miércoles, 23 de noviembre de 2016

LA IDOLATRÍA DEL DINERO

“No se puede servir a Dios y al Dinero".(Mt, 6, 34).

“Un hombre no se debe considerar más digno que otro. Nadie nació con mayores derechos” (Laudato si, n. 90).

“Dejar de invertir en las personas para obtener un mayor rédito inmediato es muy mal negocio para la sociedad” (Laudato si, n. 128).

«La actividad empresarial tiene que incluir siempre el elemento de gratuidad y las relaciones entre los que forman parte de la empresa, tanto dirigentes como trabajadores, deben caracterizarse por la justicia, el respeto mutuo y el aprecio fraternal. Características todas que deben extenderse a las relaciones con la comunidad local y traducirse en solidaridad con los más necesitados. Esto debería ser un modo habitual de actuar, fruto de profundas convicciones por parte de todos, evitando que se convierta en una actividad ocasional para calmar la conciencia o, peor aún, en un medio para obtener un rédito publicitario». (Papa Francisco a los empresarios, noviembre, 2016).
«La corrupción es la peor plaga social. Es la mentira de buscar el provecho personal o del propio grupo bajo las apariencias de un servicio a la sociedad. Es el engaño y la explotación de los más débiles o menos informados. (Papa Francisco a los empresarios, noviembre, 2016).


COMENTARIO

Es muy fácil que el dinero corrompa el corazón del hombre. Lo peor es cuando la persona no se da cuenta de su estado de corrupción y permite el acostumbramiento a un estilo de vida o a unas costumbres que lo encierran en una burbuja.

Es grave esa situación porque mantiene al hombre insensible, como anestesiado, con un cúmulo de cosas que lo distraen, y con el afecto a ellas, establece las relaciones humanas de su contorno y no sale de allí.

Muchos de los que se sitúan en un nivel de vida materialista y de cierto status social, no dejan que cualquiera cruce el umbral de sus dominios, se sienten dueños, con derecho a decidir las normas y pautas de lo que se debe hacer.

Les parece inoportuno compartir con los que no alcanzan ese “nivel”, y así suelen organizar sistemas de vida y mundos aislados protegidos por muros que impiden el ingreso de los extraños, para poder vivir inmersos en sus comodidades.

La mentalidad de estos personajes es bastante pobre y limitada. Muchos de ellos se creen amos y señores de los demás, solo porque pueden comprar voluntades con el dinero que poseen. Sus proyectos suelen ser negocios donde quieren llevar la “sartén por el mango” para no perder lo que han conseguido y seguir ganando más, sin que les importe mucho la suerte de las personas.

Cuando el amor al prójimo esta engarzado en un fuerte materialismo las relaciones humanas están contaminadas por ese sesgo. Se nota en la acepción de personas y en un espíritu crítico ácido. Ellos piensan que pueden manejar la vida de muchas personas fabricando sistemas y estructuras de estrategia para ser exitosos con el dinero que ganan. Esos andamiajes artificiales terminan luego derrumbándose y dejando muchos heridos en el camino.

Cuando vemos que cada día se hacen más simulacros y se aumentan las medidas de seguridad para evitar pérdidas por las catástrofes naturales o por los accidentes humanos, hoy es urgente tomar precauciones para soportar la ruptura de la burbuja de los que siguen sumergidos en la idolatría del dinero.

El mundo ya ha tenido potentes crisis económicas que son como alarmas para cuidarse de la codicia egoísta y abrazar cuanto antes el espíritu de desprendimiento cristiano que impulsa a crecer en la virtud de la generosidad. “Se es más feliz cuando se da que cuando se recibe” (Hecho de los apóstoles).

Las próximas Navidades podrían ser una buena motivación para dejar de pensar en nosotros mismos y en nuestras cosas. Dios espera que nuestras obras de misericordia sean reales, constantes y de una abundante generosidad, para hacer felices a muchas más personas. (P. Manuel Tamayo).



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