jueves, 26 de octubre de 2017

LOS CAMBIOS Y LAS COSTUMBRES
Costumbre es un hábito o tendencia adquirida por la práctica frecuente de un acto. Las costumbres también son formas de comportamiento particular que asume toda una comunidad que se distingue de otras comunidades.
Por costumbre en el lenguaje ordinario se entiende usualmente, moda, estilo, forma de vida, posesiones físicas, disposiciones, rutinas, usos sociales, incluso manías, etc.,
Igualmente pueden estar fuertemente arraigadas las malas costumbres, que no son otra cosa que la naturaleza caída, y que se manifiesta por ejemplo, en la gran dificultad para dejar el chat o los juegos en los aparatos electrónicos, o en el vicio de beber licor o comer en exceso, ser desordenado, no estudiar, no levantarse a la hora correcta, etc. Igualmente existen las costumbres indiferentes, como tomar un cierto tipo de postre, o usar un perfume determinado, etc.

COMENTARIO
En estos tiempos se hace cada vez más urgente que las personas cambien algunos modos y estilos de vida arraigados (algunas costumbres), cuando ya han perdido su sentido inicial y su uso. No cambiarlas significaría caer en la originalidad o rareza con respecto a los demás, o estar realizando actividades de un modo automático con una “lealtad” exagerada y rígida a un pasado, que ya no volverá porque los tiempos han cambiado.

Para poder ser personas comunicativas y tener una buena relación con los demás se requiere conocer muy bien la realidad mirando sus aspectos positivos y señalando con optimismo y esperanza los caminos que se pueden seguir.

El pesimismo o desaliento, por las propuestas o modos nuevos, pueden reflejar una desazón amarga frente a las personas o a los acontecimientos y además podrían esconder una cuota, a veces grande, de amor propio y terquedad. Santo Tomás de Aquino decía que “la soberbia es la pasión más mala por la cual creemos que nosotros estamos en la verdad y los demás están equivocados”

El clásico y antiguo refrán “es de sabios rectificar” debería tener una gran vigencia en los tiempos actuales. Muchas cosas se quedan paralizadas por mentalidades ancladas en sistemas obsoletos o creencias caseras de experiencias de antaño, que no se quieren abandonar porque se consideran imprescindibles.  En algunos casos fomentan la regresión y en poblaciones de escaso nivel cultural, esa cerrazón de conservar ciertas costumbres, suele estar cargada de supersticiones.

Las personas que persiste en no cambiar y se aferran a los sistemas o costumbres que le dan un sentimiento seguridad, irán viendo con pavor que con el tiempo se van quedando sin piso y sin respaldo. Para defenderse procurarán controlar todo y centrarán su esfuerzo para que los otros o la sociedad cambien, sin darse cuenta que el cambio lo tiene que dar ellos primero. 

La decisión de cambiar surge de un amor ordenado: comprensión por las personas, valoración de las diferencias que hay entre unos y otros, y tener en cuenta las circunstancias actuales. Este conocimiento de la realidad hace que la persona sea comunicativa y abierta. Es entonces cuando inspira confianza y los demás, al sentirse comprendidos, estarán muy contentos de tener cerca y escuchar a esas personas.

Existen muchas costumbres buenas que no deberían perderse y que no dependen de los cambios de las distintas épocas: la costumbre de rezar, de ir a Misa con frecuencia, de estar a determinadas horas en casa, de estudiar, de salir a pasear, de ser amable con las personas, etc. El pasado trae costumbres que se deben continuar porque encierran valores que son para todas las personas: Acostumbrase a ceder el paso, acostarte temprano, llegar puntual,  no dejar para mañana lo que  se puede hacer hoy, a lavarse los dientes,,,,  Basta una conciencia bien formada y el sentido común para acertar en lo que debe permanecer y en lo que debe cambiar. (P. Manuel Tamayo)


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