EL INFLUJO DE LUTERO
El pensamiento y la
conducta de Lutero influyeron en las ideologías liberales que se iniciaron el
s. XVI y continúan en la actualidad. No pocos católicos, sin ser demasiado conscientes, piensan y actúan con los parámetros
de una concepción antropológica del hombre cercana a ideologías que pregonan
conceptos de “igualdad” con libertad absoluta y rechazo a todo lo que huela a
sometimiento.
Recordamos
brevemente algunos puntos que proceden del pensamiento de Lutero y que tienen
un influjo en nuestros días:
1.
La justificación por la sola fe: Un sí a la acción salvífica de Dios y un no a toda idea de cooperación humana con la gracia de Dios. El sí
a Dios es un No a las obras del
hombre.
2.
La libre interpretación de la Sagrada Escritura: Cada persona puede interpretar libremente la Sagrada
Escritura. No hace falta mediación de ninguna iglesia, tampoco la expresión de
la fe en dogmas. Se niega la Tradición y el Magisterio de la Iglesia como
fuentes para la fe.
3.
Corrupción del hombre: El
pecado de origen ha producido una total corrupción de la naturaleza humana. El
pecado permanece en el pecador, aún después de la intervención de Dios; pero es
un pecador agraciado que puede salvarse por la intervención divina. La
naturaleza humana es insanable.
4.
Cristo es el único mediador: Se excluye
cualquier otra mediación aunque sea derivada o asociada. No se acepta la
mediación de la Virgen y de los santos, son sólo seres ejemplares, no se les
debe dar culto y menos a las imágenes, ya que sería idolatría.
5.
La Iglesia es solo una comunidad: donde se predica la palabra. Todos los miembros son iguales,
poseen en igual medida el sacerdocio. Hay algunos pastores porque todos no
tienen tiempo. La autoridad es la palabra misma.
6.
Sacramento: es un fenómeno que acompaña a
la palabra. Solo se reconoce el Bautismo, la Penitencia y la Eucaristía. Lutero
negaba la doctrina de la transubstanciación y la presencia sacramental de
Cristo. Decía que la presencia real solo se daba durante la celebración
eucarística.
7.
Subjetivismo: Lo importante no
es lo que Dios es en sí mismo, sino lo que es para mi. No importa el mundo en
sí sino el mundo para mi (antropocentrismo).
(Vid: Manuel
Tamayo, “Influjo de la mentalidad del protestantismo en la vida y en las
costumbres actuales” pp 12-15).
COMENTARIO
Del influjo del
liberalismo creciente surge la actitud crítica, con algunas dosis indignación y rebeldía, que se percibe en algunas
personas que habitualmente viven protestando y en desacuerdo. Los juicios
subjetivos han subido de tono, en los
últimos tiempos, con una inclinación peyorativa contra las personas y
contra lo establecido. La vehemencia de los juicios facilita la inminente
demanda contra el que se considera agresor. Las acusaciones y la falta de
perdón han aumentado considerablemente.
Parece difícil la
libre interpretación de la Sagrada Escritura cuando la naturaleza humana está
corrompida. En la Iglesia católica se
nos habla de la gracia, que perfecciona la naturaleza, para que esta pueda
elevarse al nivel que Dios le pide. De esa manera el hombre se encuentra en
condiciones para amar a Dios y a su prójimo.
El hombre solo no
puede nada. Jesucristo lo ha dicho: “sin
mi nada pueden hacer” y Jesucristo llama a los hombres para salvar a los
hombres y por eso instituye el sacramento del orden dándole poder a los
apóstoles para perdonar los pecados en su nombre.
Jesucristo se
convierte en modelo para todos los hombres “aprendan
de mi que soy manso y humilde de corazón” y señala el camino “el que quiera venir detrás de mi niéguese a sí mismo tome su cruz y
sígame”, el que sigue a Cristo procura ser como él.
Es muy importante
que el hombre busque a Dios y lo conozca. Buscar solo un Dios “para mi” como
una suerte de sanación, o como una terapia para curar los males es algo
incompleto y se podría caer en un egoísmo con expresiones voluntaristas que
suelen ser sentimentales y superficiales.
El Espíritu Santo, que es Dios, interviene en el hombre, cuando éste no pone obstáculos, para
purificarlo y elevarlo. El ser humano con la ayuda de Dios percibe un progreso
espiritual que lo une a la Iglesia y se convierte en vínculo de unión por donde
vaya, “que todos sean uno como mi Padre y
yo somos uno”. Es una unidad que se consigue con la virtud infusa de la
caridad: “amaos los unos a los otros como
yo os he amado” y que además es una ley divina para todos los hombres sin
excepción y allí está precisamente la libertad.
El mundo necesita
la unidad de la Iglesia, de la familia y de todos los seres humanos. Caminar en
la unidad con la verdad que Dios nos ha alcanzado es una gran meta para ser
felices y libres aquí en la tierra y luego poder alcanzar la felicidad total en
la vida eterna. (P. Manuel Tamayo).
No hay comentarios:
Publicar un comentario