PRESENCIAS DESATINADAS
“Los nuevos focos
de contagio se están produciendo en las visitas a familiares o amigos en los
domicilios. Lo que ocurre es que la gente se confía porque son personas
conocidas. No guardan la distancia y no usan mascarilla, pero la realidad es
que no se puede bajar la guardia”, (Dr. César Munayco)
“Hay que recordar
que los asintomáticos también pueden contagiar. Nosotros no sabemos de dónde
viene la otra persona o qué cuidados haya tenido” (Dr. César Munayco).
“Últimamente
en España el 26% de los casos positivos surge en el ámbito familiar (frente al 17% que se contagió en entornos
como lugares de ocio y el 15% que lo hizo en sus lugares de trabajo). Aún
se desconoce el origen de múltiples contagiados por lo que este porcentaje
podría ser mucho mayor. De hecho, en España el 45% de los 123 brotes de
coronavirus activos a mediados de julio tenía su origen en el ámbito familiar, según informó el ministro de Sanidad,
Salvador Illa” (El
Mundo, España).
“En
el Perú, desde que se quitó la cuarentena se han infectado alrededor de
24,000.00 niños y han fallecido más de un centenar” (MINSA)
“La sensatez es la cualidad que tienen las
personas que muestran buen juicio, prudencia y madurez en sus actos y
decisiones” (Diccionario).
COMENTARIO
Cuando a diario vemos aglomeraciones en los
paraderos de ómnibus, en las calles llenas de ambulantes y en los mercados, nos
da mucha pena porque el sentido común nos dice que se van a multiplicar los
contagiados y los muertos, y eso es lo que está sucediendo.
Cuando al final de la cuarentena se dejó en
libertad a la gente apareció un nuevo foco de infección en las visitas
familiares y a los amigos. Solo se puede pensar que mucha gente no tenía el
criterio suficiente para darse cuenta de la agresividad del virus y por lo
tanto, con un exagerado voluntarismo,
quisieron dar aires de normalidad antes de tiempo.
Cuando se puso nuevamente confinamiento para el
domingo y la policía tuvo que dedicarse a intervenir en más de 300 fiestas con
distintas modalidades, donde también
había abundante licor y droga, solo queda ponerse muy tristes al ver la
falta de responsabilidad y madurez de un buen sector de la población.
Peor cuando nos enteramos que entre los jóvenes
se puso de moda las “fiestas Covid”
donde se apostaba a ver quién se contagiaba primero; una especie de “ruleta rusa” de gente que muy
probablemente tendrá serios problemas psicológicos y ausencia de ayuda
familiar.
La sensatez y
prudencia de los buenos (que son la mayoría)
No todos son así indudablemente. Hay mucha
gente sensata que se porta muy bien y que podrían realizar sus actividades con
prudencia y sin peligros. Estas personas se pueden mover perfectamente y no es
necesario que se las someta a confinamientos estrictos. Ellos son responsables
de sus propias acciones y los demás podemos confiar. Son los pasos que se deben
dar en una sociedad con los que se pueden organizar bien sin ocasionar ningún
problema.
Enfermarse o perder
la vida por imprudencia
Es lamentable que la temeridad de algunos haya costado
vidas y tragedias familiares por la pérdida de algún ser querido.
Para evitar problemas las empresas hacen firmar
a sus trabajadores unos documentos donde ellos admiten su responsabilidad si les
ocurriera algo. Los que no quieren
perder su trabajo se ven obligados a firmar y viven angustiados con el temor de
contagiarse. Los problemas se han multiplicado cuando, a pesar de todos los cuidados, han habido contagios.
En esta pandemia, cuando la incertidumbre crece, muchas familias viven asustadas. En
algunos hogares los contagios fueron masivos y con pérdidas irreparables. Es muy triste ver, que por un descuido tonto, se pierde la vida de un ser
querido, o de varios miembros de la familia.
Los estragos de un voluntarismo
extendido
El voluntarismo del relativismo es una
inquietud que deja de lado a la inteligencia para tomar decisiones que son como
caballazos inoportunos en aras de la
“libertad” y “sintiendo” equivocadamente
que “no va a pasar nada” que son exageraciones y que ya se puede hacer
todo presencial.
Es lógico pensar que lo presencial es mucho
mejor que lo virtual, sin embargo es desatinado no asumir los protocolos de una
pandemia, mientras esta persista, que
podrían incluso permanecer durante meses o años, como en las guerras mundiales.
La actitud sensata debe responder a la realidad
del día a día, y no a las costumbres de la vida normal, que tendrían que
esperar a que las situaciones mejoren. No es cierto que las personas van a
empeorar cuando están restringidas a unos protocolos de confinamiento para
evitar situaciones graves que ponen en peligro su vida.
Las personas mejoran
o empeoran dentro de las circunstancias que les toca vivir.
Para las distintas circunstancias hay
procedimientos adecuados, para que las personas vivan en armonía en medio de
esas limitaciones, que en muchos casos, por
no decir en la mayoría, son una bendición porque arreglan muchos aspectos
de la vida personal.
En situaciones graves se puede crecer en
determinadas virtudes y sobre todo en las que se refieren a la vida de piedad y
a las relaciones humanas.
Los nerviosismos de querer “modificar” la
realidad con una conducta rebelde frente a una situación grave, son actitudes voluntaristas
que pueden empeorar las cosas desatando problemas irreparables.
También es admirable comprobar, y hay que destacar, la magnífica
conducta de personas que libremente se desplazan para atender obligaciones
familiares o profesionales cuidando bien los protocolos establecidos para no
contagiarse ni contagiar.
Las gracias
extraordinarias de la Providencia
Frente a esta realidad está la intervención
continua de la Providencia, sobre todo en las situaciones donde hay más
gravedad y urgencia.
La oración de unas religiosas contemplativas
frente al Sagrario de su convento tiene una fuerza increíble, igual la Santa
Misa que celebra un sacerdote solo (que
puede ser oída por los medios virtuales. Ojo que el valor de la Misa está en la
celebración y no en el número de la gente que la escuche).
En la Santa Misa, que el sacerdote celebra solo, está toda la Iglesia Universal y si el
sacerdote pide por los enfermos de la Pandemia, unido a la oración de mucha
gente, allí está Dios escuchando esas
peticiones; muy atento a la oración de sus hijos que piden con urgencia. Tal
vez está faltando más conciencia en esta realidad ¡tan importante! Para que
todo mejore.
Hoy, mucha gente, incluso católicos de Misa y comunión, que se olvidan o saben poco
del valor y de la eficacia de los medios sobrenaturales.
Es bueno recordar que los enfermos que están en
UCI, aunque no tengan nadie al lado,
están acompañados de Dios y de la Virgen María, y cuando los familiares rezan por él, le están
dando la mejor ayuda que puedan recibir para esos momentos.
Si cualquiera de nosotros se enferma de COVID,
le diríamos a nuestros seres queridos: “no
se me acerquen”, “no vengan a verme” “pero…¡no dejen de rezar! ¡la mejor
compañía son tus oraciones!”
Es muy comprensible, y a la vez penoso, cuando vemos que predomina el sentimiento del
voluntarismo con las consecuencias que eso trae.
Este panorama de inquietudes y desasosiegos nos
da también una luz para saber ¡Cuánto
tiene que hacer la educación! para formar la conciencia de las personas de
acuerdo a la realidad que se está viviendo. (P. Manuel Tamayo)
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