DESPERTAR EN EL OLIVAR Tradiciones y Olivares 1977- 1978
En 1977 el club Saeta pasó a una casa
nueva y grande en la av El Rosario de San Isidro, frente al colegio Santa
Ursula, y al lado de la academia de Natación de Walter Ledgard. Al poco tiempo
se construyó en el jardín posterior una loza para jugar fulbito, que fue la
atracción de chicos y grandes.
En esos tiempos juveniles, los más
grandes, de Tradiciones y del Saeta,
estaríamos entre los 20 y 30 años de edad.
En la Escuela Naval
El Almirante Parodi le pidió al P. Pazos
para que algún sacerdote pudiera atender a los cadetes de la Escuela Naval, sin
que necesariamente se asimilara a la marina.
En la Escuela Naval estaba de capellán
el P. Armando Subauste, que tenía un grado militar y pertenecía a la Vicaría
General Castrense. El obispo era Mons. Alcides Mendoza, que tenía grado de
General.
A la escuela Naval fueron los padres
Jaime Payeras y Jesús Alfaro. Yo seguía de capellán en el colegio Markham hasta
que vino el cambio, el P. Alfaro pasó al colegio y yo a la marina. Hubo una
pequeña ceremonia en el despacho del director de la escuela naval para
oficializar el cambio.
Todos los días por las noches el P.
Payeras y yo en un Volkswagen íbamos a la escuela Naval para atender a
los cadetes, y los días domingos celebrábamos la Santa Misa para los que
estaban de guardia. Hicimos muchos amigos; fue para nosotros una experiencia
muy grata, que recordamos con mucho cariño. También teníamos un trato habitual
con Mons. Alcides Mendoza, que después fue nombrado Arzobispo del Cuzco.
Visitas a casa de mis padres
En casa de mis padres había muchas expectativas.
Mi papá había sido “jubilado” de la Corte Suprema por una ley que dio el
General Velasco, reduciendo la edad de Jubilación, para poder colocar a
personas que a él le interesaban.
El General Morales Bermudez, que estaba
en la junta de gobierno había convocado elecciones para 1980 y todo apuntaba al
retorno de la democracia.
A mi padre le pidieron que retornara a
la corte Suprema, pero el desistió, el año 80 cumplía 70 años y volvería a
tocarle la jubilación. Se dedicó en esos años a un trabajo de asesoramiento en
la Beneficencia pública del Callao.
Mi hermano Augusto ya se había recibido
de abogado y estaba en la carrera judicial, Guillermo como Ingeniero Civil, mi
hermana Teresa tenía a sus hijos recién nacidos, Roberto, estaba terminando derecho
en la San Martín y Rosita, mi hermana menor, estaba todavía en el colegio.
Procuraba visitar a mis padres una vez a
la semana a la hora del almuerzo. Mi madre se esmeraba en atenderme rápido,
para que pueda continuar con mi trabajo sacerdotal.
De Tradiciones a la casa de enfrente
En verano de 1977 nos pasamos a la casa
de enfrente. En el Centro Cultural Tradiciones se quedaron los universitarios
con Jorge Gandolfo, Jaime Cabrera, Domingo
Fataccioli, José Carlos Klauer, Pablo Delgado y otros.
A la casa de enfrente, que estaba
cubierta por una enredadera de hiedra, que había pertenecido a Don Jorge
Velaochaga y que fue ocupada por el Club Saeta, durante unos años, nos pasamos Oscar Sebastiani, Henry Bullard y
yo, para ampliar la labor con escolares.
En el jardín lucía todavía la cabaña que
construyó Jorge Gandolfo para el Saeta, no pudieron llevársela a la nueva sede
del club y se quedó para nosotros; nos vino muy bien porque nos sirvió para
realizar nuestras actividades con niños y adolescentes de distintos colegios de
Lima.
Esa casa, era una delicia para todos
nosotros y para los chicos que empezaron a venir. Los chicos se sentían en su
casa, llegaban y se metían por todos los rincones. Los escolares que iban por
Tradiciones se pasaron con nosotros: Erick
Medina, Juan Antonio Bermejo, Emilio
Arizmendi, Pancho Pulgar, Miguel y Rafael Dumet, Alberto Cornejo, Sandro
Macassi, Mariano Jordán, Benito Rosi, Sergio Salas, Álvaro Maurial, Bernardo
Schwartzman, los hermanos Garro, entre otros.
