martes, 14 de julio de 2020

LAS MENTIRAS DISFRAZADAS

“Cada ciudadano debería estar alerta para no replicar información falsa. La mentira y la falsedad suelen ser especialmente atractivas y volverlas virales implica un daño creciente. Por una razón relacionada con nuestra naturaleza humana las noticias falsas tienen alta probabilidad de ser compartidas” (El Mundo Com).

“La verdad siempre ha tenido menos defensores y es más sencilla y menos seductora, por eso decimos también que la verdad duele y en cambio la mentira alivia el dolor y recubre los hechos con una capa frívola que permite evitar los sobresaltos” (El Mundo com).

“La principal fuente de mentiras es el sesgo político o ideológico. La pregunta inicial debe ser siempre: ¿a quién favorece una noticia o un enunciado? Quienes nos mienten permanentemente se disfrazan de bienestar supremo y opción única” (El Mundo Com).

 

COMENTARIO

Mentir siempre es deplorable venga de donde venga. Hay mentiras chiquitas y mentiras grandotas. Se puede mentir a una sola persona y también a miles o millones de personas. Algunos mienten por temor, muchos por oficio y otros con intenciones maléficas y perniciosas.

Existen también las mentiras “piadosas”, que no tienen categoría de mentira porque lo que se pretende con ellas es hacer un bien al que la recibe (por ejemplo no informarle a una persona enferma de la muerte de un ser querido porque, por la impresión, podría poner en peligro su salud). Una mentira piadosa es la afirmación falsa proferida con intención benevolente. Suele tener como objetivo el tratar de hacer más digerible una verdad tratando de causar el menor daño posible.

 

Es culpable el que calumnia

El octavo mandamiento nos enseña a no levantar falso testimonio ni mentir. La persona que calumnia está levantando un falso testimonio. Está mintiendo para acusar a una persona. Quien usa sus artes, cambiando las cosas o exagerando la falta, para culpar a alguien y agrandar su condena, comete un pecado grave y debe en justicia reparar el daño causado.

 

Transparencia y sinceridad

Quien busca la manera de enseñar algo presentable elaborándolo con medias verdades está mintiendo. La virtud de la veracidad llama a la sinceridad. Las cosas son como son. Puede ser prudente retrasar una información para evitar una estampida, pero en algún momento habrá que decir la verdad, aunque sea dura. Ocultar algo que se debe informar puede traer muy malas consecuencias. De un mal no se puede sacar algo bueno. Muchas cosas se han complicado por no haber dicho la verdad a tiempo.

 

Decir la verdad a los hijos a tiempo

A la hora de educar a los niños hay que tener en cuenta lo que ellos pueden entender y recibir. No se pueden soltar las cosas de cualquier manera. Qué útiles y buenas son las conversaciones entre padres e hijos, a su debido tiempo y momento, para decirles todo lo que deben saber. Ocultar verdades a los hijos puede traer daños considerables y la pérdida de la autoridad para los padres. La verdad siempre se agradece, aunque no se entienda en primera instancia.

Para que los hijos sean sinceros y transparentes es necesario que los padres lo sean primero. La honestidad y sinceridad de los papás es la mejor escuela para formar la conciencia de los hijos.

 

La veracidad en las autoridades y maestros

La honestidad, la trasparencia y amor a la verdad son exigencias incondicionales para las autoridades, los abogados, los maestros y todos los que tengan que ver con la educación y la administración de justicia.

El prestigio de una autoridad es precisamente su honestidad y amor a la verdad. Las mentiras habituales de una autoridad son el espejo de su propia corrupción, si se jala el hilo de la madeja empezarían a salir al aire, para conocimiento de todos, muchas acciones deshonestas cometidas a lo largo de su vida.

Conocemos historias de mandatarios y otras autoridades que vivieron disfrazados de honestidad apoyando campañas de lucha contra la corrupción. Estaban viendo “la paja en el ojo ajeno” y no repararon en la gran “viga” que tenían en el propio ojo.

Hoy, como nunca, la mentira sabe disfrazarse bien y lo peor es la credulidad de un pueblo engañado y convencido de la honestidad de sus líderes. Hay un engaño brutal a nivel mundial apoyado por grandes capitales y una propaganda subliminal motivada por sustanciosos negociados y planes maléficos.

Es triste la indulgencia de personas buenas, que tal vez por ser tan buenas, no perciben la malicia de los “sembradores impuros del odio” que cada día tienen más cabida por los buenos disfraces que utilizan para parecer leales y honestos. Como se dice constantemente en las Sagradas Escrituras: “el que pueda entender que entienda” (P. Manuel Tamayo).

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