LAS REFORMAS DE FRANCISCO
“Francisco está
revirtiendo el viejo orden. En lugar de hacer que la Iglesia local deba
responder ante el Vaticano, está haciendo que éste sierva a la Iglesia local.
Ello implica un reconocimiento de las expresiones colegiales de la Iglesia” (Austen Ivereigh, El gran
reformador, pp 1125)
“Un lugar muy
destacado de la agenda del Papa lo ha ocupado la reforma de sínodo, que de ser
un encuentro predecible y sin demasiado interés en Roma cada tres años ha
pasado a convertirse en un reconocido y poderoso instrumento de gobierno
colegial” (Austen
Ivereigh, El gran reformador 1129)
“Francisco ha
introducido la práctica obligatoria de los retiros espirituales para todos los
que trabajan en la Curia…. Está decidido a que el Vaticano modele la cultura
que Francisco desea ver en toda la Iglesia…evitar el arribismo profesional, el
egoísmo, la rivalidad, el chismorreo y la arrogancia…deja a los demás
boquiabiertos cuando se pone a la cola con su bandeja, como todos los
demás…sale a recibir personalmente a sus visitas… (Austen Ivereigh, El gran reformador 1148)
“Un periodista de
la Vanguardia le dijo al Papa Francisco: “Algunos dicen que usted es un
revolucionario” y el Papa le contestó: “Para mi, la gran revolución es ir a las
raíces, reconocerlas y ver lo que esas raíces tienen que decir el día de
hoy”…El radicalismo de Francisco nace de su extraordinaria identificación con
Jesús tras una vida de inmersión total en el Evangelio y en la oración
mística… (Austen Ivereigh, El gran reformador 1159)
“Algunos afirman que quedamos pocos en la
Iglesia; yo les contestaría que, si todos custodiásemos con lealtad la doctrina
de Cristo, pronto crecería considerablemente el número, porque Dios quiere que
se llene su casa. En la Iglesia descubrimos a Cristo, que es el Amor de nuestros
amores. Y hemos de desear para todos esta vocación, este gozo íntimo que nos
embriaga el alma, la dulzura clara del Corazón misericordioso de Jesús…. La
santidad original y constitutiva de la Iglesia puede quedar velada -pero nunca
destruida, porque es indefectible: las puertas del infierno no prevalecerán
contra ella (Mt XVI, 18)… Demostraría poca madurez el que, ante la presencia de
defectos y de miserias, en cualquiera de los que pertenecen a la Iglesia -por
alto que esté colocado en virtud de su función-, sintiese disminuida su fe en
la Iglesia y en Cristo. La Iglesia no está gobernada ni por Pedro ni por Juan
ni por Pablo; está gobernada por el Espíritu Santo, y el Señor ha prometido que
permanecerá a su lado todos los días hasta la consumación de los siglos (Mt
XXVIII, 20)….Si amamos a la Iglesia no surgirá nunca en nosotros ese interés
morboso de airear, como culpa de la Madre, las miserias de algunos de los
hijos. La Iglesia, Esposa de Cristo, no tiene por qué entonar ningún mea culpa. Nosotros sí: ¡mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa!
Este es el verdadero meaculpismo, el
personal, y no el que ataca a la Iglesia, señalando y exagerando los defectos
humanos que, en esta Madre Santa, resultan de la acción en Ella de los hombres
hasta donde los hombres pueden, pero que no llegarán nunca a destruir -ni a
tocar, siquiera- aquello que llamábamos la santidad original y constitutiva de
la Iglesia….El amor al Romano Pontífice ha de ser en nosotros una hermosa
pasión, porque en él vemos a Cristo. Si tratamos al Señor en la oración,
caminaremos con la mirada despejada que nos permita distinguir, también en los
acontecimientos que a veces no entendemos o que nos producen llanto o dolor, la
acción del Espíritu Santo…El que no tiene celo por la salvación de las almas,
el que no procura con todas sus fuerzas que el nombre y la doctrina de Cristo
sean conocidos y amables, no comprenderá la apostolicidad de la Iglesia….Un
cristiano pasivo no ha acabado de entender lo que Cristo quiere de todos
nosotros. Un cristiano que vaya a lo suyo despreocupándose de la salvación de
los demás, no ama con el Corazón de Jesús. El apostolado no es misión exclusiva
de la Jerarquía, ni de los sacerdotes o religiosos. A todos nos llama el Señor
para ser instrumentos, con el ejemplo y la palabra, de esa corriente de gracia
que salta hasta la vida eterna…Pase lo que pase, Cristo no abandonará a su
Esposa. La Iglesia triunfante está ya junto a El, a la diestra del Padre. Y
desde allí nos llaman nuestros hermanos cristianos, que glorifican a Dios por
esta realidad que nosotros vemos todavía en la clara penumbra de la fe: la
Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica ( cfr. San
Josemaría, Lealtad a La Iglesia).
