ESPERANDO QUE LLEGUE
LA HORA
“La
puntualidad es la cualidad de una persona de tener cuidado y diligencia en realizar las
cosas a su debido tiempo” (Diccionario).
“La espera angustiosa es un padecimiento que se
describe bastante bien, y que mucha gente considera un rasgo de carácter, o de
personalidad. Es la gente “que se preocupa mucho”. Una señora que oye toser a
su hijo e inmediatamente sospecha una grave enfermedad, la persona que cuando
espera a alguien que se demora lo atribuye siempre a un grave accidente… Como
rasgo de carácter, son
las personas que llamamos ansiosas, que suelen tener una visión pesimista de la
vida…” (Mónica Gorenberg ).
“No podemos levantarnos por la mañana si no
tenemos una ilusión por la que enfrentar el día…Sin ilusión el futuro es un presente indefinido y un camino cansado, una
órbita de adversidades que no
querríamos enfrentar” (Cristina Medina
Gómez).
“La esperanza es un estado de ánimo optimista en el
cual aquello que deseamos o aspiramos nos parece posible. En este sentido, la esperanza supone tener expectativas
positivas relacionadas con aquello que es favorable y que se corresponde con
nuestros deseos” (Diccionario).
“La esperanza es la
virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna
como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y
apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del
Espíritu Santo. “Mantengamos firme la
confesión de la esperanza, pues fiel es el autor de la promesa” (Hb10,23), (Catecismo de la Iglesia Católica n. 1817).
COMENTARIO
En la vida nos encontramos situaciones en las
que se requiere esperar prudentemente un tiempo para que nuestra intervención
sea acertada, en otras circunstancias no se puede esperar más porque la
prudencia exige intervenir. No está mal en refrán que nos aconseja ser “prudentes como las serpientes y sencillos
como las palomas”. Está claro que la prudencia es intervenir en el momento
preciso, no antes ni después.
Por otro lado es oportuno tener en cuenta que
para las grandes metas y para los grandes ideales siempre hay un compás de
espera. El ser humano espera algo mejor todos los días. Muchas veces lo expresa
con ansias: “¿cuándo llegará el día?, ¿Cuándo
volverá la persona que tanto amo? ¿cuándo me pagarán lo que me deben?
La meta más alta
El deseo más grande del ser humano debe ser
alcanzar el fin para el que fue creado, es decir: conseguir los medios para
llegar al Cielo y gozar en la vida eterna de la mayor felicidad que es ver a
Dios cara a cara. Mientras en la tierra recorre el camino que lo lleva a esa
gran meta su deseo aumenta de día en día
y terminará cantando y rezando con el salmo: “¿Cuándo iré y veré el rostro de Dios?”.
Para lograr su fin el hombre necesita de la
virtud infusa de la Esperanza que Dios otorga al que se la pida con humildad.
La lucha y el
esfuerzo de cada persona
Las horas van pasando. El tiempo por sí solo no
mejora ni a las personas ni a las cosas, para poder cosechar hay que sembrar.
Se siembra en el tiempo y con el tiempo se cuida a la semilla para que dé el
fruto adecuado, que hay que seguir cuidando toda la vida.
A todas las personas nos llega la hora de ser
buenos cuidadores de los demás. Al
cuidar con cariño a las personas los anhelos y las esperanzas crecen.
Esa bendita responsabilidad es una gran
motivación para conocer bien a las personas y poder amarlas más. Surge así un
círculo virtuoso: a más conocimiento más amor y a más amor más conocimiento.
Allí encontramos la auténtica libertad. Dios nos da los medios para conocer y
querer estando presente Él en nuestra interioridad y nos hace libres con el
ejercicio de nuestras relaciones con los demás. Solo así conseguimos ser libres
y que los demás, los que tenemos que
cuidar, que son las personas que estamos tratando, sean también libres.
Gozamos con la libertad de las personas al verlos crecer con la gracia de Dios
y sin que dependan de nosotros.
También existe la esperanza de la
independencia, el día en que podemos valernos por nosotros mismos. Algunas
veces se espera con ansias la hora de la realización personal para poder “volar”
rompiendo el “cordón umbilical”
que nos tenía atados bajo la patria potestad.
Esa “independencia”
no es una ruptura, tampoco una autonomía a secas, los lazos continúan, incluso
son más fuertes, porque el amor aumenta.
Lo que ocurre es que a todos les llega el
momento de celebrar con mucha alegría una etapa nueva de la vida que pone muy
en alto la confianza y la libertad. Se debe apreciar la mejoría de las personas
en el desarrollo de sus capacidades para que den el salto a seguir mejorando
con sus propias decisiones gracias al amor que han conquistado.
Todos debemos esperar que llegue la hora de la
auténtica libertad para nosotros y para todas las personas que queremos. Y, por
supuesto, el deseo grande de que todos sean libres con la verdad, (P. Manuel Tamayo).
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