ENTRE ORACIONES Y PROFUNDAS EMOCIONES
“¡recen por mi!” (Papa Francisco)
COMENTARIO
Es muy difícil
escribir y describir lo que se vive y se siente cuando se tiene al Vicario de
Cristo cercano y dedicado al propio país de donde eres y donde estás.
Es breve el tiempo
se pasa volando pero es eterno el segundo, que queda grabado cuando ves escenas
donde él se vuelca con la gente y la gente se vuelca con él, con mil
manifestaciones de auténtico cariño que salen del fondo de corazones en
sintonía.
No hay teatro ni
artificialidad, no es el cascabeleo de las pasiones colectivas, no es un
fanatismo irracional, no son gritos destemplados, es un movimiento sincero que
contagia alegría, fortaleza y una paz inmensa que llena de esperanza.
Por la cabeza pasan
mil pensamientos de razones profundas, oídas
ahora y recordadas de antaño, que van acompañadas de una emoción
inolvidable que pone vidriosos los ojos sin que se pueda hacer nada para evitarlo.
Si hubiera que hablar habría que hacer ejercicios para desatar un perturbable
nudo de garganta que lo impide.
Todo eso ocurre
cuando se tiene una atenta contemplación de todo lo que ocurre ahora con el
Santo Padre en el Perú y que milagrosamente los canales de televisión y la
prensa, esta vez, exultan con
asombro, reconocimiento y emoción.
¡Qué bueno es el Papa! y ¡qué grande nuestro pueblo católico!, ¡que
sintonía más grandiosa!, la que se aprecia claramente
en las imágenes que dan la vuelta al mundo.
Es una nueva
evangelización en continuo movimiento, donde cada segundo visto persuade a
miles y tal vez a millones, para tener la certeza de un Amor de privilegio que
trasciende desde muchos corazones conectados hacia los hacia los corazones de
los que están más alejados. Todos tienen cabida en esa fraternidad universal
que trae la Iglesia de Jesús con su Vicario en el mundo.
Sale fácil la
oración junto a la emoción al percibir este maravilloso consenso multicolor de
carreras, lágrimas, voces exultantes y multitudes entusiasmadas; ahora es
cuando se tienen muchas ganas de ser mejor para cambiar el mundo.
Son mensajes de una
unidad increíble que se da en un espacio muy corto de tiempo y que se ve
posible extenderla en el futuro, porque la esperanza ha crecido y puede crecer
mucho más. Para lograrlo es necesario dejar
muchas cosas que estorban y que hacen olvidar que es lo que debe permanecer
para querer como se debe.
Hoy no se puede
estar en otra cosa, todo el tiempo debe ser para Vivir siguiendo al Papa que es
seguir a Cristo, un seguimiento de madurez y compromiso, el darse cuenta de lo
que es esencial y no perderse tontamente en las selvas y pantanos de un mundo
desordenado y zafio, o en distracciones infantiles de los que están en la “luna”.
Nos queda, como muestra de gratitud al Santo Padre,
enfilar en la dirección que marca el camino de la Verdad y la Vida y no poner
obstáculos al plan que Dios tiene con cada uno de nosotros.
A la Providencia le
tendremos que decir: ¡muchas gracias! por estos tres días intensos junto al
Santo Padre que han sido de auténtico cielo, un regalo inesperado que nos ha
hecho un bien enorme a todos los peruanos. (P. Manuel Tamayo).
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