jueves, 12 de octubre de 2017

LAS FIERAS DE LA INTERIORIDAD

“Pero lo que sale de la boca proviene del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero comer sin lavarse las manos no contamina al hombre” (Mt, 15, 19-20).


COMENTARIO

Ninguna persona puede considerarse por sí sola, libre de las fieras que lleva dentro. El ser humano necesita ser educado no solo para saber sino también para “amarrar el perro”

La falta de control es una debilidad que debe ser superada con la ayuda de educación que se recibe en casa y en el colegio. Cuando no se logró superar esa debilidad porque no se educó bien o por ausencia total de una adecuada formación, este tipo de debilidad se prolonga a las otras etapas de la vida y puede llegar a ser un problema grande para las relaciones humanas.

Si en casa no se le ha exigido al niño para que sea comprensivo y generoso, éste vivirá en su mundo egoísta, buscará que todo gire a favor suyo, protestará enérgicamente cuando no se le hace caso y no parará hasta que le alcancen lo que está pidiendo.

El niño engreído y caprichoso es tremendamente débil en sus controles y un peligro en potencia para cuando sea mayor; las “fieras” de su interioridad estarán sueltas y sin control y en cualquier momento atacarán sin piedad.

Para controlar esas “fieras” los papás deben conseguir que el niño no sea egoísta y que aprenda a vivir con espíritu de sacrificio. Además, deben lograr que el niño comparta sus cosas con sus hermanos y que consiga ayudar a los demás sin exigir una recompensa o pago.

Es necesario advertir que la interioridad de la persona necesita de la gracia de Dios, que es la que lo purifica del pecado y lo eleva a un estado superior, para que pueda tratar con finura y delicadeza al mismo Dios y a los demás seres humanos.  Sin esa ayuda el hombre está “condenado” a vivir con la esclavitud de sus propias “fieras” internas. Algunos le suelen llamar: “mis demonios internos”

Jesucristo instituyó el sacramento del perdón para ayudar al hombre en la lucha contra esas “fieras” que no lo dejan en paz y que perjudican su existencia.


El mundo está como está porque se ha perdido el sentido del pecado que es perder también el sentido sobrenatural de la vida. Con el sentido sobrenatural se tiene la certeza de que solo Dios, a través de Jesucristo, es el único que puede librar al hombre de la esclavitud del pecado. Es necesaria una nueva evangelización para volver a explicar esta realidad milenaria. (P. Manuel Tamayo).

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