EMPEZAR Y TERMINAR
“La vida cristiana es un constante comenzar y
recomenzar, un renovarse cada día”.
(San Josemaría Escrivá, “Es Cristo que pasa”, 114).
(San Josemaría Escrivá, “Es Cristo que pasa”, 114).
“¿Por
qué esas variaciones de carácter? ¿Cuándo fijarás tu
voluntad en algo?
Deja tu afición a las primeras piedras y pon la última en uno solo de tus proyectos”. (San Josemaría, Camino n. 42).
Deja tu afición a las primeras piedras y pon la última en uno solo de tus proyectos”. (San Josemaría, Camino n. 42).
“La
felicidad última del hombre no se encuentra en el placer, ni en los bienes
exteriores como la riqueza, el poder y los bienes de fortuna; ni en los del
cuerpo como la salud, la hermosura y la fortaleza; ni en los bienes del alma.
En efecto, solo resta decir que la felicidad del hombre se encuentra en la
contemplación de la verdad, una cualidad propia y exclusiva del hombre a la que
ningún animal es capaz de llegar” (Santo Tomás de Aquino).
COMENTARIO
Empieza bien el que
sabe terminar. Cuando se empieza algo hay que mirar la meta a la que se apunta
y los medios al alcance para poder llegar con éxito. No todo se puede asegurar
en la vida, no sabemos qué es lo que puede pasar después, surgen imponderables
y circunstancias que no podíamos imaginarnos. La vida está llena de sorpresas;
sin embargo, en medio de estas incertidumbres descubrimos metas que parecen
inalcanzables, pero que luego, con el esfuerzo y la ayuda de un prójimo bueno y
talentoso, se consiguen.
La vida es un reto
para cada ser humano. Es muy bueno soñar con altos ideales e ir ordenando esos
sueños con el sentido común y sobrenatural, para que siempre estén dirigidos al
fin que tiene la persona. No hemos nacido por gusto ni por casualidad, ninguna
persona está a la deriva, todos tienen un papel y una misión concreta que
cumplir en la vida, que no procede de la propia voluntad, sino de una voluntad
y un querer ajeno.
Todos estamos de
acuerdo en que la educación es lo más importante para que las personas sean
felices y acierten en la vida.
La educación
procede de una voluntad y de un querer ajeno a la propia voluntad y al propio
querer, es más, en cada persona hay una suerte de rechazo a la educación por
ser algo que viene de fuera y parece que el que la exige la quiere imponer.
Los chicos procuran
escaparse de las reglas de disciplina y de los ambientes donde existe una
exigencia formativa. Incluso llegan a creer que se les está obligando a querer
a la fuerza.
La realidad de
estos rechazos es una prueba clara y evidente de la desviación natural de la
naturaleza humana, (estamos hablando de
antropología y no de religión). Es por eso que a los educadores les cuesta
formar, tienen que luchar contra esa tendencia desordenada de los educandos.
Cuando cada persona
descubre, con la inteligencia, esa
realidad, entiende que debe ordenar sus sueños y sus metas a las directrices de
un querer superior que está dirigido hacia su propia libertad y felicidad. La libertad no la tiene la persona que hace
lo que le da la gana sino la persona que hace lo que debe hacer. Este deber
hacer apunta a la voluntad del que lo quiere más y busca lo mejor para él.
La persona es libre
cuando apunta bien a su fin último, que debe ser siempre el primero en la
intención. Ese es el orden que hace feliz al hombre.
El hombre debe
empezar buscando a Dios y debe terminar mirándolo, para quedarse allí, con Él,
toda la eternidad, (P. Manuel Tamayo).
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