EDUCACIÓN RELIGIOSA EN LOS COLEGIOS
*En los colegios donde
se enseña religión
“Cuando se trata de
padres ateos o agnósticos, preocupados más bien de la formación integral de sus
hijos, piden que las clases de religión sean reemplazadas por introducciones a
la ciudadanía o por la historia de las religiones” (Wikipedia).
“En un colegio primero
son los padres, luego los profesores y después los alumnos” (San Josemaría Escrivá).
“El
28 de octubre de 1965 el Concilio Vaticano II aprobó la declaración Gravissimum educationis sobre la
educación cristiana. Ella establece el elemento característico de la escuela
católica: «Esta persigue, en no menor
grado que las demás escuelas, los fines culturales y la formación humana de la
juventud. Su nota distintiva es crear un ambiente en la comunidad escolar
animado por el espíritu evangélico de libertad
y caridad, ayudar a los adolescentes para que en el desarrollo de la propia
personalidad crezcan a un tiempo según la nueva criatura que han sido hechos
por el bautismo, y ordenar, finalmente, toda la cultura humana según el mensaje
de salvación, de suerte que quede iluminado por la fe el conocimiento que los
alumnos van adquiriendo del mundo, de la vida y del hombre»(Congregación
para la educación católica).
“La
escuela católica no puede renunciar a la libertad de proclamar el mensaje
evangélico y exponer los valores de la educación cristiana. Es su derecho y su
deber. Debería quedar claro a todos que exponer o proponer no equivale a
imponer. El imponer, en efecto, supone violencia moral, que el mismo mensaje
evangélico y la disciplina de la Iglesia rechazan resueltamente…Hay también,
jóvenes para los que su permanencia en la escuela católica influye poco en su
vida religiosa; adoptan actitudes no positivas frente a las principales
experiencias de las prácticas cristianas —oración, participación en la Santa
Misa, frecuencia de sacramentos— o adoptan alguna forma de rechazo, sobre todo,
respecto a la religión de la Iglesia” (Congregación para la educación católica).
“Las
formas y el avance gradual en el desarrollo del proyecto educativo están, pues,
condicionados y guiados por el nivel de conocimiento de las situaciones
personales de los alumnos…En la escuela, pues, se trabaja en la formación
completa del alumno. La enseñanza de la religión debe, por lo tanto,
distinguirse en relación a los objetivos y criterios propios de una estructura
escolar moderna…Muchos jóvenes, conforme van creciendo, se alejan de los
sacramentos. Señal de que no los han comprendido. Quizá los juzgan prácticas
infantiles de devoción, costumbres populares acompañadas de fiestas profanas.
El profesor, que conoce la peligrosidad del fenómeno, guía a los alumnos a
descubrir el valor del itinerario sacramental que el creyente recorre desde el
principio hasta el final de su vida. Itinerario que se realiza en la Iglesia, y
por tanto cada vez más comprensible para el alumno a medida que toma conciencia
de su pertenencia a la Iglesia” (Congregación para la educación católica).
COMENTARIO
La
educación de los hijos corresponde fundamentalmente a los padres que son los
primeros y principales educadores, ellos tienen gracia de estado para educar a
sus propios hijos.
Para
la educación religiosa de los niños en un colegio lo primero son los padres.
El
colegio y la capellanía deben estar cercanos a los padres y a las familias de
los alumnos para poder acertar con el complemento de formación religiosa que le
corresponde al colegio.
Si
la familia no existe, desaparece un medio fundamental y esencial para la
formación cristiana del alumno. Es muy difícil que el colegio pueda suplir esta
deficiencia, aunque podrían haber excepciones.
No existen familias homogéneas
Las
familias de un colegio son muy distintas por el origen, las costumbres y el
nivel de vida cristiana.
Se
debe tener en cuenta la enorme variedad de situaciones que se pueden encontrar
en los hogares de los alumnos.
