cruel
cubriendo su actuación con un cinismo asombroso.
Algunos autoritarios se sienten iluministas, creen que su misión
es conseguir que les hagan caso en sus plateamientos y experiencias, e incluso
que piensen como ellos para que les vaya bien. Crean un código de conducta que
habría que seguir como si fuera una ley divina.
Es penoso ver a alguien que debería ejercer la paternidad: amor, cariño y cuidado por los suyos,
convertirse en un cruel tirano que maneja a “su” gente como quiere, como si
fueran de su propiedad. Las manipulaciones sobre el hombre para someterlo y
tenerlo controlado son abominables y van directamente contra la dignidad de
cada persona.
El prestigio de la auténtica autoridad
Es muy distinta la persona que tiene potestad y ejerce la
autoridad con un auténtico y creciente amor al prójimo, Es entonces cuando
facilita la libertad, (no el libertinaje). Esa persona, con el prestigio de la autoridad, consigue que sus subalternos (hijos, alumnos, fieles, empleados, etc.)
sean libres, con el bien y la verdad. Una
autoridad así es grandiosa y merece el reconocimiento de todos.
El amor limpio y ordenado del que manda crea una suerte de
persuasión en el que escucha, que es una aceptación respetuosa de los
argumentos que recibe y un afecto grande por la persona.
El que es amado con la verdad no necesita demasiadas
explicaciones para convencerse y querer como propio, algo ajeno que está
recibiendo de una autoridad buena. (P. Manuel Tamayo)
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