LA MIOPÍA DEL FUNDAMENTALISTA
“Como fundamentalismo,
en un sentido general, se denomina la corriente de pensamiento que
promueve el sometimiento absoluto a determinada doctrina o práctica de manera
intransigente. La palabra, como tal, deriva de “fundamental”,
que se refiere a lo que sirve de fundamento o es básico para algo, y se compone
con “-ismo”, que indica ‘doctrina’ o ‘movimiento’. (Diccionario)
“Para volar necesitamos de dos alas, la fe y la
razón. Si el ala de la fe se vuelve hipertrófica y la fe se come a la razón el
avión se estrella: es el fundamentalismo. Si
el ala de la razón se vuelve hipertrófica y se come a la fe tenemos el
laicismo, y el avión se estrella también”. (San Juan Pablo II, Fides et ratio)
“El
Magisterio nos dice todo lo que necesitamos saber sobre el fundamentalismo: es
una perversión de la religión y de la fe. Es también técnicamente subversivo,
porque subvierte la dinámica, divinamente instituida, de la autoridad de la
Iglesia: quita la autoridad al Papa con el pretexto de dar toda la autoridad a
la Tradición, representada en la cabecilla de turno de esta o aquella facción
fundamentalista”. (Aleteia)
"Todas la religiones tienen grupos
fundamentalistas. Todas. Nosotros también". "Siempre hay un
grupito" en las religiones que "destruye desde su
fundamentalismo" “El
fundamentalismo se define como una contradicción” (Papa Francisco, entrevista en Católico Tertio).
COMENTARIO
Todas las personas somos capaces de cometer las
mayores barbaridades que se cometen en el mundo. Para no llegar a esos extremos
necesitamos perseverar en la lucha diaria con la ayuda de la gracia que Dios
nos alcanza. En esas contiendas que son necesarias para tener paz vamos
aumentando nuestro amor a Dios y a los demás. El Señor infundiéndonos la virtud
de la Caridad nos ayuda a estar en unos niveles altos de amor y de tener por lo
tanto una gran paz.
Cualquiera que se aleja de Dios y no vuelve a
Él de inmediato se pone en peligro de caer, cualquiera que sea su condición,
sus estudios, su experiencia, “lo que
mancha a un chiquillo mancha también a un viejo”
Quienes tenemos un poco más de años hemos visto
a personas que de jóvenes fueron muy disciplinados y correctos en su conducta,
cercanos a Dios y a la Iglesia, y que luego, por diversas circunstancias,
adquirieron una rigidez exagerada al darle demasiada importancia a las
costumbres y procedimientos establecidos más que a las personas mismas.
Es comprensible que muchos hayan adquirido una
rigidez en un mundo donde hay tantos peligros para todos. La gente se agarra de
las tradiciones porque esas costumbres funcionaron en su momento y quieren
volver a ellas y no perderlas.
Volver a las costumbres y defenderlas sin que
haya prioridad en el amor a las personas es un grave error. Estamos viendo lo
que está ocurriendo en muchos lugares: personas que por temor exageraron en
controles y sin darse cuenta se convirtieron en fundamentalistas y que luego, por esas rigideces, caen en un estado
de depresión. No les enseñaron, o se olvidaron que lo primero es el amor y que
sin caridad no hay nada.
Es difícil quitar “el clavo” de un fundamentalista,
por su mismo estado no reconoce sus limitaciones, es más bien terco y piensa
que los demás están equivocados y que él funciona con una lógica y un criterio
correcto de acuerdo a lo que tiene que ser.
Muchos de ellos son anancásticos y
perfeccionistas, no es fácil que den su brazo a torcer, sufren mucho cuando se
les dice que están exagerando. Habrá que recordarles que “lo perfecto es enemigo de lo bueno” y que hoy se necesitan
personas que sean muy comprensivas y misericordiosas, que sepan perdonar y que
no hagan nunca, por ningún motivo, acepción de personas. (P. Manuel Tamayo)
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