miércoles, 30 de enero de 2019


¡VIENE DE DIOS!

“Les abrió el entendimiento para que entendieran las Escrituras” (Luc 24,45).

“Tomad todas las cosas como venidas de Dios, Nuestro Señor” (San Josemaría Escrivá).

“Para los que aman a Dios todas las cosas son para bien” (Rom. 28-30).

“Dios nos concede los medios para realizar aquello que nos manda y que parece humanamente imposible… nos ayuda interiormente… nos prepara para entrar en ese nuevo proyecto y hacerlo nuestro… (San Juan Pablo II).


COMENTARIO

Es muy difícil que el entendimiento humano pueda comprender los acontecimientos y las decisiones que tienen una dimensión sobrenatural. Lo que es propiamente de Dios se acepta y se quiere solo desde la fe.

El hombre que hace análisis humanos de lo que es propiamente divino no llega a comprender el porqué de muchas cosas que ocurren en el mundo, y que tienen relación con la Iglesia, y corre el peligro de contagiarse de las sandeces que propalan los enemigos de la Iglesia.

Si vamos a la Biblia (que hay que leerla siempre con fe) nos encontramos con el pasaje de José que se entera que la Virgen está en cinta y él no sabía nada ni entendía qué podría haber pasado. Si esto ocurriera hoy, muchísimos dirían que la Virgen se portó mal y le harían ver a José que había sido engañado.

Más adelante cuando el Niño Jesús, de doce años de edad, se escapa de su casa y está perdido 3 días, sus padres y mucha gente estaban muy preocupados. Cuando la Virgen lo encuentra le dice: ¿Por qué nos has hecho esto? Y Jesús le responde: “no sabes que debo ocuparme antes en las cosas que son del servicio de mi Padre” La Virgen seguía sin entender pero “ponderaba las cosas en su corazón” que era como decir: acepto, hay algo bueno y muy bueno que yo todavía no puedo entender.


La lógica de Dios no es la humana
Hay muchas cosas muy buenas, que tienen una dimensión sobrenatural y no se pueden entender de inmediato con la sola razón, sin embargo el ser humano insiste en buscar explicaciones y muchas veces tiende a juzgar de un modo negativo lo que no comprende, sembrando dudas a los que le escuchan.

Cuando fallece un Papa se empiezan a escuchar las conjeturas de los analistas humanos que miran las cosas con una “lógica política” calificando a los posibles candidatos de acuerdo a sus trayectorias, (es de la derecha, es de izquierda, es amigo de un régimen de gobierno, es cercano a la gente, etc). Van armando la figura ideal de acuerdo a los datos que ellos han recogido. Pero luego viene la sorpresa y la realidad es distinta.

Sucede lo mismo con el nombramiento de los obispos, sobre todo de las sedes que se consideran más importantes. Se multiplican las teorías calificando y comparando a las personas y no captan, para nada, la gran dimensión sobrenatural de esos nombramientos o de esos acontecimientos.
Si miramos un poco para atrás, nos daremos cuenta que Jesucristo es el Señor de la historia y además es el fundador de la Iglesia. Jesucristo ha escogido a personas para que le ayuden en la gran tarea de la Redención: salvar a las almas de la esclavitud del pecado y conseguir que alcancen la vida eterna de felicidad.

Escoge a seres humanos con defectos y miserias. Escoge a un Pedro que lo negó a un Tomás que dudó de Él, a un Judas que lo traicionó, llama a Pablo de Tarso que era un asesino y perseguidor de cristianos y más adelante llama a Agustín que vivía sumergido en los vicios.

Hoy muchos analistas habrían puesto el grito en el Cielo, ¡cómo se le ocurre llamar a esas personas! habrían dicho escandalizados y “rasgándose las vestiduras”.

En la historia del cristianismo a lo largo de los siglos vemos que Dios escoge de una manera distinta a su gente. Los hombres exigimos un curriculum vitae y una trayectoria honesta de vida. Las hojas de vida son todas “inmaculadas”, pero luego vemos los fallos y los errores que se cometen. El hombre pide condena para el que falla. Dios pide fe y humildad, sabe perdonar y acoge con misericordia a la persona arrepentida para darle otra oportunidad. 


¿A quiénes escoge María?
En todas la apariciones de la Virgen encontramos videntes que no son unas lumbreras desde el punto de vista humano y a ellos se les confía lo que se debería hacer para cambiar el mundo. Juan Diego era un campesino inculto y gracias a él conocemos el mensaje de la Virgen de Guadalupe que ha tenido una enorme repercusión en el mundo. Bernardette de Lourdes era una niña enferma y de una familia muy pobre. Hoy el Santuario de Lourdes está repleto de peregrinos que buscan la salud y el consuelo de la Madre de Dios. Lucía, Jacinto y Francisco, eran los tres pastorcitos del gran mensaje de Fátima sobre los destinos del mundo.

Decía San Josemaría: “Dios escribe con reglones torcidos”. No debemos poner lo divino en las teorías de la lógica humana. Dios sabe mucho más que nosotros.

En Prelado del Opus Dei les decía a los jóvenes con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá, que confíen en Dios porque “él nos lleva a un buen final, también a través de las circunstancias y vicisitudes que a menudo son misteriosas para nosotros. Detrás de los grandes interrogantes, Dios quiere abrirnos un panorama de grandeza y de belleza, que se oculta quizá a nuestros ojos”

Que estas consideraciones nos ayuden a querer cada día más a la Iglesia y al Papa con el propósito de ser muy buenos hijos de Santa María (P. Manuel Tamayo)


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