Los fines de semana organizábamos con
ellos parrilladas nocturnas con las canciones de moda de los años 60 que
todavía las tocaban en Radio Miraflores y en 11.60 FM.
La casa nos parecía a todos super grata,
era estilo inglés, con un living enchapado en madera y un oratorio pequeñito y
muy recogido. San Josemaría estuvo allí de paso y le gustó mucho. En la cabaña,
que ocupaba parte del jardín, organizamos
los famosos concursos culturales inter escolares, que tuvieron un éxito
increíble, porque movilizaron a cientos de chicos de distintas edades. En la
misma cabaña teníamos las proyecciones de las tertulias de San Josemaría.
Estábamos difundiendo mucho su vida santa cara a su beatificación.
A las actividades que organizábamos participaban chicos de diversos colegios particulares de Lima
La actividad emblemática era el Concurso
Cultural inter escolar. Cada colegio participaba con un equipo que estaba
formado por chicos de 3er. 4to y 5to de media, que eran escogidos según el
conocimiento de los temas del concurso. Había especialistas en matemáticas, literatura, historia, biología,
geografía, política y amenidades.
Las preguntas de más puntaje eran,
lógicamente las más difíciles. Ellos escogían en el tablero el tema con el
puntaje deseado. Si acertaban podían seguir escogiendo. Algunas veces en el
sobre de la pregunta escogida había una tarea que tenían que realizar, que les
subía el puntaje.
El Concurso Cultural se volvió viral en
los ambientes de determinados colegios, tanto que el dueño de Radio Miraflores,
que estaba de moda en esos años,
asistía a algunas sesiones y se quedaba admirado de la participación y del
interés que ponían los chicos.
Fue durante varios años la actividad más
importante que teníamos con los escolares.
Los colegios ganadores eran felicitados y premiados en sus propios
planteles con una ceremonia especial. Bastantes chicos que habían participado
del concurso se quedaron luego a los medios de formación que el Centro les
ofrecía.
Cada cierto tiempo organizábamos un
paseo o campamento para los chicos y desde luego no faltaban todos los fines de
semana los partidos de fulbito en la cancha que el Saeta recién había estrenado.
El nacimiento de
“Olivares”
Ese mismo año, en fiestas patrias, la
casa cubierta por una enredadera, de la Av. del Bosque 386, empezó a llamarse
“Olivares”, se convirtió en un Centro más del Opus Dei en Lima para gente
joven. El primer director fue Guillermo Campana (hoy Padre Campana), el su director era Oscar Sebastiani Vargas, el
Secretario, Juan Antonio Bermejo y el sacerdote, un servidor.
El Club Saeta seguía teniendo sus
actividades con niños y adolescentes. Organizaban continuamente campamentos y
viajes por todo el Perú. De acuerdo a la edad estaban divididos en Marinos, que
eran los mayores, luego los grumetes y los polizones, que eran los más
pequeños. En el Club estaban Antonio
Abruña, (actúan Rector de UDEP), Carlos
Santa María, Manuel Tudela, Ramiro Velaochaga, Andrés Haaker, Ricardo Hage (el
Padre Hage), Miguel Ferraro, Abraham Zavala, entre otros.
Tradiciones, Saeta y Olivares eran
centros para gente joven y estaban relativamente cerca, en la zona del Olivar
de San Isidro. Pasarón por allí cientos de chicos de colegio y universidad.
Esos años fueron como un despertar en el
Olivar, desde donde se inicia una suerte de diáspora, de los que se llevaron
consigo una formación centrada en Dios, para ser luego testimonios de vida
cristiana en muchos hogares y trabajos.
Hoy, la mayoría de esos chicos,
recuerdan con mucho cariño, esos años juveniles que pasaron en los Centros del
Opus Dei, aprendiendo a ser buenos cristianos. (P. Manuel Tamayo)
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