PROTESTAN LOS MISMOS, con distintos disfraces.
“Al efectuar un análisis de los principales movimientos sociales
en el Perú de hoy, con base en sus plataformas reivindicativas, marcos de
identidad y estructuras organizativas, podemos distinguir dos grandes
grupos. Primero los movimientos cuya problemática se enfoca en cuestiones más
bien sectoriales y económicas desde un lenguaje de izquierda y estructura
sindical (universitarios, docentes,
campesinos, médicos, etc.). Por otra parte, las diversas poblaciones que se
organizan contra la expansión de la industria extractíva, en especial minera y
petrolera, apelan para ello a revaloraciones étnicas y defensa de los recursos
con base en una organización más bien territorial (Cajamarca, Espinar, Islay, etc.)”. (Anahí Durand)
“Lo que sí parece ser recurrente en los
últimos 20 años es que los grupos de derecha logran posicionarse bien en los
gobiernos, mientras que los de izquierda se expresan con más fuerza desde la
calle. Por ello, el discurso de lo que gruesamente estamos identificando aquí
como derecha se reviste de defensa de la institucionalidad del gobierno y la
economía de mercado, mientras que la izquierda se expresa como cuestionamiento
del orden establecido”, (Carmen
Illizarbe).
“Existen fuerzas políticas, con ideologías de
violencia y de liberalismo absoluto que buscan ser más poderosas sembrando
dudas y confusiones en la gente con ataques exagerados y sesgados, que tienen
como fin desestabilizar los sistemas creando caos en la sociedad. Para ellos
todo vale, lanzan las piedras con los ojos cerrados, exageran y no les importa
dañar la honra y la vida de las personas. Para ellos no existe el perdón y la
reconciliación, quieren hacerse paso eliminando a personas que consideran
deficientes. Reclaman derechos y buscan denodádamente que todos piensen como
ellos”
COMENTARIO
Con excepción de las grandes movilizaciones que
convocan a multitudes como la procesión del Señor de los Milagros, que es una de las más grandes del mundo,
la marcha por la vida que supera en número a todas las demás, aunque el poder mediático busca ocultarlo,
o las aglomeraciones que se realizan en torno a la visita del Papa a un país
determinado, que congrega a números nunca jamás vistos, (se trata de
millones de personas), las otras marchas, que son fundamentalmente de protesta,
son mucho menos numerosas, y muchas de ellas, lo que pretenden es desestabilizar
y desacreditar a personas y sistemas para obtener beneficios propios.
Son organizaciones totalmente politizadas donde
todo vale; suelen estar dirigidas por las mismas personas que se suman a distintas
causas de protesta motivando la indignación de muchos ingenuos que no se dan
cuenta de quienes están detrás de esas manifestaciones y qué es lo que están
buscando en realidad.
Los artífices de esas protestas callejeras, que se han puesto de moda, son las
mismas personas escondidas con distintos disfraces, los dirigentes de siempre, pertenecientes a partidos radicales, que
buscan promover y organizar esas bullas insultantes, en las que caen muchos ingenuos y lamentablemente, jóvenes sin
experiencia de la vida. Además a los que salen a las calles con sus
carteles y tambores les ofrecen prebendas y les prometen paraísos ilusorios.
Estas organizaciones utilizan distintas
estrategias, algunas veces se presentan como víctimas de algún atropello, otras
veces reclaman justicia por algún “derecho” dañado o perdido. Siempre se
enfilan contra alguien en concreto y echan leña en su contra exagerando los
argumentos para que su protesta sea viable y aceptada por la mayoría.
Utilizan en sus intervenciones frases
insultantes que repiten con vehemencia para autoconvencerse
de que están en lo cierto y así persuadir a los que escuchan para que los sigan.
Condenan severamente los abusos cometidos por una persona, que en otros casos, incluso con circunstancias similares, no
condenan ni dicen nada. Repiten tanto
las mismas frases insultantes y lapidarias que queda en el ambiente el
convencimiento de que es verdad.
Con una perorata brutal buscan apartar y
castigar a la persona censurada, sin
darle ninguna oportunidad de reconciliación, exigen que la “justicia” que
ellos pregonan se cumpla ya, de todas maneras y sin demoras. Los motivos, que en estos casos, son totalmente políticos, les suena a los
ingenuos y a los “chiquillos” como una causa justa, noble y lógica que se debe
reclamar y exigir que se cumpla.
La falta de cultura en nuestra sociedad está
pasando factura. Lamentablemente muchos se dejan llevar por estas corrientes
turbias, fabricadas con datos manipulados que han sido tejidos con mentiras y
medias verdades que parece, por el voluntarismo
con que se expresan y el consenso que
consiguen, una gran verdad que clama al cielo, que debería tener vigencia y
aceptación.
En tiempos de Cristo muchos repetían: ¡Crucifícale! Pensando que estaban
haciendo bien al reclamar ese castigo para que se haga justicia contra un
corrupto impostor. Los fariseos manipuladores echaban leña para que no se diera
de ninguna manera la impunidad. Mucha gente del pueblo no se daba cuenta que la
protesta había sido orquestada por sembradores impuros del odio que defendían a
capa y espada sus cochinos “derechos” como si fueran causas nobles. Hoy, en
muchos ambientes sucede exactamente lo mismo. Los problemas no se arreglan con
el odio sino con el amor.
No echemos leña aprobando las divisiones,
separaciones y rupturas, construyamos lo que tanto quería San Juan Pablo II, la
nueva civilización del amor, a base del perdón, la reconciliación y la
comprensión. No hemos venido a “tirar piedras” a nadie por muy malo que nos
parezca. (P. Manuel Tamayo)
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