COMENTARIO
Es impresionante ver como el Espíritu Santo
asiste y conduce a la Iglesia en las distintas etapas de la historia y con
Papas que hacen reformas para adentro o para afuera. San Josemaría Escrivá
decía que la Iglesia se está reformando desde el primer concilio en Jerusalén,
Precisamente cuando los apóstoles reciben el Espíritu Santo para cumplir con su
misión de extender la Iglesia por todo el mundo. Todos los cristianos vamos
cambiando con la Iglesia, con la ayuda de la gracia de Dios, que es constante y
no falta nunca.
Todos quedamos impresionados de ver grandes
cambios en la Iglesia durante el Pontificado de San Juan Pablo II, el Papa que desde la Iglesia cambió el mundo que
estaba en peligro de caer en una tercera guerra mundial. Fue el Papa que había
sufrido en Polonia los destrozos de la guerra y de un comunismo aplastante.
Libró a la Iglesia, Junto al cardenal Ratzinger (después Benedicto XVI) de las
confusiones de una mala teología de la liberación y de los errores de una
equivocada interpretación del Concilio Vaticano II. Durante su pontificado
fortaleció a la Iglesia con el florecimiento de nuevas vocaciones y con la
publicación del Catecismo de la Doctrina Católica que combatió los errores que
estaban renaciendo de antiguas herejías y que eran propagadas, con grandes
campañas, por los enemigos de la Iglesia. El Papa Benedicto XVI continuó en la
misma dirección la obra de su predecesor.
El Papa Francisco
pone el acento en los pobres y sensibiliza a los cristianos para que no
caigan en el peligro de la indiferencia o en el de la cultura del “descarte”.
Quiere que la Santa Sede de ejemplo de desprendimiento para que en toda la
Iglesia se viva con austeridad y sin ambiciones personales. A los sacerdotes
les advierte del peligro en convertirse en funcionarios y hacer de la Iglesia
una ONG, les dice que la Iglesia debe estar de salida para llegar a las
periferias y que los obispos dejen de llamarse príncipes, bajen al llano y que
incluso tengan olor a oveja. De un modo valiente y decidido organiza los
cambios, que para algunos son un buen “jalón de orejas”, que sean
convenientes, vive con mucho dolor las injusticias cometidas por sacerdotes o
miembros de la Iglesia por los abusos de pedofilia y acoso sexual que han
escandalizado al mundo. Para todos ellos pide tolerancia 0 y está reuniéndose y
trabajando para que no se repitan esas situaciones dolorosas. Francisco es un
Papa muy cercano a la gente que está limpiando la casa por dentro. En su última
exhortación apostólica “Gaudete et
exsultate” recuerda que Dios quiere que todos seamos santos.
El auténtico amor a Dios de una persona se nota
en un verdadero amor a la Iglesia y al Papa. Con ningún Papa cabe, por parte de un cristiano, una actitud
diplomática, o de tolerancia, es necesario amarlo de verdad.
Quizá a alguno le suene un poco duro, o le
parezca un poco exagerado cuando se dice que el que no comprende al Papa le
falta amor a Dios. Se puede plantear de un modo positivo: el que realmente ama
a Dios tiene un gran amor al Papa sea quien sea, y puede entender claramente lo que dice cuando
les habla a los católicos y al mundo entero.
(P. Manuel Tamayo)
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