LIBRE DE PECADO
“La Virgen María fue creada sin pecado y
permaneció siempre en estado de gracia para que Jesús que es Dios pudiera estar
en ella. En el libro del Apocalipsis 21,27 se dice que nada manchado entrará en
el Reino de los Cielos, porque allí habita Dios y Dios es perfectamente puro,
Dios no puede habitar en el pecado, por lo tanto la Virgen María debería estar
totalmente libre de pecado pues Dios habitaría en ella”. (Catholic net)
“La Iglesia, confortada por la presencia
de Cristo (cf. Mt 28, 20), camina en el tiempo
hacia la consumación de los siglos y va al encuentro del Señor que llega. Pero
en este camino —deseo destacarlo enseguida— procede recorriendo de nuevo
el itinerario realizado por la Virgen María, que « avanzó
en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la
Cruz ».4Tomo
estas palabras tan densas y evocadoras de la Constitución Lumen gentium, que en su parte
final traza una síntesis eficaz de la doctrina de la Iglesia sobre el tema de
la Madre de Cristo, venerada por ella como madre suya amantísima y como su
figura en la fe, en la esperanza y en la caridad. (San Juan Pablo II,
“Redeptoris Mater”)
“María, Madre del Verbo encarnado, está
situada en el centro mismo de aquella « enemistad »,
de aquella lucha que acompaña la historia de la humanidad en la tierra y la
historia misma de la salvación. En este lugar ella, que pertenece a los «
humildes y pobres del Señor », lleva en sí, como ningún otro entre los seres
humanos, aquella « gloria de la gracia » que el Padre « nos agració en el Amado
», y esta gracia determina la extraordinaria grandeza y belleza de
todo su ser. María permanece así ante Dios, y también ante la humanidad entera,
como el signo inmutable e inviolable de la elección por parte de Dios, de la
que habla la Carta paulina: « Nos ha elegido en él (Cristo)
antes de la fundación del mundo, ... eligiéndonos de antemano para ser sus
hijos adoptivos » (Ef 1, 4.5). Esta elección es más fuerte que toda
experiencia del mal y del pecado, de toda aquella « enemistad » con la que ha
sido marcada la historia del hombre. En esta historia María sigue siendo una
señal de esperanza segura”. (San Juan Pablo
II, “Redeptoris Mater”)
COMENTARIO
Parece increíble que muchos se escandalicen por
los pecados que habitualmente cometen los seres humanos. En todas las épocas ha
estado presente el pecado de las personas. La experiencia de la historia está
elaborada por los pecados de la humanidad. Todos los hombres sin excepción
somos pecadores.
El pecador tiene la dicha de encontrarse con el
perdón de Dios. Jesucristo nos enseña a tener esa actitud cristiana: pedir
perdón por nuestros pecados, no juzgar ni calificar a las personas y perdonar
al prójimo. Todo se puede perdonar. A nadie se le debe negar el perdón. El que
niega el perdón se denigra como persona.
El buen cristiano es un pecador que sabe
perdonar a su prójimo. Ningún cristiano es inmaculado. Es necesaria la continua
purificación a través del sacramento del perdón.
La Virgen María es la única criatura humana que
no pecó nunca, fue preservada del pecado original, Ella y Jesucristo son los
ejemplos más claros de lo que debe ser el amor humano, al que solo podemos
llegar con la gracia que Dios nos alcanza a través de los sacramentos que la
Iglesia nos ofrece y que Jesucristo instituyó.
La Virgen María está en la Iglesia y ella es
esperanza nuestra. Ella y la Iglesia nos salvan del pecado para poder llegar al
lugar de felicidad que es el Cielo.
La pureza de María Inmaculada es una gran motivación
para acertar con el camino correcto. San Josemaría Escrivá decía que nuestros
afectos deben pasar por el filtro del corazón de Jesús y de la Virgen para que
se purifiquen. (P. Manuel Tamayo)
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