MUCHO MÁS QUE DECIR: “GRACIAS”
“Si alguna
vez te has preguntado como corresponder a un amor como el de Dios, la manera más
clara en que podemos hacerlo es amándolo como nos pide que lo amemos; no es
difícil, solo basta con tener presente todo lo que ha hecho por nosotros, como
es que ha llenado esos vacíos que nadie más puede llenar, porque no hubo, no
hay y no habrá nunca nadie que nos ame más de lo que Él nos ama”. (Maite Leija)
"No
hay deber más necesario que el de dar las gracias. Al expresar nuestro
agradecimiento por lo recibido estamos reconociendo -y sobre todo sintiendo- lo dichosos y bendecidos que somos, de
manera tal, que los mayores beneficiados con nuestro agradecimiento sincero
somos nosotros mismos, al llenarnos de buenos sentimientos”. (Marco Tulio Cicerón).
“¿Saber que me
quieres tanto, Dios mío, y… no me he vuelto loco?” (San Josemaría
Escrivá, Camino n. 425).
COMENTARIO
La valoración del
agradecimiento está en la correspondencia que tiene dos aspectos muy claros y
definidos: la cercanía al que nos amó y la correspondencia a lo que nos enseñó.
Cuando alguien ha sido querido y valorado se debe aplicar la famosa frase: “amor con amor se paga”, decir “gracias”
no basta.
Para que una
relación humana de gratuidad sea correcta, es necesario que el donante ame al que lo está
beneficiando, que no solamente le entregue algo sino que se interese por su
vida y que la donación concreta sea un acto de amor.
De la misma manera
el que es beneficiado no debe mirar solo el beneficio recibido, debe abrir su
corazón al donante que lo está queriendo, para recibir no solo un regalo, sino
el afecto de un corazón amigo. Esto último es más importante que lo recibido.
Los regalos y los
afectos humanos no deben quedarse en la benevolencia. Eso es muy poco y de
escasa categoría humana. En las relaciones humanas las virtudes son las que dan
el nivel de calidad y hacen a las personas felices y libres de verdad.
Lamentablemente en
estos tiempos los beneficiados cogen el beneficio, dicen gracias y se retiran,
no les interesa para nada la cercanía del donante. Lo mismo ocurre con la gran
mayoría de donantes: entregan una mercancía y se llenan de alegría cuando
alguien se beneficia con ella, sin que nazca ningún interés por la vida y
felicidad de esas personas que recibieron el beneficio.
Lo que está
faltando es el amor al prójimo en el donante y en el beneficiado. El amor hace
que la relación sea distinta y perdurable. Cuando hay amor se produce una
empatía que no es apego, es más bien una sintonía, un entendimiento, un afán de
ayudarse a ser mejores que nunca termina. Surge así una amistad incondicional
donde hay siempre reciprocidad y correspondencia. El cariño persiste y todos
ganan. (P. Manuel Tamayo).
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