jueves, 7 de diciembre de 2017

LIBRE DE PECADO

“La Virgen María fue creada sin pecado y permaneció siempre en estado de gracia para que Jesús que es Dios pudiera estar en ella. En el libro del Apocalipsis 21,27 se dice que nada manchado entrará en el Reino de los Cielos, porque allí habita Dios y Dios es perfectamente puro, Dios no puede habitar en el pecado, por lo tanto la Virgen María debería estar totalmente libre de pecado pues Dios habitaría en ella”. (Catholic net)

 “La Iglesia, confortada por la presencia de Cristo (cf. Mt 28, 20), camina en el tiempo hacia la consumación de los siglos y va al encuentro del Señor que llega. Pero en este camino —deseo destacarlo enseguida— procede recorriendo de nuevo el itinerario realizado por la Virgen María, que « avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la Cruz ».4Tomo estas palabras tan densas y evocadoras de la Constitución Lumen gentiumque en su parte final traza una síntesis eficaz de la doctrina de la Iglesia sobre el tema de la Madre de Cristo, venerada por ella como madre suya amantísima y como su figura en la fe, en la esperanza y en la caridad. (San Juan Pablo II, “Redeptoris Mater”)

“María, Madre del Verbo encarnado, está situada en el centro mismo de aquella « enemistad », de aquella lucha que acompaña la historia de la humanidad en la tierra y la historia misma de la salvación. En este lugar ella, que pertenece a los « humildes y pobres del Señor », lleva en sí, como ningún otro entre los seres humanos, aquella « gloria de la gracia » que el Padre « nos agració en el Amado », y esta gracia determina la extraordinaria grandeza y belleza de todo su ser. María permanece así ante Dios, y también ante la humanidad entera, como el signo inmutable e inviolable de la elección por parte de Dios, de la que habla la Carta paulina: « Nos ha elegido en él (Cristo) antes de la fundación del mundo, ... eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos » (Ef 1, 4.5). Esta elección es más fuerte que toda experiencia del mal y del pecado, de toda aquella « enemistad » con la que ha sido marcada la historia del hombre. En esta historia María sigue siendo una señal de esperanza segura”. (San Juan Pablo II, “Redeptoris Mater”)



COMENTARIO

Parece increíble que muchos se escandalicen por los pecados que habitualmente cometen los seres humanos. En todas las épocas ha estado presente el pecado de las personas. La experiencia de la historia está elaborada por los pecados de la humanidad. Todos los hombres sin excepción somos pecadores.

El pecador tiene la dicha de encontrarse con el perdón de Dios. Jesucristo nos enseña a tener esa actitud cristiana: pedir perdón por nuestros pecados, no juzgar ni calificar a las personas y perdonar al prójimo. Todo se puede perdonar. A nadie se le debe negar el perdón. El que niega el perdón se denigra como persona.

El buen cristiano es un pecador que sabe perdonar a su prójimo. Ningún cristiano es inmaculado. Es necesaria la continua purificación a través del sacramento del perdón.

La Virgen María es la única criatura humana que no pecó nunca, fue preservada del pecado original, Ella y Jesucristo son los ejemplos más claros de lo que debe ser el amor humano, al que solo podemos llegar con la gracia que Dios nos alcanza a través de los sacramentos que la Iglesia nos ofrece y que Jesucristo instituyó.

La Virgen María está en la Iglesia y ella es esperanza nuestra. Ella y la Iglesia nos salvan del pecado para poder llegar al lugar de felicidad que es el Cielo.


La pureza de María Inmaculada es una gran motivación para acertar con el camino correcto. San Josemaría Escrivá decía que nuestros afectos deben pasar por el filtro del corazón de Jesús y de la Virgen para que se purifiquen. (P. Manuel Tamayo)

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