LOS “DEFECTOS” DE JESÚS
El
Cardenal Van Thuan dirige una tanda
de Ejercicios Espirituales de Cuaresma ante el papa Juan Pablo II y, en la segunda meditación,
asombra a toda la Curia Romana con una confesión que, en principio, hasta suena
a herejía: «Lo he abandonado todo para seguir a Jesús, porque amo los defectos
de Jesús».
Enseguida
hará una lista maravillosa de los «defectos» de Jesús:
·
Jesús no tiene buena memoria, olvida todos los pecados de los
hombres.
·
Jesús no sabe matemáticas, si hubiera hecho un examen de matemáticas,
lo habrían jalado, como demuestra la parábola de la oveja perdida: para Jesús
uno equivale a noventa y nueve, y quizá más…
·
Jesús no sabe de lógica, el corazón tiene razones que la razón
no conoce es la extraña lógica de su corazón.
·
Jesús es un aventurero, su propaganda está destinada al fracaso…Promete
a quien le sigue procesos y persecuciones: «Si a Mí me han perseguido, también
los perseguirán a ustedes»; su verdadero «autorretrato», las Bienaventuranzas,
es, de principio a fin, una pura paradoja: bienaventurados los que lloran, los
perseguidos…
·
Jesús no entiende de finanzas ni de economía: paga igual a los
jornaleros de primera hora que a los de última hora; ¿no habrá hecho bien las
cuentas? ¿Es un despiste, o lo hace a propósito?
Concluye
el Cardenal Van Thuan interpelando: «Pero preguntémonos: ¿por qué tiene Jesús
estos defectos? Porque es Amor y el amor no razona, no mide, no calcula, no
recuerda las ofensas y no pone condiciones. Y termina la meditación con otra
pregunta fabulosa e inquietante: ¿cómo es posible que esa fuente de esperanza
mane eternamente, eternamente joven, fresca, viva?». (Miguel Ángel Velasco, “La luz brilla en las
tinieblas”, pp 42).
COMENTARIO
Aunque
el hombre sabe que la lógica divina es totalmente distinta a la humana, muchas
veces insiste tercamente en ponerle condicionamientos humanos a lo que es
divino y termina reduciéndolo todo y hasta anulándolo, porque no lo entiende, o
porque le dan miedo los planes de Dios (no
reconoce que son de Dios, no quiere aceptar).
A Pedro
le dio miedo caminar sobre las aguas y se hundió. El Señor le dijo: “hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?”
Es
penoso cuando un miembro de la Iglesia pierde la visión sobrenatural y empieza
a ponerle techo y muro a todo lo que es de Dios. Se vuelve duro, severo y
exigente con reglas, controles, cálculos, razonadas….como si las cosas se
arreglaran con esos procedimientos.
Es
bueno tener en cuenta que Dios escribe con reglones torcidos y que las piedras
desechadas por los arquitectos Dios las utiliza como cimiento seguro para sus
construcciones, como usó de los pocos peces y panes que tenía un chiquillo para
dar de comer a una multitud.
Pio IX
no hubiera llegado a Papa, ni a Obispo y ni siquiera a sacerdote, si sus
formadores tienen en cuenta la epilepsia
que padecía y de la que nunca se curó. San Juan María de Vianney, el cura de
Ars, no hubiera llegado al sacerdocio si sus formadores tienen en cuenta las
malas notas que tenía en sus estudios.
¿Es que
hay que aceptar a cualquiera? No; hay que tener vida interior para estar en
sintonía con el querer de Dios y no cometer el error de enmendarle la plana al
Señor con razonamientos humanos y de escasa fe.
El afán
de seguridad que quiere ponerle el hombre a sus asuntos choca con la “lógica”
divina que desde el punto de vista humano parecen locuras, o faltas graves de
prudencia.
Cuando
se trata de poner orden no hay que ir a los controles o sistemas que dejen
fuera de juego a las personas. Lo que está faltando la santidad de las
personas, un nivel de vida interior capaz de poner el orden, que procede del
amor y que no deja heridos en el
camino. Es una conducta donde el horario es el pluriempleo que no puede ponerse
en los papeles y mucho menos dentro de los parámetros de unos controles. Es
como decía el Beato Álvaro de Portillo, “como un río que se sale de madre” (P. Manuel Tamayo).
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