miércoles, 4 de enero de 2017

EMPEZAR Y TERMINAR

“La vida cristiana es un constante comenzar y recomenzar, un renovarse cada día”.
(San Josemaría Escrivá, “Es Cristo que pasa”, 114).

“¿Por qué esas variaciones de carácter?  ¿Cuándo fijarás tu voluntad en algo? 
Deja tu afición a las primeras piedras y pon la última en uno solo de tus proyectos”.
(San Josemaría, Camino n. 42).

“La felicidad última del hombre no se encuentra en el placer, ni en los bienes exteriores como la riqueza, el poder y los bienes de fortuna; ni en los del cuerpo como la salud, la hermosura y la fortaleza; ni en los bienes del alma. En efecto, solo resta decir que la felicidad del hombre se encuentra en la contemplación de la verdad, una cualidad propia y exclusiva del hombre a la que ningún animal es capaz de llegar” (Santo Tomás de Aquino).

COMENTARIO
Empieza bien el que sabe terminar. Cuando se empieza algo hay que mirar la meta a la que se apunta y los medios al alcance para poder llegar con éxito. No todo se puede asegurar en la vida, no sabemos qué es lo que puede pasar después, surgen imponderables y circunstancias que no podíamos imaginarnos. La vida está llena de sorpresas; sin embargo, en medio de estas incertidumbres descubrimos metas que parecen inalcanzables, pero que luego, con el esfuerzo y la ayuda de un prójimo bueno y talentoso, se consiguen.

La vida es un reto para cada ser humano. Es muy bueno soñar con altos ideales e ir ordenando esos sueños con el sentido común y sobrenatural, para que siempre estén dirigidos al fin que tiene la persona. No hemos nacido por gusto ni por casualidad, ninguna persona está a la deriva, todos tienen un papel y una misión concreta que cumplir en la vida, que no procede de la propia voluntad, sino de una voluntad y un querer ajeno.

Todos estamos de acuerdo en que la educación es lo más importante para que las personas sean felices y acierten en la vida.

La educación procede de una voluntad y de un querer ajeno a la propia voluntad y al propio querer, es más, en cada persona hay una suerte de rechazo a la educación por ser algo que viene de fuera y parece que el que la exige la quiere imponer.

Los chicos procuran escaparse de las reglas de disciplina y de los ambientes donde existe una exigencia formativa. Incluso llegan a creer que se les está obligando a querer a la fuerza.

La realidad de estos rechazos es una prueba clara y evidente de la desviación natural de la naturaleza humana, (estamos hablando de antropología y no de religión). Es por eso que a los educadores les cuesta formar, tienen que luchar contra esa tendencia desordenada de los educandos.

Cuando cada persona descubre, con la inteligencia, esa realidad, entiende que debe ordenar sus sueños y sus metas a las directrices de un querer superior que está dirigido hacia su propia libertad y felicidad.  La libertad no la tiene la persona que hace lo que le da la gana sino la persona que hace lo que debe hacer. Este deber hacer apunta a la voluntad del que lo quiere más y busca lo mejor para él.
La persona es libre cuando apunta bien a su fin último, que debe ser siempre el primero en la intención. Ese es el orden que hace feliz al hombre.

El hombre debe empezar buscando a Dios y debe terminar mirándolo, para quedarse allí, con Él, toda la eternidad, (P. Manuel Tamayo).


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