LOS CHICOS DE HOY
Para la gran mayoría de chicos el mundo real es parecido al
virtual y fantástico. Viven para pasarla bien y con un afán grande de autonomía
e independencia como si eso les fuera a traer los mejores resultados. Por
influjo del relativismo no tienen claras
las nociones de bien y de mal, por eso sus decisiones son inseguras y cuando se
esfuerzan en demostrar algo que han escogido se nota un fuerte voluntarismo,
que es una suerte de terquedad. La
mayoría opta por lo más cómodo o por lo que más les provoca, sin una jerarquía
acertada. Se acercan con miedo a los valores para no sentirse comprometidos a
vivir de acuerdo a lo que debería ser. Les parece que el compromiso compromete su libertad. Es penoso cuando los padres y
maestros tienen temor de intervenir para no contristar permitiendo que los
chicos se engrían y se consideren los dueños absolutos de su tiempo y de su
vida.
COMENTARIO
El ambiente de
relativismo, que ha ido creciendo en el
mundo entero en esta última década, ha creado en los
seres humanos una mentalidad controvertida y confusa que se nota de un modo
mucho más claro en la gente joven.
A la gran mayoría
de los jóvenes ya no les importa tanto la verdad, les interesa sobre todo
pasarla bien y con ese objetivo aprovechar todas las oportunidades que puedan.
Los chicos, sin que les reclame mayormente la
conciencia, son influidos por un ambiente ligth, donde las diversiones excesivas y el relajo no tienen límite.
Viven entre juegos y distraciones como si no pasara nada. Además, como la mentalidad relativista es permisiva,
las advertencias o consejos caen en saco roto. Los chicos de hoy se sienten
dueños de sus vidas, de sus horarios y de sus caprichos.
Frente a estas
circunstancias, que ya se dan de un modo
habitual, muchos padres no intervienen para no contristar con los hijos. La
sociedad tampoco ayuda, porque continuamente está defendiendo el derecho a la
libertad y a la autonomía de la persona. Los padres que quisieran intervenir
para poner orden en la vida de sus hijos quedarían fuera de juego, como retrógrados
o cortados a la antigua.
Además, el mundo
“moderno” quiere dar a entender que las personas que vivieron en épocas
pretéritas estuvieron bajo el yugo de una paternidad machista y violenta. Quien
afirma algo así desconoce la historia y el valor de las personas virtuosas.
Se debe tener en
cuenta que si hoy hablamos de formación, los
tiempos han empeorado: porque hay menos
seguridad, más violencia, más delincuencia, más suciedad y arrogancia pueril.
Por otro lado, al ser tan peligrosa la calle, muchos
padres de familia se han visto obligados a poner excesivas medidas de
protección para que a sus hijos no les pase nada. Sin querer les fabrican un
mundo lleno de mecanismos de defensa. Cometen un error cuando a los hijos les
dan todo y procuran que no les falte nada, cuando viven sobreprotegidos.
No hace falta
demostrarlo para afirmar que en estos tiempos muchos niños se han
acostumbrado a vivir en un mudo cerrado y fantástico, lleno de juegos y
distracciones. Después vienen las pesadillas, cuando pasan los años y se hacen
adolescentes. Hoy muchos papás viven angustiados tratando de palear situaciones
con hijos inmaduros y engreídos.
Es penoso ver chicos
jóvenes intocables y dueños de sí mismos. Urge corregirles a tiempo antes de
que sea tarde, de lo contrario se irán
golpeando en todas las esquinas, para bien o para mal. Es que su enorme sensibilidad
les está haciendo reaccionar de una manera desproporcionada para defender su
ego, que lo tienen demasiado elevado.
Quienes continúan viviendo
dentro de la burbuja de la sobreprotección, tarde o temprano terminarán
creyendo que la independencia sería una gran conquista. Y no se dan cuenta que no poseen los criterios
elementales para proyectarse hacia el futuro de una manera sólida y coherente.
Algunas veces parece que no les importa demasiado lo que venga después. Lamentablemente
muchos han tirado la toalla porque no se les ocurre nada y no saben qué hacer,
están llenos de dudas y se han convertido en un problema serio para sus
profesores y sus papás.
Formemos a los
chicos desde la infancia para que adquieran las virtudes
necesarias y una disciplina de vida que les permita formar su conciencia de
acuerdo a la verdad y que aprendan a querer con orden dentro de una correcta
jerarquía de valores. (P. Manuel Tamayo)
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