miércoles, 3 de enero de 2018

PROTESTAN LOS MISMOS, con distintos disfraces.

“Al efectuar un análisis de los principales movimientos sociales en el Perú de hoy, con base en sus plataformas reivindicativas, marcos de identidad y estructuras organizativas, podemos distinguir dos grandes grupos. Primero los movimientos cuya problemática se enfoca en cuestiones más bien sectoriales y económicas desde un lenguaje de izquierda y estructura sindical (universitarios, docentes, campesinos, médicos, etc.). Por otra parte, las diversas poblaciones que se organizan contra la expansión de la industria extractíva, en especial minera y petrolera, apelan para ello a revaloraciones étnicas y defensa de los recursos con base en una organización más bien territorial (Cajamarca, Espinar, Islay, etc.)”. (Anahí Durand)

“Lo que sí parece ser recurrente en los últimos 20 años es que los grupos de derecha logran posicionarse bien en los gobiernos, mientras que los de izquierda se expresan con más fuerza desde la calle. Por ello, el discurso de lo que gruesamente estamos identificando aquí como derecha se reviste de defensa de la institucionalidad del gobierno y la economía de mercado, mientras que la izquierda se expresa como cuestionamiento del orden establecido”, (Carmen Illizarbe).

“Existen fuerzas políticas, con ideologías de violencia y de liberalismo absoluto que buscan ser más poderosas sembrando dudas y confusiones en la gente con ataques exagerados y sesgados, que tienen como fin desestabilizar los sistemas creando caos en la sociedad. Para ellos todo vale, lanzan las piedras con los ojos cerrados, exageran y no les importa dañar la honra y la vida de las personas. Para ellos no existe el perdón y la reconciliación, quieren hacerse paso eliminando a personas que consideran deficientes. Reclaman derechos y buscan denodádamente que todos piensen como ellos”


COMENTARIO

Con excepción de las grandes movilizaciones que convocan a multitudes como la procesión del Señor de los Milagros, que es una de las más grandes del mundo, la marcha por la vida que supera en número a todas las demás, aunque el poder mediático busca ocultarlo, o las aglomeraciones que se realizan en torno a la visita del Papa a un país determinado, que congrega a números nunca jamás vistos, (se trata de millones de personas),  las otras marchas, que son fundamentalmente de protesta, son mucho menos numerosas, y muchas de ellas, lo que pretenden es desestabilizar y desacreditar a personas y sistemas para obtener beneficios propios.

Son organizaciones totalmente politizadas donde todo vale; suelen estar dirigidas por las mismas personas que se suman a distintas causas de protesta motivando la indignación de muchos ingenuos que no se dan cuenta de quienes están detrás de esas manifestaciones y qué es lo que están buscando en realidad. 

Los artífices de esas protestas callejeras, que se han puesto de moda, son las mismas personas escondidas con distintos disfraces, los dirigentes de siempre, pertenecientes a partidos radicales, que buscan promover y organizar esas bullas insultantes, en las que caen muchos ingenuos y lamentablemente, jóvenes sin experiencia de la vida. Además a los que salen a las calles con sus carteles y tambores les ofrecen prebendas y les prometen paraísos ilusorios.

Estas organizaciones utilizan distintas estrategias, algunas veces se presentan como víctimas de algún atropello, otras veces reclaman justicia por algún “derecho” dañado o perdido. Siempre se enfilan contra alguien en concreto y echan leña en su contra exagerando los argumentos para que su protesta sea viable y aceptada por la mayoría.

Utilizan en sus intervenciones frases insultantes que repiten con vehemencia para autoconvencerse de que están en lo cierto y así persuadir a los que escuchan para que los sigan. Condenan severamente los abusos cometidos por una persona, que en otros casos, incluso con circunstancias similares, no condenan ni dicen nada.  Repiten tanto las mismas frases insultantes y lapidarias que queda en el ambiente el convencimiento de que es verdad.

Con una perorata brutal buscan apartar y castigar a la persona censurada, sin darle ninguna oportunidad de reconciliación, exigen que la “justicia” que ellos pregonan se cumpla ya, de todas maneras y sin demoras.  Los motivos, que en estos casos, son totalmente políticos, les suena a los ingenuos y a los “chiquillos” como una causa justa, noble y lógica que se debe reclamar y exigir que se cumpla.

La falta de cultura en nuestra sociedad está pasando factura. Lamentablemente muchos se dejan llevar por estas corrientes turbias, fabricadas con datos manipulados que han sido tejidos con mentiras y medias verdades que parece, por el voluntarismo con que se expresan y el consenso que consiguen, una gran verdad que clama al cielo, que debería tener vigencia y aceptación.

En tiempos de Cristo muchos repetían: ¡Crucifícale! Pensando que estaban haciendo bien al reclamar ese castigo para que se haga justicia contra un corrupto impostor. Los fariseos manipuladores echaban leña para que no se diera de ninguna manera la impunidad. Mucha gente del pueblo no se daba cuenta que la protesta había sido orquestada por sembradores impuros del odio que defendían a capa y espada sus cochinos “derechos” como si fueran causas nobles. Hoy, en muchos ambientes sucede exactamente lo mismo. Los problemas no se arreglan con el odio sino con el amor.

No echemos leña aprobando las divisiones, separaciones y rupturas, construyamos lo que tanto quería San Juan Pablo II, la nueva civilización del amor, a base del perdón, la reconciliación y la comprensión. No hemos venido a “tirar piedras” a nadie por muy malo que nos parezca. (P. Manuel Tamayo)


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