viernes, 17 de febrero de 2017

LOS CHICOS DE HOY

Para la gran mayoría de chicos el mundo real es parecido al virtual y fantástico. Viven para pasarla bien y con un afán grande de autonomía e independencia como si eso les fuera a traer los mejores resultados. Por influjo del relativismo  no tienen claras las nociones de bien y de mal, por eso sus decisiones son inseguras y cuando se esfuerzan en demostrar algo que han escogido se nota un fuerte voluntarismo, que es una suerte de terquedad.  La mayoría opta por lo más cómodo o por lo que más les provoca, sin una jerarquía acertada. Se acercan con miedo a los valores para no sentirse comprometidos a vivir de acuerdo a lo que debería ser. Les parece que el compromiso compromete su libertad. Es penoso cuando los padres y maestros tienen temor de intervenir para no contristar permitiendo que los chicos se engrían y se consideren los dueños absolutos de su tiempo y de su vida.

COMENTARIO
El ambiente de relativismo, que ha ido creciendo en el mundo entero en esta última década, ha creado en los seres humanos una mentalidad controvertida y confusa que se nota de un modo mucho más claro en la gente joven.

A la gran mayoría de los jóvenes ya no les importa tanto la verdad, les interesa sobre todo pasarla bien y con ese objetivo aprovechar todas las oportunidades que puedan.

Los chicos, sin que les reclame mayormente la conciencia, son influidos por un ambiente ligth, donde las diversiones excesivas y el relajo no tienen límite. Viven entre juegos y distraciones como si no pasara nada. Además, como la mentalidad relativista es permisiva, las advertencias o consejos caen en saco roto. Los chicos de hoy se sienten dueños de sus vidas, de sus horarios y de sus caprichos.

Frente a estas circunstancias, que ya se dan de un modo habitual, muchos padres no intervienen para no contristar con los hijos. La sociedad tampoco ayuda, porque continuamente está defendiendo el derecho a la libertad y a la autonomía de la persona. Los padres que quisieran intervenir para poner orden en la vida de sus hijos quedarían fuera de juego, como retrógrados o cortados a la antigua.

Además, el mundo “moderno” quiere dar a entender que las personas que vivieron en épocas pretéritas estuvieron bajo el yugo de una paternidad machista y violenta. Quien afirma algo así desconoce la historia y el valor de las personas virtuosas.

Se debe tener en cuenta que si hoy hablamos de formación, los tiempos han empeorado: porque hay menos seguridad, más violencia, más delincuencia, más suciedad y arrogancia pueril.

Por otro lado, al ser tan peligrosa la calle, muchos padres de familia se han visto obligados a poner excesivas medidas de protección para que a sus hijos no les pase nada. Sin querer les fabrican un mundo lleno de mecanismos de defensa. Cometen un error cuando a los hijos les dan todo y procuran que no les falte nada, cuando viven sobreprotegidos.

No hace falta demostrarlo para afirmar que en estos tiempos muchos niños se han acostumbrado a vivir en un mudo cerrado y fantástico, lleno de juegos y distracciones. Después vienen las pesadillas, cuando pasan los años y se hacen adolescentes. Hoy muchos papás viven angustiados tratando de palear situaciones con hijos inmaduros y engreídos.

Es penoso ver chicos jóvenes intocables y dueños de sí mismos. Urge corregirles a tiempo antes de que sea tarde, de lo contrario se irán golpeando en todas las esquinas, para bien o para mal. Es que su enorme sensibilidad les está haciendo reaccionar de una manera desproporcionada para defender su ego, que lo tienen demasiado elevado.

Quienes continúan viviendo dentro de la burbuja de la sobreprotección, tarde o temprano terminarán creyendo que la independencia sería una gran conquista.  Y no se dan cuenta que no poseen los criterios elementales para proyectarse hacia el futuro de una manera sólida y coherente. 

Algunas veces parece que no les importa demasiado lo que venga después. Lamentablemente muchos han tirado la toalla porque no se les ocurre nada y no saben qué hacer, están llenos de dudas y se han convertido en un problema serio para sus profesores y sus papás.

Formemos a los chicos desde la infancia para que adquieran las virtudes necesarias y una disciplina de vida que les permita formar su conciencia de acuerdo a la verdad y que aprendan a querer con orden dentro de una correcta jerarquía de valores. (P. Manuel Tamayo)


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