domingo, 19 de mayo de 2019


LA IRONÍA DE UNA CRUELDAD DISFRAZADA DE ORTODOXIA QUE DESCALIFICA

Se descalifica porque existe un fondo de envidia

“El sobrado es la persona poco humilde que se cree superior a los demás” (Diccionario).

“Hay personas crueles disfrazadas de bondad. Son seres que dañan, que agreden mediante un maquiavélico chantaje emocional.  En su aparente amabilidad se esconden personales intereses”(Valeria Sabater).

“Todos podemos ser víctimas de las personas crueles. No importa la edad, el estatus o nuestras experiencias previas. Estos perfiles habitan a nivel familiar, en entornos laborales y en cualquier escenario” (Valeria Sabater).

“El que tiene un falso orgullo cohabita con personas buenas, mostrando una aparente bondad con la que manipula y humilla: Se cuida del que le puede hacer sombra y procura hacerle daño rechazando sus ideas, opiniones o comentarios…Como no está ni preparado para superarse a sí mismo, procura debilitar o destruir a otro para quedarse vencedor. Lo machaca porque a tu lado se siente débil. Oculta sus planes y no suelta fácilmente la información que maneja creyendo que su discreción es estrategia. Se hace el despistado para que no averigüen sus intenciones. Suelen ser personas peligrosas que juegan con información delicada, personal y profesional” (Patricia Ramírez).

“El apodo es una forma aparentemente cariñosa de agredir y discriminar; significa el intento de rebajar al otro a la altura del que se atreve a etiquetarlo, subrayando usualmente una falla, un defecto o una característica física anormal, expresando la disposición de no considerarlo digno de ser llamado por su propio nombre” (Euric Santi).

“Antes de poner un sobrenombre a alguien hay que pensarlo muy bien, principalmente si es de la familia; intentar primero ponerse en su lugar y tomar conciencia que a esa persona seguramente le será difícil erradicar ese apodo mientras viva; que se convertirá en una carga más de las muchas que deberá llevar en su vida” (Euric Santi).


COMENTARIO

Me decía un amigo que prefería recibir las inquinas de un enemigo que el comportamiento guasón de un pariente o de otra amistad. Es frecuente observar, en los ambientes familiares y laborales, el típico gracioso que trata con sorna las actitudes o los trabajos de alguno, para quedar bien frente a los demás. Es una suerte de “sacada de pecho” del que, con aires de frescura, califica a otro, llevando al ridículo su trabajo o la actividad a la que se dedica.

El que se quiere jactar de sí mismo se hace el “gracioso” para no tocar de un modo serio y respetuoso el tema o la actividad que le incomoda. Los motivos pueden ser diversos y depende del ambiente donde se encuentre. Hay un refrán que dice “en casa del herrero cuchara de palo” y otro, con un significado muy parecido: “nadie es profeta en su tierra”. Ambos indican que hay algo negativo en los demás que no deja destacar ni al herrero ni al profeta en sus ámbitos más íntimos.

La ironía del falso orgullo se expresa generalmente como un mecanismo de defensa. Que el otro no triunfe porque, al parecer del irónico, su trabajo no es tan bueno.  Teme y le molestaría mucho que ese trabajo, que en su cabeza lo ha minimizado con una terca sinrazón, sea aceptado si se extienda. Incluso llega a pensar que esa persona está engañando a los demás con una autovaloración que no le va. Es entonces cuando la ironía sale a relucir para llevar el tema por el lado de la burla y así pasar la página con la complicidad de las carcajadas de los que, junto a él, se suman a la descalificación, o prefieren no intervenir quitándose de en medio.

Suelen ser manifestación de un falso orgullo que tiene un fondo de envidia. Algunos pueden ser poco conscientes de la ausencia de caridad y hasta de justicia que puede ocurrir delante de sus propias narices. El callarse y no intervenir, para defender lo noble, puede ser una grave falta contra la justicia y denota, en la mayoría de los casos, una ausencia de categoría humana.

Se hace urgente, hoy más que nunca, cuando los ambientes son agresivos y de maltrato continuo, abrir los ojos de quieres creen que esas conductas son normales y han existido en todos los tiempos, y que ahora se conocen más por la difusión de los medios electrónicos de comunicación.

Si el sentido común nos hace ver la existencia de este “cáncer moral”, el deber de erradicarlo es más apremiante y urgente.

Quienes son capaces de recibir la virtud infusa de la Caridad (lamentablemente muy pocos) tienen la fortaleza suficiente para comprender y perdonar a las personas. La comprensión es una apertura. La persona abierta no descalifica, acepta los múltiples enfoques que pueden tener las personas, así como los diversos modos de trabajar y de presentar las cosas. El que ama de verdad no da cabida a la envidia, ni establece parámetros para que todos pasen por el aro de sus puntos de vista. El que ama es libre y sabe lo que es la libertad para todas las personas. (P. Manuel Tamayo)


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