CORRUPCIÓN DENTRO DEL TRÁFICO
“Si eres
de los que se enojan conduciendo y te has visto involucrado en algún incidente
indeseado, debes saber que esa furia puede afectar tu salud, mental y física y
causarte graves accidentes. El enojo te puede asustar, desestabilizar y
parecer inevitable pero puedes aprender a controlarlo. Descubre cómo.
La ira se define como un estado
emocional que varía en intensidad y puede ir desde una leve irritación hasta
llegar a la furia y la rabia intensa, y suele involucrar también cambios
fisiológicos y biológicos.
La teoría del manejo de la ira se basa en los conceptos de
comportamiento cognitivo y se desarrolló a principios de los 70. Desde
entonces, la técnica de control del enojo, se fue desarrollando con el tiempo.
Cuando una persona se enoja, su ritmo cardíaco y la presión arterial aumentan,
al igual que cambian los niveles de sus hormonas de energía, adrenalina y
noradrenalina. (Verónica Wolman)
COMENTARIO
El automovilista
que conduce un carro en las calles de Lima o de Chiclayo puede convertirse en
una verdadera fiera mientras está
manejando y quiere no llegar tarde a su trabajo o a los compromisos que tiene.
El ambiente
generado por el caos y la informalidad que produce los embotellamientos crea
conductas agresivas y enfrenta habitualmente a las personas. Los choferes que
trabajan en las pistas se convierten en avezados agresores con una prepotencia
y falta de respeto que no tiene límites. Con esas conductas cargadas de
agresividad se borraron del mapa las normas de cortesía y de buen trato con las
personas que van en las otras movilidades, o con los peatones.
En las calles
existe hoy la ley de la selva, donde
gana el más fuerte y atrevido, que procura entrar por donde puede y saltarse
cualquier regla, siempre y cuando no lo mire el policía y en otros casos, aunque
el policía esté presente, porque donde todo vale por el desorden, es inútil que
haya una persona uniformada tocando pito
y moviendo los brazos insistentemente. Los policías de tráfico están en una
condición de “cumplo” y “miento”
Si uno sale en su
carro con buen humor para iniciar bien la jornada del día, en la primera
esquina puede recibir un bocinazo de
un conductor agresivo que va con prisa y lo apura. Si somos lentos para cruzar
una calle es muy probable que nos insulten y nos metan el carro con furia. Un micro que quiere coger pasajeros donde sea
puede cruzar por delante y detenerse sin más impidiendo la circulación, a él no
le importa nada. Y después se lanza a la carrera, a toda velocidad compitiendo
con otros para coger pasajeros, y nadie les dice nada, se convierten en los
dueños de la pista. Un peatón puede parar un taxi en medio de una avenida con
tráfico y quedarse negociando con el taxista mientras una cola de carros está
esperando. Es lo que vemos todos los días y lo seguiremos viendo hasta que
alguien con valentía termine con estas situaciones de tensión que rompen y
tiran por los suelos las buenas costumbres que deben tener las personas.
Estas conductas
motivadas por el tráfico hacen agresivas a las personas y crean hábitos
negativos con un pesimismo generalizado para todos los desplazamientos que se
quieran hacer. La gente se lo piensa mucho antes de salir para no verse
encerrado en una “cárcel” donde el cargamontón
es constante.
Estas vivencias
generan en las personas buenas y bien educadas una especie de doble vida: la
agresividad en las pistas, y la paz en los otros ámbitos. Sienten el desagrado
de tener unas reacciones que no quisieran y que no pueden de salir de ellas.
En cambio en las
grandes mayorías aumenta la chabacanería,
el maltrato, la informalidad, la falta de nivel y categoría humana de las
personas. Se generan conductas desagradables y antiestéticas que pintan una
sociedad vulgar, sucia y atrasada en los aspectos humanos. Y es peor cuando los que están metidos en
estos mundos no se dan cuenta de las grandes limitaciones que padecen.
Es urgente el
cambio de estas situaciones si queremos progresar de verdad en educación y
cultura, para tener un país competitivo y seguro. (P. Manuel Tamayo).
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