TERRENO PANTANOSO
“La inteligencia
que se utilizó para un enorme desarrollo tecnológico no logra encontrar formas
eficientes de gestión internacional en orden a resolver las graves dificultades
ambientales y sociales….La política no debe someterse a la economía y ésta no debe
someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia. La
política y la economía deben estar en diálogo…La burbuja financiera es también
una burbuja productiva” (Papa Francisco, “Laudato Si” n. 164,189).
“La economía ha
querido ser la “prima dona” en las
universidades y en las empresas…La Economía es una ciencia como cualquier otra
que podría ayudar a la solución de los problemas de la humanidad. Pero ponerla
en un nivel superior como si fuera la ciencia de las ciencias y creer que su estudio
es esencial para resolver los problemas fundamentales del hombre, es una
exageración y un error…Son las preferencias económicas las que han desviado la
mente del hombre que ha sido motivado por el poder del dinero y la codicia y no
por otros valores más profundos y elementales, y son las que han llevado a
muchas personas y familias enteras al fracaso…La educación también enseña que
la codicia o el deseo desordenado de riquezas es una de las causas principales
de los desarreglos de la personalidad (angustias,
depresiones, suicidios) y un modo equivocado de conducirse por la vida” (P. Manuel Tamayo “La presencia
de Dios en la lucha contra la corrupción”, Infobrax, Lima 2010, pp. 91-92).
COMENTARIO
Muchas
construcciones se vienen abajo porque no se pensó en los cimientos. El mundo de
hoy, lleno de propaganda y de ambiciones
banales, no nos deja profundizar. Con muchos sucede lo que está escrito en
las Sagradas Escrituras: “empezó a
edificar y no pudo terminar” El hacer las cosas del momento sin
proyecciones a futuro y tomar decisiones por lo que está de moda o por lo que
parece más emblemático a los ojos humanos (folletería,
edificios marketing) es una falta de madurez y en muchos casos una falta de
sensatez.
La codicia que
generó el mundo económico que respondía a la filosofía del tener llevó a los
países del primer mundo a unas graves crisis económicas que afectó la vida de
los que estaban en el mundillo de las
competencias económicas.
La falta de formación
en valores y el exceso de pragmatismo minimizaron los contenidos doctrinales en
las disciplinas económicas, ya no importaba el ser, lo importante era tener, y tener más a toda costa, como si eso
fuera un fin para obtener el desarrollo y progreso de las personas.
La historia se
repite. Muchos negocios continúan su andadura como de costumbre, no conocen
otro modo de proceder. Quienes están metidos en ese mundo no han recibido
clases de deontología profesional y no son capaces de acertar con el camino
correcto.
El Papa Francisco
en la “Laudato si” ha hecho las
advertencias oportunas para estos tiempos de relativismo que nos han tocado
vivir, y pone el dedo en la llaga de muchas situaciones irregulares que existen
en el mundo laboral, cuando las personas buscan como prioridad ganancias a toda
cosa, y se ciegan para servir y atender
las necesidades graves que claman al cielo y deberían tener prioridad.
Se puede afirmar
perfectamente, sin temor a equivocarse,
que la jerarquía de valores de las grandes mayorías, (y las excepciones son muy pocas), está totalmente trastocada. No
se está apuntando bien, de allí los resultados melifluos o catastróficos en las vidas de las personas y en el
progreso de las ciudades.
Urge poner la lupa
y fijarse bien antes de participar en el consenso de una sociedad que va a la
deriva con planteamientos ilusos poniendo antes el tener que el ser. Sobre todo
urge advertir a los más jóvenes, que no tienen experiencia de la vida, y
podrían ser presa fácil de ideologías y propagandas atractivas, que ofrecen el oro y el moro y luego resultan dar gato por liebre. En todos los
planteamientos humanos (de estudio o de
trabajo), lo que más cuenta es la calidad e idoneidad de las personas. (P. Manuel Tamayo)
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