EL HALLOWEEN Y TODOS LOS SANTOS
La
Solemnidad de todos los Santos es el 1 de noviembre y en la Iglesia se empieza
a celebrar desde la noche anterior. Por ello la noche del 31 de octubre, en el
inglés antiguo, era llamada “All
hallow’s eve” (víspera de todos los santos). Más adelante esta
palabra se abrevió a “Halloween”. A través del arribo de algunos irlandeses a
Estados Unidos, se introdujo en este país el Halloween, que llegó a ser parte
del folklore popular del país norteamericano.
En los primeros siglos del cristianismo latino, la fiesta de Todos los Santos se celebraba en la luminosa primavera, en mayo, después de la Resurrección de Cristo, y buscaba conmemorar a todos los mártires sin una fecha propia. En el año 835 la Iglesia Occidental empezó a trasladar al 1 de noviembre la fiesta de Todos los Santos. La de Fieles Difuntos colocada en el 2 de noviembre fue potenciada por San Odilón, abad de Cluny, hacia el año 998. Se trataba, en cualquier caso, de cristianizar el trato de los fieles con los difuntos, recordando que sólo Cristo es Señor de vivos y muertos, vencedor de la Muerte y Camino, Verdad y Vida.
“En sí misma, la celebración del halloween tal como
era hace cien años, doscientos años, no tenía nada de malo, y mucho menos en
una sociedad tan cristiana como era la norteamericana; hace 50 años se reducía
a disfrazarse y a visitar las casas, nada más. En esa época los disfraces eran
muy inocentes y bondadosos. Uno se disfrazaba de zanahoria, otro de sheriff,
otro de bombero, no había nada de malo”. (P.José Antonio Fortea)
“Hace ya unos decenios, esta fiesta empezó
poco a poco a tomar unos aspectos más relativos a la brujería, a cosa de
tipo escabroso, y los disfraces ya no eran disfraces inocentes –uno de piloto y
otro de médico–, sino que cada vez eran disfraces más sangrientos, que tenían
que ver con lo gore o con la brujería”. El gore es
un género de cine que abunda en imágenes sangrientas y el
sufrimiento físico extremo. Entonces sí que ha habido una evolución de esta fiesta
que ha sido muy negativa” (P. José Antonio Fortea)
COMENTARIO
Está claro que los niños ponen más atención al día
del Halloween que al día de todos los santos, como a nosotros en
otras épocas nos llamaba más la atención las fiestas del carnaval que la semana santa.
Se trata de fechas contínuas que indican cosas distintas. En las vísperas la
diversión y al día siguiente la devoción. Es casi como comparar el último día
de vacaciones con el primer día de clases o de trabajo: Aprovechemos bien el último día de descanso y diversión porque mañana
nos tenemos que levantarnos temprano para ir a trabajar.
Esta comparación, muy humana por cierto, no constituye un problema. Al niño que se
divierte jugando hay que decirle que el juego debe parar porque ha llegado la
hora de estudiar, le guste o no le guste.
Con respecto al Halloween
y el día de todos los santos, el que
se diviertan mucho en la víspera, no tiene porqué estar reñido con el culto que
le deberían dar a la fiesta de guardar al día siguiente.
Lo
que preocupa del Halloween es que se
aproveche ese día de diversión infantil (que ahora también es juvenil y de
adultos), para dañar la formación cristiana y moral con disfraces inapropiados
que se venden en la mayoría de las tiendas como las famosas "diablesa
sexy", "bruja sexy", "vampiresa sexy"... o disfraces asexuados con ribetes de
homosexualidad que se están poniendo de moda en todo el mundo, por campañas
organizadas, aprovechando estas fiestas,
por quienes quieren a toda costa acabar con la Iglesia y con la religión.
Además
el día del Halloween no es solo el de
los disfraces de los niños, se organizan muchas fiestas para adultos con
símbolos esotéricos donde se simula un culto al diablo. Es un día especialmente
importante para los grupos satánicos y los que se dedican a la brujería, tal
como aparecen en los medios y en las redes. Lógicamente en ese día se le da una
motivación más al hedonismo y a la hora loca, que permite como normal, con el furor de la fiesta, cualquier
desviación, que en otras circunstancias sería seriamente reprobable.
En los ambientes en torno a la Iglesia católica
están surgiendo muchas iniciativas para enderezar estas desviaciones que
podrían afectar seriamente especialmente a los niños y a los jóvenes que son
más vulnerables.
Muchas parroquias y colegios en el mundo entero están celebrando
actividades de "Holywins" ("lo santo gana", en inglés)
desde hace años, y
funciona muy bien. Estas celebraciones no pretenden ser un ‘contra Halloween’. Es
más bien un modo para que los niños católicos y los jóvenes, puedan celebrar esta
fiesta con el sentido que debe tener. Se les ofrece
ideas de disfraces, cárteles para la fiesta, vídeos, catequesis preparadas y
adaptadas sobre distintos santos, juegos, cantos e incluso un programa de
actividades.
Hoy se hace urgente tener muchas iniciativas para
ayudar a los niños y jóvenes en su formación doctrinal que tanta falta les hace
para tener una vida coherente, libre y llena de alegría. (P. Manuel Tamayo)
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