sábado, 28 de abril de 2018


UNA MUERTE MÁS PARA AMAR LA VIDA
Alfie Evans  
“Quizá con una mezcla de escepticismo, perplejidad y tristeza hemos seguido los esfuerzos de Alfie Evans para sobrevivir, la lucha de sus padres para garantizarle el derecho a recibir una adecuada atención médica, y los de destacados miembros de la sociedad –entre ellos el Papa Francisco-, por respetar el derecho de los padres a decidir sobre el futuro de su hijo. Tristemente hemos constatado que, sobre el derecho a la vida, el derecho a ser atendido médicamente y el derecho de los padres a decidir sobre sus hijos pesan los prejuicios ideológicos, primero de un juez y más tarde de todo un estamento de jueces. En efecto, no se trata sólo de que a juicio de los médicos del Hospital para Niños Alder Hey, o de que incluso el Magistrado Anthony Hayden, y con él la Corte Suprema Británica, consideran que la vida de Alfie no merece la pena y que, paradójicamente, “tenga derecho a morir”; sino que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos respalda dicha postura. De hecho, sin que lo digan expresamente, pero sentando antecedentes indudablemente, están defendiendo que el supuesto derecho a “dejar de seguir viviendo” prima sobre el derecho a la vida de un bebé indefenso y el de sus padres de defender esa vida. En Europa, hoy por hoy, prima “el derecho a la muerte” (inexistente en realidad) sobre el derecho a la vida. Sencillamente, es de locos, el mundo al revés a carta cabal. El hospital, los médicos, el juez, el tribunal imponen su ideología, según la cual la vida Alfie no merece ser vivida, ni vale la pena luchar por ella, pues tiene una enfermedad incurable. Siguiendo esa lógica, quizá deberíamos eliminar a todos los enfermos que padezcan este tipo de enfermedades, y decirle a todos aquellos que luchan por su vida a pesar de tener un pronóstico adverso, que no merece la pena su esfuerzo. Eso es lo que implícitamente sostiene la sentencia que pesa sobre la vida de Alfie y sus doloridos padres. No sólo es que Alfie luche por su vida, sus padres también dan la batalla por sus derechos, pero pesa más la ceguera ideológica de un grupo de médicos y juristas.
¿Qué les costó dejarlo subir al avión para ir a Italia a ser atendido? … La única explicación posible es porque aceptar esa petición (racional, comprensible y coherente) supone reconocer que la vida de Alfie (un enfermo con una enfermedad aparentemente incurable) tiene un valor en sí misma, lo cual no están dispuestos a reconocer. Para los médicos y los jueces, Alfie (a pesar de su esfuerzo y el de sus padres) solo tiene “derecho a morir”, solo merece morir, es más, debe morir. Hemos llegado al absurdo de que el supuesto “derecho a morir” prima sobre el derecho a la vida e iría contra los derechos humanos prolongar la vida de Alfie. Por si quedara alguna duda, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha sancionado dicha sandez….Al obligarlo a morir se está reconociendo por la vía práctica que la cultura de la muerte prima sobre la cultura de la vida, que los derechos humanos ceden el paso a principios ideológicos, entre ellos, considerar que la vida no es un valor absoluto, sino que debe ser evaluada por un selecto grupo de “expertos” con la capacidad de decidir si tiene valor o no, según una escala por ellos fijada y conocida. A los demás, lógicamente, sólo nos queda bajar la cabeza y aceptar dócilmente su “sabio” proceder…Aunque sólo haya durado un día más de “lo planeado” o “lo previsto”, Alfie ha puesto en berlina el verdadero rostro de la medicina y el derecho europeos que, en lugar de defender a la persona, prefieren justificar determinados prejuicios ideológicos. La lucha de Alfie no solo es por su vida, sino que pone en evidencia la lucha por la vida y con ella por la dignidad humana, contra la cultura de la muerte. Parece ser que la segunda prevalece en Europa, pero gracias a Alfie, por lo menos ha sido ventaneada y expuesta a público escarnio. (Padre Mario Arrollo).
“¿Estamos realmente mejor que nunca, cuando miles de seres humanos son aniquilados en el vientre de sus madres? ¿O cuando recomendamos a un anciano, por una funesta, retorcida y supuesta piedad, que pida la muerte porque su vida ya no tiene ninguna utilidad? ¿O cuando forzamos a la naturaleza hasta el extremo para decidir la identidad o el género que creo que me corresponden? ¿O cuando condenamos la corrupción de los políticos pero después nos permitimos pequeños robos y hurtos en nuestro día a día? Me van a perdonar que hoy esté un poco más pesimista que en otros artículos, pero es que sucesos como el de Alfie Evans, donde su vida parece valer menos que la de un perro, hacen que me pregunte hasta qué punto hemos perdido el norte. Y me pregunto qué hace falta que ocurra para que recuperemos la sensatez, el sentido de la vida y el deseo de hacer el bien y evitar el mal, eso tan básico que nos enseñaron de pequeños y que parece que hayamos olvidado”. (Alex Navajas)
“En una entrevista al sitio web italiano In Terris, el Presidente Emérito de la Pontificia Academia para la Vida y experto en bioética, Cardenal Elio Sgreccia, señaló que el caso de Alfie Evans constituye “un ataque a la institución familiar” y advirtió que “todo nace del estatismo. Eso nos hace estremecer cuando suscita el recuerdo de lo que han hecho en la historia los regímenes totalitarios. La dignidad de la persona se mantiene en cada fase de la vida, ya sea cuando está sana o cuando se encuentra a punto de morir. Sin embargo, es el beneficio económico lo que prevalece. Se deja morir a una persona porque la asistencia tiene un costo: se deja morir para ahorrar”. En ese sentido, denunció que el caso del pequeño Alfie es el resultado de “una dictadura económica sobre la vida humana: se trata de una perversión y debe ser considerada así”.

COMENTARIO

Si en este comentario pongo la palabra Jesucristo, es probable que algunos lectores no sigan leyendo porque están cargados de prejuicios y piensan que está escribiendo un fanático retrógrado que no quiere reconocer los avances de la ciencia moderna en los aspectos médicos sobre la vida del ser humano.

Bien podemos decir, y repetirlo infinitas veces, que a Jesucristo lo mataron los hombres con todas sus leyes, jueces y tribunales. De acuerdo a la “ley” Él debía morir. Pilato fue cobarde porque prefería contentar a las autoridades y a los legalismos que defender la verdad.

El positivismo de hoy envenena las cabezas de intelectuales jurídicos y otras personas que visten saco y corbata o un mandil médico. Son escrupulosos en el cumplimiento de una “ley” infame, que va contra el ser humano (como la ley que favorece el aborto) y muchas otras leyes que utilizan en poder mediático para que multitudes crean que Jesucristo debe morir.

Aquel grito brutal ¡Crucifícale!  lo repiten a coro los que no han descubierto a Jesús que ama la vida y da la vida por todos. La historia tiene muchos mártires y santos que dieron su vida por la Vida. Es la hora de defender la vida y no dejar que esos cobardes asesinos se impongan con sus deplorables sentencias por “lealtad” a una ideología nefasta. (P. Manuel Tamayo).


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