DE PAMPLONA A LIMA
Un
retorno temporal en 1975
La programación de las actividades sacerdotales estaba hecha para todo el año 1975. Antes del año nuevo recibí mis encargos. Igual que los demás sacerdotes tenía varias labores que atender: meditaciones, clases, retiros, confesiones, etc.
El P. Honorio que era el director espiritual no sabía qué hacer cuando todos los que no éramos españoles tuvimos que volvernos a nuestros países de inmediato.
En la Torre I, donde yo vivía, le tenía que dejar todo el trabajo de atender a los sacerdotes a Antonio Ariza, que también se había ordenado conmigo. Después de esas gestiones de último momento rápidamente hice las maletas y me fui a la estación del tren para viajar a Madrid donde tenía que tomar el avión. Me acompañó Pepe Tejada, que retornaba a México.
“¡Señor, que vea!”
En diciembre de ese año San Josemaría nos había pedido que repitiéramos la jaculatoria del ciego del evangelio, “¡Señor que vea!” y que añadiéramos: “¡que veamos todos y que vean muchos!”
Días antes de partir me había comunicado con Lima para anunciar mi retorno. Fue también una sorpresa para ellos, yo estaba haciendo el doctorado en Pamplona e iba cursando recién el primer año, no tenía mucho sentido que regresara a Lima si no había terminado.
En esos escasos días, bastante apretados, pude tener conversaciones con el director de mi tesis, el P. Jesús Ferrer, para empezar a elaborarla y poder terminarla a tiempo. Me dijo, con mucho aplomo y seguridad, que en Lima podía avanzarla y tenerla casi lista para cuando volviera. La verdad es que me animó mucho y me propuse trabajarla muy bien. La tesis se tituló: “La relación entre el pecado y el vicio en la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino”
Yo tenía una sensación ambigua, por un lado veía que era importante continuar con los estudios para acabar bien el doctorado que había empezado y por otro lado el volver a Lima, era alegría de volver a mi país después de 6 años de ausencia, y poder nuevamente ver a ver a mi familia y a mis amigos.
Estaba
convencido que pronto podría volver nuevamente a Pamplona para terminar lo que
había dejado estancado.
En Lima, las cosas no iban tan bien. Todavía gobernaba Juan Velasco Alvarado. Ese año confiscaron los diarios y los canales de televisión. A unos cuantos periodistas, entre los que se encontraba Federico Prieto, los deportaron a Buenos Aires. Se habían nacionalizado varias empresas y muchas tierras pasaron a ser administradas por campesinos que se reunían en cooperativas para sacar adelante sus proyectos; todo fue un fracaso y había un descontento general.
Llegando a Lima
Llegué al aeropuerto Jorge Chávez y estaban allí mis padres para recogerme. Los había visto hacía unos meses cuando fueron a mi ordenación en Barcelona. Mis hermanos estaban gigantes, Augusto y Guillermo, terminando sus estudios universitarios, mi hermana Teresa se había casado hace dos años con Gerardo Figuerola, los casó el P. Alberto Clavell, mi hermano Roberto había terminado el colegio y Rosita, mi hermana menor, era escolar todavía.
Encontré al país bastante venido a menos. Me impresionó ver las calles descuidadas, sucias y llenas de combis. Lima había perdido su encanto, ya no era la ciudad de las flores. Eran las consecuencias de los último 7 años del gobierno militar de corte socialista. En los ambientes políticos se “rumoreaba” la inminente caída del Velasco.
Trámites para la primera Misa solemne en
Lima
Se apuraron los trámites para que celebrara una Misa Solemne en Lima. Sería en la Iglesia del Colegio de Belén, don de estudiaron mi madre y mis hermanas, que estaba ahora a unas pocas cuadras de la casa de mis papás. Mandamos hacer las estampas y las invitaciones. Sería para el 4 de abril.
El país empezó a entrar en conflicto. En febrero hubo una huelga de policías y las turbas salieron para robar en las tiendas. Tuvo que intervenir el ejercito y hubieron heridos y muertos.
El 28 de marzo de 1975 San Josemaría cumplía sus bodas de oro sacerdotales, era viernes santo y pasó el día rezando y agradeciéndole al Señor su fidelidad:
“una mirada
atrás… un panorama inmenso…tantos dolores y tantas alegrías; y ahora, ¡todo
alegrías!, porque el dolor es como el martilleo del artista que quiere hacer de
nosotros un crucifijo, el Cristo que hemos de ser”
Última visita de San Josemaría a Torreciudad
En mayo de 1975 San Josemaría recibió de su tierra natal Barbastro, la medalla de oro de la ciudad. En esas circunstancias se encontraba dolido porque le dieron la noticia de la muerte del P. Salvador Canals, a quien quería mucho.
Visitó también Torreciudad por última vez, allí fue cuando pidió, que en la capilla de los confesionarios se pusiera un mosaico de la Virgen de Guadalupe. Le acompañaban D. Álvaro del Portillo, D. Javier Echevarría y un mexicano, Alberto Pacheco.
San Josemaría dijo: “cuando esté listo el mosaico de la Virgen vendremos los tres para bendecirla” Alberto Pacheco pensó en ese momento que los tres serían: San Josemaría, D. Álvaro y D. Javier, como era lo lógico.
Pero, el mes siguiente San Josemaría se fue al Cielo, y cuando estuvo el mosaico listo, fueron a Torreciudad, para cumplir con el encargo, los tres: D. Álvaro, D. Javier y Alberto Pacheco. (P. Manuel Tamayo)
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