EL CÁNCER DE UN FALSO OFICIALISMO
“Quien pretenda
cristianizar su ambiente sin partir de una relación personal con Cristo
encontrará el fracaso más absoluto” (Mariano Fazio, Transformar el mundo desde dentro, p. 56).
“Si no aprendemos de Jesús, no amaremos nunca.
Si pensásemos, como algunos, que conservar un corazón limpio, digno de Dios,
significa no mezclarlo, no contaminarlo con afectos humanos,
entonces el resultado lógico sería hacernos insensibles ante el dolor de los
demás. Seríamos capaces sólo de una caridad oficial, seca y sin
alma, no de la verdadera caridad de Jesucristo, que es cariño, calor humano” (San Josemaría Escrivá, “El corazón de Cristo, paz de los
cristianos, n. 167).
“Muchos que son fieles a las estructuras
eclesiales no son fieles con Dios” (Benedicto XVI).
“¿Eres abierto? O ¿eres un cristiano
funcionario? ¡cerrado! aunque siempre dices: “yo voy a Misa, comulgo, me confieso…¡yo estoy en regla! ” Estos son los cristianos funcionarios,
aquellos que no están abiertos a las sorpresas de Dios, aquellos que saben mucho
de Dios pero no se encuentran con Dios, aquellos que nunca se asombran ante un
testimonio. Al contrario son incapaces de dar testimonio” (Papa Francisco, Santa Marta 2019).
“Solo
los enamorados de Jesús lo anuncian con profunda convicción” (R. Cantalamesa, Cuaresma 2019).
COMENTARIO
Muchas estructuras
humanas de nuestra sociedad contemporánea tienen, desde hace tiempo, un grave cáncer con metástasis. Es muy difícil
curarlas porque quienes están en ellas no están dispuestos, viven enfermos y se
están destruyendo solos. Piensan que si son “fieles” a una tradición, de sistemas y procedimientos, y al estar
“amparados” por la ley y el consenso de unos pocos, todo va a mejorar.
No se puede hacer
nada si no se empieza por una reflexión personal y sincera, que lleve reconocer y aceptar la realidad tal como es; “no
podemos hacer cosas malas y decir que son santas” decía San Josemaría y
habría que preguntarse con bastante frecuencia: “y esas cosas que se creen
santas ¿realmente lo son?”
No se trata de poner
en tela de juicio la rectitud de las personas, sino la posibilidad de pudiera
existir una “santidad artificial” o mentirosa, de gente que no está realmente
enamorada de Dios, aunque vivan entre las cosas de Dios con un cartel de
oficialidad que les da un aparente “prestigio”, o la seguridad de pertenecer a
una agrupación que los proteja.
El que no tiene amor a Dios no consigue nada
Está claro que
nadie da lo que no tiene. En que no está enamorado de Dios no consigue nada
para Dios. “La vida espiritual, como la vocación, no es nunca
individualista. El crecimiento en intimidad con Dios va paralelo al crecimiento
en afán apostólico”, (Mariano Fazio, “Transformar el mundo desde dentro” p. 57).
La actividad de un “funcionario” en temas espirituales
puede quedarse en el empeño “proselitista” de querer “enchanchar” a alguien a un grupo o institución, pensando en un
posible provecho o beneficio, para que el
grupo o la institución sea más fuerte, o pueda alcanzar un mayor protagonismo
social en los ámbitos donde se desarrolla.
En cambio el
apostolado de una persona que está enamorada de Dios es un contagio de amor que
remueve a la persona que está tratando y ésta se siente libre y agradecida por
ese “empuje” recibido que lo hace más
libre.
El que ama a Dios
busca y quiere lo mejor para los demás, respetando
siempre la libertad, para que las personas interesadas encuentren el camino
que Dios quiere que sigan.
Hoy, en la Iglesia, personas piadosas y muy
buenas, que aspiran sinceramente a la
santidad, pueden encontrarse rodeadas de “funcionarios”, que han perdido el amor a Dios, y, en
no pocos casos, “estos funcionarios” son los que algunas veces deciden, y hasta dirigen la vida de los que están
realmente enamorados de Dios.
Urge rezar más
Todos los
cristianos debemos rezar más para que haya más fidelidad y autenticidad
cristiana dentro de la Iglesia, y pueda curarse el “cáncer” de los que están sin amor, desvirtuándolo todo y confundiendo
a los más sencillos.
Empecemos por
nosotros mismos siguiendo el sabio consejo que dice: “¿queremos ser más? ¡seamos mejores!”.
Es necesario
aclarar que no se debe buscar ser más para tener poder, o sentirse
protagonistas de la historia; lo importante y urgente es que aumenten las
personas buenas, con la conversión de los que se encuentran lejos, para que
puedan volver como el hijo pródigo a la casa del Padre, que es estar libres y
felices al lado de Dios.
A todos nos toca
trabajar bien, como decía el recordado
Papa Juan Pablo II, para poder
construir lo más rápido posible, la nueva civilización del amor.(P. Manuel Tamayo)
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