LA IRONÍA DE UNA CRUELDAD DISFRAZADA DE
ORTODOXIA QUE DESCALIFICA
Se descalifica porque existe un fondo
de envidia
“El sobrado es la persona poco humilde que se cree superior a
los demás” (Diccionario).
“Hay personas
crueles disfrazadas de bondad. Son seres que dañan, que agreden mediante un
maquiavélico chantaje emocional. En su aparente amabilidad se esconden
personales intereses”(Valeria Sabater).
“Todos podemos ser
víctimas de las personas crueles. No importa la edad, el estatus o nuestras experiencias
previas. Estos perfiles habitan a nivel familiar, en entornos laborales y en
cualquier escenario” (Valeria Sabater).
“El que tiene un falso orgullo cohabita con
personas buenas, mostrando una aparente bondad con la que manipula y humilla:
Se cuida del que le puede hacer sombra y procura hacerle daño rechazando sus
ideas, opiniones o comentarios…Como no está ni preparado para superarse a sí
mismo, procura debilitar o destruir a otro para quedarse vencedor. Lo machaca porque a
tu lado se siente débil. Oculta
sus planes y no suelta fácilmente la información que maneja creyendo que su
discreción es estrategia. Se hace el despistado para que no averigüen sus
intenciones. Suelen ser personas peligrosas que juegan con información
delicada, personal y profesional” (Patricia Ramírez).
“El apodo es una
forma aparentemente cariñosa de agredir y discriminar; significa el intento de
rebajar al otro a la altura del que se atreve a etiquetarlo, subrayando
usualmente una falla, un defecto o una característica física anormal,
expresando la disposición de no considerarlo digno de ser llamado por su propio
nombre” (Euric Santi).
“Antes de poner un
sobrenombre a alguien hay que pensarlo muy bien, principalmente si es de la
familia; intentar primero ponerse en su lugar y tomar conciencia que a esa
persona seguramente le será difícil erradicar ese apodo mientras viva; que se
convertirá en una carga más de las muchas que deberá llevar en su vida” (Euric Santi).
COMENTARIO
Me decía un amigo que prefería recibir las inquinas de un
enemigo que el comportamiento guasón de un pariente o de otra amistad. Es
frecuente observar, en los ambientes familiares y laborales, el típico gracioso
que trata con sorna las actitudes o los trabajos de alguno, para quedar bien
frente a los demás. Es una suerte de “sacada de pecho” del que, con
aires de frescura, califica a otro, llevando al ridículo su trabajo o la actividad
a la que se dedica.
El que se quiere jactar de sí mismo se hace el “gracioso”
para no tocar de un modo serio y respetuoso el tema o la actividad que le
incomoda. Los motivos pueden ser diversos y depende del ambiente donde se
encuentre. Hay un refrán que dice “en casa del herrero cuchara de palo”
y otro, con un significado muy parecido: “nadie es profeta en su tierra”. Ambos
indican que hay algo negativo en los demás que no deja destacar ni al herrero
ni al profeta en sus ámbitos más íntimos.
La ironía del falso orgullo se expresa generalmente como un mecanismo
de defensa. Que el otro no triunfe porque, al parecer del irónico, su
trabajo no es tan bueno. Teme y le
molestaría mucho que ese trabajo, que en su cabeza lo ha minimizado con una
terca sinrazón, sea aceptado si se extienda. Incluso llega a pensar que esa
persona está engañando a los demás con una autovaloración que no le va. Es
entonces cuando la ironía sale a relucir para llevar el tema por el lado de la
burla y así pasar la página con la complicidad de las carcajadas de los que, junto
a él, se suman a la descalificación, o prefieren no intervenir quitándose
de en medio.
Suelen ser manifestación de un falso orgullo que tiene un fondo
de envidia. Algunos pueden ser poco conscientes de la ausencia de caridad y
hasta de justicia que puede ocurrir delante de sus propias narices. El
callarse y no intervenir, para defender lo noble, puede ser una grave falta
contra la justicia y denota, en la mayoría de los casos, una ausencia de
categoría humana.
Se hace urgente, hoy más que nunca, cuando los ambientes
son agresivos y de maltrato continuo, abrir los ojos de quieres creen que esas
conductas son normales y han existido en todos los tiempos, y que ahora se
conocen más por la difusión de los medios electrónicos de comunicación.
Si el sentido común nos hace ver la existencia de este “cáncer
moral”, el deber de erradicarlo es más apremiante y urgente.
Quienes son capaces de recibir la virtud infusa de la Caridad (lamentablemente
muy pocos) tienen la fortaleza suficiente para comprender y perdonar a las
personas. La comprensión es una apertura. La persona abierta no descalifica,
acepta los múltiples enfoques que pueden tener las personas, así como los
diversos modos de trabajar y de presentar las cosas. El que ama de verdad no da
cabida a la envidia, ni establece parámetros para que todos pasen por el aro
de sus puntos de vista. El que ama es libre y sabe lo que es la libertad para
todas las personas. (P. Manuel Tamayo)
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