LA IDOLATRÍA DEL DINERO
“No se puede servir a Dios y al
Dinero".(Mt, 6, 34).
“Un hombre no se debe
considerar más digno que otro. Nadie nació con mayores derechos” (Laudato si,
n. 90).
“Dejar de invertir en las
personas para obtener un mayor rédito inmediato es muy mal negocio para la
sociedad” (Laudato si, n. 128).
«La actividad empresarial tiene que
incluir siempre el elemento de gratuidad y las relaciones entre los que forman
parte de la empresa, tanto dirigentes como trabajadores, deben caracterizarse
por la justicia, el respeto mutuo y el aprecio fraternal. Características todas
que deben extenderse a las relaciones con la comunidad local y traducirse en
solidaridad con los más necesitados. Esto debería ser un modo habitual de
actuar, fruto de profundas convicciones por parte de todos, evitando que se
convierta en una actividad ocasional para calmar la conciencia o, peor aún, en
un medio para obtener un rédito publicitario». (Papa Francisco a los empresarios, noviembre, 2016).
«La corrupción es la peor plaga social. Es la mentira
de buscar el provecho personal o del propio grupo bajo las apariencias de un
servicio a la sociedad. Es el engaño y la explotación de los más débiles o
menos informados. (Papa Francisco a los empresarios,
noviembre, 2016).
COMENTARIO
Es muy fácil que el
dinero corrompa el corazón del hombre. Lo peor es cuando la persona no se da
cuenta de su estado de corrupción y permite el acostumbramiento a un estilo de
vida o a unas costumbres que lo encierran en una burbuja.
Es grave esa
situación porque mantiene al hombre insensible, como anestesiado, con un cúmulo
de cosas que lo distraen, y con el afecto a ellas, establece las relaciones
humanas de su contorno y no sale de allí.
Muchos de los que
se sitúan en un nivel de vida materialista y de cierto status social, no dejan
que cualquiera cruce el umbral de sus dominios, se sienten dueños, con derecho a
decidir las normas y pautas de lo que se debe hacer.
Les parece
inoportuno compartir con los que no alcanzan ese “nivel”, y así suelen
organizar sistemas de vida y mundos aislados protegidos por muros que impiden
el ingreso de los extraños, para poder vivir inmersos en sus comodidades.
La mentalidad de
estos personajes es bastante pobre y limitada. Muchos de ellos se creen amos y
señores de los demás, solo porque pueden comprar voluntades con el dinero que
poseen. Sus proyectos suelen ser negocios donde quieren llevar la “sartén por el mango” para no perder lo
que han conseguido y seguir ganando más, sin que les importe mucho la suerte de
las personas.
Cuando el amor al
prójimo esta engarzado en un fuerte materialismo las relaciones humanas están
contaminadas por ese sesgo. Se nota en la acepción de personas y en un espíritu
crítico ácido. Ellos piensan que pueden manejar la vida de muchas personas
fabricando sistemas y estructuras de estrategia para ser exitosos con el dinero
que ganan. Esos andamiajes artificiales terminan luego derrumbándose y dejando
muchos heridos en el camino.
Cuando vemos que cada
día se hacen más simulacros y se aumentan las medidas de seguridad para evitar
pérdidas por las catástrofes naturales o por los accidentes humanos, hoy es
urgente tomar precauciones para soportar la ruptura de la burbuja de los que siguen
sumergidos en la idolatría del dinero.
El mundo ya ha
tenido potentes crisis económicas que son como alarmas para cuidarse de la
codicia egoísta y abrazar cuanto antes el espíritu de desprendimiento cristiano
que impulsa a crecer en la virtud de la generosidad. “Se es más feliz cuando se
da que cuando se recibe” (Hecho
de los apóstoles).
Las próximas
Navidades podrían ser una buena motivación para dejar de pensar en nosotros
mismos y en nuestras cosas. Dios espera que nuestras obras de misericordia sean
reales, constantes y de una abundante
generosidad, para hacer felices a muchas más personas. (P. Manuel Tamayo).
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