Aunque
el colegio exija ciertas condiciones de idoneidad para la práctica de la
religión, es muy difícil encontrar una homogeneidad de vidas y de criterios
cristianos en las casas de los chicos y mucho menos en la formación cristiana
de los chicos.
La
buena asimilación de la formación religiosa y la vida cristiana de los chicos (los resultados que se ven) depende
fundamentalmente de la familia. El influjo del colegio estará muy limitado si
la familia no funciona.
La
mayor parte de familias que llegan al colegio, en la época actual, tienen serias deficiencias y no pocas
limitaciones en todo lo que se refiere a la religión y especialmente a la vida
cristiana.
El
colegio debe tener en cuenta estas carencias para estructurar un programa que
ayude a los padres a intentar poner los medios para que pueda darse un mejor
ambiente en la casa y así conseguir que los niños den los primeros pasos en su
formación cristiana. Se supone que antes de la matrícula del alumno hay un
acuerdo del colegio con los padres de familia para la educación cristiana de
sus hijos.
En
un colegio la enseñanza de la religión no debe quedarse en una teoría de un
conjunto de conocimientos que los alumnos deben deben aprender, de acuerdo a un programa o a un libro de
religión, con el fin de aprobar el curso. Es necesaria una auténtica
pedagogía de la fe.
¿En qué consiste la pedagogía de la fe?
La
pedagogía de la fe tiene su base en la fe y en la vida cristiana de los papás y
de los profesores. La transmisión de la vida cristiana a los hijos y a los
alumnos se da con la propia vida de fe, de los papás y maestros. Este es el
punto de partida para la educación religiosa del colegio. La escuela y la capellanía
deben apuntar en primer lugar a este punto. Esas son las bases para garantizar
la formación cristiana de los niños.
De
acuerdo a esta realidad, la vida cristiana de los padres y profesores debe
tener prioridad para todo lo que se trabaje en el colegio.
No
basta que en ideario del colegio exista un programa de lo que se debe enseñar y
de las actividades que habría que organizar para que los alumnos reciban esa
formación.
El
esfuerzo personal de los padres y profesores para ser ellos mejores cristianos es
fundamental. Cuando mejora la calidad de vida espiritual de los formadores y lo
demuestran con el esfuerzo que hacen para ir ganando en virtudes, es cuando
ellos consiguen, al mismo tiempo, la
idoneidad y la fortaleza para educar a los niños en la fe.
La situación espiritual de las familias en los
tiempos actuales
Con
una buena sinergia de padres y
educadores se consigue ver en primer lugar que los alumnos de un colegio son
reflejo de los tiempos actuales, de cómo se encuentra la sociedad. Esa es la
primera foto que debe salir nítida.
Después
de ese primer paso se saca, en la segunda
foto, a las familias del colegio y aparecerá el siguiente panorama: Junto a
familias bien constituidas y piadosas, que
suelen ser muy pocas, estarán otras que son disfuncionales y con muchas
complicaciones distintas (madres
solteras, padres con doble compromiso, hijos naturales, separaciones,
agresividad familiar, ateísmo, agnosticismo, etc). No hay que ir muy lejos, hoy por hoy
estas situaciones se encuentran en todos los colegios. A los que no quieran
verlo les tendríamos que decir que “no se
puede tapar el sol con un dedo”.
Ante
esta realidad el colegio debe evitar “formar” para la hipocresía (sin darse
cuenta), como si esa realidad no existiera en el propio colegio.
Otro
paso importante para lograr la ansiada pedagogía de la fe es ver los resultados
de la formación en la vida cristiana de los alumnos y exalumnos. Los logros que
se han tenido hasta la fecha. Habrá mucha variedad. Lógicamente aparecerán en
esos estudios los buenos resultados en algunos casos, pero un buen educador se
pregunta siempre, ¿eso basta?, ¿basta con que les quede algo?, ¿no se podrían
hacer las cosas de otro modo para que los chicos adquieran de verdad las
virtudes cristianas? (P. Manuel Tamayo).
*continuará
en el siguiente artículo.
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