jueves, 3 de mayo de 2018


LA MIOPÍA DEL FUNDAMENTALISTA

“Como fundamentalismo, en un sentido general, se denomina la corriente de pensamiento que promueve el sometimiento absoluto a determinada doctrina o práctica de manera intransigente. La palabra, como tal, deriva de “fundamental”, que se refiere a lo que sirve de fundamento o es básico para algo, y se compone con “-ismo”, que indica ‘doctrina’ o ‘movimiento’. (Diccionario)

“Para volar necesitamos de dos alas, la fe y la razón. Si el ala de la fe se vuelve hipertrófica y la fe se come a la razón el avión se estrella: es el fundamentalismo. Si el ala de la razón se vuelve hipertrófica y se come a la fe tenemos el laicismo, y el avión se estrella también”. (San Juan Pablo II, Fides et ratio)

“El Magisterio nos dice todo lo que necesitamos saber sobre el fundamentalismo: es una perversión de la religión y de la fe. Es también técnicamente subversivo, porque subvierte la dinámica, divinamente instituida, de la autoridad de la Iglesia: quita la autoridad al Papa con el pretexto de dar toda la autoridad a la Tradición, representada en la cabecilla de turno de esta o aquella facción fundamentalista”. (Aleteia)

"Todas la religiones tienen grupos fundamentalistas. Todas. Nosotros también". "Siempre hay un grupito" en las religiones que "destruye desde su fundamentalismo" “El fundamentalismo se define como una contradicción” (Papa Francisco, entrevista en Católico Tertio).


COMENTARIO

Todas las personas somos capaces de cometer las mayores barbaridades que se cometen en el mundo. Para no llegar a esos extremos necesitamos perseverar en la lucha diaria con la ayuda de la gracia que Dios nos alcanza. En esas contiendas que son necesarias para tener paz vamos aumentando nuestro amor a Dios y a los demás. El Señor infundiéndonos la virtud de la Caridad nos ayuda a estar en unos niveles altos de amor y de tener por lo tanto una gran paz.

Cualquiera que se aleja de Dios y no vuelve a Él de inmediato se pone en peligro de caer, cualquiera que sea su condición, sus estudios, su experiencia, “lo que mancha a un chiquillo mancha también a un viejo”

Quienes tenemos un poco más de años hemos visto a personas que de jóvenes fueron muy disciplinados y correctos en su conducta, cercanos a Dios y a la Iglesia, y que luego, por diversas circunstancias, adquirieron una rigidez exagerada al darle demasiada importancia a las costumbres y procedimientos establecidos más que a las personas mismas.

Es comprensible que muchos hayan adquirido una rigidez en un mundo donde hay tantos peligros para todos. La gente se agarra de las tradiciones porque esas costumbres funcionaron en su momento y quieren volver a ellas y no perderlas.

Volver a las costumbres y defenderlas sin que haya prioridad en el amor a las personas es un grave error. Estamos viendo lo que está ocurriendo en muchos lugares: personas que por temor exageraron en controles y sin darse cuenta se convirtieron en fundamentalistas y que luego, por esas rigideces, caen en un estado de depresión. No les enseñaron, o se olvidaron que lo primero es el amor y que sin caridad no hay nada.

Es difícil quitar “el clavo” de un fundamentalista, por su mismo estado no reconoce sus limitaciones, es más bien terco y piensa que los demás están equivocados y que él funciona con una lógica y un criterio correcto de acuerdo a lo que tiene que ser.

Muchos de ellos son anancásticos y perfeccionistas, no es fácil que den su brazo a torcer, sufren mucho cuando se les dice que están exagerando. Habrá que recordarles que “lo perfecto es enemigo de lo bueno” y que hoy se necesitan personas que sean muy comprensivas y misericordiosas, que sepan perdonar y que no hagan nunca, por ningún motivo, acepción de personas. (P. Manuel Tamayo)

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