LOS CAMBIOS Y LAS COSTUMBRES
Costumbre es
un hábito o tendencia adquirida
por la práctica frecuente de un acto. Las costumbres también son formas de
comportamiento particular que asume toda una comunidad que se distingue de
otras comunidades.
Por costumbre en
el lenguaje ordinario se entiende usualmente, moda, estilo, forma de vida, posesiones físicas, disposiciones,
rutinas, usos sociales, incluso manías, etc.,
Igualmente
pueden estar fuertemente arraigadas las malas costumbres, que no son otra cosa
que la naturaleza caída, y que se manifiesta por ejemplo, en la gran dificultad
para dejar el chat o los juegos en los aparatos electrónicos, o en el vicio de beber
licor o comer en exceso, ser desordenado, no estudiar, no levantarse a la hora
correcta, etc. Igualmente existen las costumbres indiferentes, como tomar un
cierto tipo de postre, o usar un perfume determinado, etc.
COMENTARIO
En estos
tiempos se hace cada vez más urgente que las personas cambien algunos modos y
estilos de vida arraigados (algunas costumbres), cuando ya han perdido su
sentido inicial y su uso. No cambiarlas significaría caer en la originalidad o rareza con respecto a los demás, o estar
realizando actividades de un modo automático con una “lealtad” exagerada y rígida a un pasado, que ya no volverá porque
los tiempos han cambiado.
Para poder
ser personas comunicativas y tener una buena relación con los demás se requiere
conocer muy bien la realidad mirando sus aspectos positivos y señalando con
optimismo y esperanza los caminos que se pueden seguir.
El pesimismo
o desaliento, por las propuestas o modos nuevos, pueden reflejar una desazón
amarga frente a las personas o a los acontecimientos y además podrían esconder
una cuota, a veces grande, de amor
propio y terquedad. Santo Tomás de Aquino decía que “la soberbia es la pasión más mala por la cual creemos que nosotros
estamos en la verdad y los demás están equivocados”
El clásico y
antiguo refrán “es de sabios rectificar”
debería tener una gran vigencia en los tiempos actuales. Muchas cosas se quedan
paralizadas por mentalidades ancladas en sistemas obsoletos o creencias caseras de experiencias de antaño, que
no se quieren abandonar porque se consideran imprescindibles. En algunos casos fomentan la regresión y en
poblaciones de escaso nivel cultural, esa
cerrazón de conservar ciertas costumbres, suele estar cargada de
supersticiones.
Las personas
que persiste en no cambiar y se aferran a los sistemas o costumbres que le dan
un sentimiento seguridad, irán viendo con pavor que con el tiempo se van quedando
sin piso y sin respaldo. Para defenderse procurarán controlar todo y centrarán
su esfuerzo para que los otros o la sociedad cambien, sin darse cuenta que el
cambio lo tiene que dar ellos primero.
La decisión
de cambiar surge de un amor ordenado: comprensión
por las personas, valoración de las diferencias que hay entre unos y otros, y
tener en cuenta las circunstancias actuales. Este conocimiento de la
realidad hace que la persona sea comunicativa y abierta. Es entonces cuando
inspira confianza y los demás, al
sentirse comprendidos, estarán muy contentos de tener cerca y escuchar a
esas personas.
Existen
muchas costumbres buenas que no deberían perderse y que no dependen de los
cambios de las distintas épocas: la
costumbre de rezar, de ir a Misa con frecuencia, de estar a determinadas horas
en casa, de estudiar, de salir a pasear, de ser amable con las personas, etc.
El pasado trae costumbres que se deben continuar porque encierran valores que
son para todas las personas: Acostumbrase
a ceder el paso, acostarte temprano, llegar puntual, no dejar para mañana lo que se puede hacer hoy, a lavarse los dientes,,,, Basta una conciencia bien formada y el sentido
común para acertar en lo que debe permanecer y en lo que debe cambiar. (P. Manuel Tamayo)
No hay comentarios:
Publicar un comentario