jueves, 2 de febrero de 2017

MÁS “DEFECTOS” DE JESÚS

Y a los seis “defectos” de Jesús, que ya conocemos, que había descubierto Mons. Van Thuan quiso añadir ocho más:

1.      El sexto era que Jesús es amigo de publicanos y pecadores, como ven, ¡frecuenta malas compañías!
2.      El séptimo es que le gusta comer y beber: lo acusan de ser un comilón y un bebedor.
3.      El octavo: parece que está loco, hasta sus parientes piensan eso de Él.
4.      El noveno es que le gustan los números pequeños, el que lo sigue ha de estar tan loco como Él.
5.      El décimo defecto es el fracaso continuo, su vida está llena de fracasos, expulsado de su pueblo, perseguido, rechazado, condenado a la cruz.
6.      El defecto número once: Jesús es un profesor que ha revelado el tema del examen final y, sabiéndolo, ¡todos podrían aprobar!
7.      El duodécimo es que confía demasiado en los demás, en sus apóstoles, casi todos iletrados; es un incorregible temerario y en la Iglesia sigue haciendo lo mismo; por eso me ha elegido a mí y los ha elegido a ustedes. ¡Jesús no aprende!
8.      El decimotercer defecto es que Jesús es un imprudente, no prevé.
9.      El decimocuarto es su pobreza, que tanto teme el mundo. Hoy se habla mucho de la lucha contra la pobreza… Jesús vivió sin casa, sin seguro, sin ahorros, sin automovil, sin tumba, sin herencia, sin ninguna seguridad humana ni material. En el mundo no hay ninguna calle con el nombre de Jesús; está la Plaza de Pío XII, la Plaza Mayor, pero no está la Plaza de Jesús de Nazareth en ningún sitio. Estos catorce defectos pueden ser un perfecto vía crucis, con sus catorce estaciones. Su calle es la “Vía crucis”.

Me preguntarán: ¿por qué tiene tantos defectos? Porque es Amor. No me gusta demasiado Cristo en Majestad; prefiero al Jesús de la barca de Pedro; prefiero al que, tras resucitar, dice a aquella mujer: “¡María!”. Espero que, al final de mi vida, cuando sea juzgado sobre el amor, Jesús me reciba como al último jornalero de su viña». (Cardenal Van Thuan, Miguel Angel Velazco, “La luz brilla en las tinieblas” pp. 78).


COMENTARIO

Jesucristo viene a la tierra para darnos a conocer el camino, la verdad y la vida. Él no viene para enseñarnos con su vida un modo de ser inasequible, fuera de nuestro alcance. Nos dice que debemos de ser como Él, es modelo de ser humano perfecto. La Iglesia nos enseña la vida de Jesucristo para que todos seamos otros Cristos y,  unidos con la gracia de Dios, el mismo Cristo.

Cristo nos dice que debemos ser amigos de los pecadores, e incluso de los que nos hieren o atacan, “si nos dan en una mejilla, poner también la otra”. Que no hagamos acepción de personas y que aprendamos a querer a todos sin excepción.
Vivir de acuerdo a los sentimientos de Cristo es como una locura en un mundo materialista y frívolo. Entonces habría que ir contracorriente, como fueron los apóstoles y los primeros cristianos.

En el mundo las personas son motivadas por el éxito, el emprendimiento y el liderazgo. La Iglesia, que predica a Cristo, nos motiva a dejarlo todo para tomar la cruz de cada día. San Josemaría decía que el éxito se tiene cuando se aprende a llevar la cruz de Cristo con garbo y alegría.

Las exigencias en el mundo apuntan a una competividad, ser el mejor para el lucimiento personal, para “ganar una corona perecedera” las exigencias de Dios apuntan a la generosidad, a desear lo mejor para los demás y a ser personas que ayudan, también con la comprensión y el perdón, para que todos sean felices.

Dios quiere que todos lleguen al Cielo, y para llegar a esa meta es necesario estar desprendido de las cosas materiales o de afectos desordenados que impiden vivir la caridad con el prójimo.


A San Josemaría le encantaba unos versos que tenían un mensaje trascendente: “mi vida es toda de amor/ y si en amor estoy ducho/ es por causa del dolor/ porque no hay amante mejor/ que aquel que ha sufrido mucho” (P. Manuel Tamayo)

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