LAS DISCULPAS Y EL PERDÓN
La disculpa es la razón que se
da, o causa que se alega, para explicar o justificar un comportamiento, fallo o
error. (Diccionario)
Pedir perdón es reconocer la culpa y el daño cometido. (Diccionario)
Arrepentirse es el pesar que siente una persona por algo que ha hecho o
ha dejado de hacer. (Diccionario).
La Contrición es el
arrepentimiento por haber obrado en desacuerdo con la voluntad de Dios y
propósito de no volver a actuar mal en adelante. (Diccionario)
Perdonar es olvidar [una
persona] la falta que ha cometido otra persona contra ella o contra otros y no
guardarle rencor ni castigarla por ella, o no tener en cuenta una deuda o una
obligación que otra tiene con ella. (Diccionario)
COMENTARIO
La disculpa es distinta del perdón. La primera
es una excusa o explicación para justificar un comportamiento. La disculpa a
secas es para quedar bien frente al otro, o buscar que el otro no se moleste.
Puede ser parte del amor propio. Muchas personas son “artistas” para
disculparse, lo hacen con una diplomacia admirable. Las personas que se
disculpan no necesariamente están arrepentidas de sus errores. Lo que les
importa fundamentalmente es quedar bien, llevar la fiesta en paz.
En cambio el término perdón, para que sea auténtico, debe llevar
implícito el arrepentimiento. Si alguien se acercara a pedir perdón sin
arrepentimiento se trataría de una disculpa. El perdón exige de la humildad y
sinceridad del que lo pide, que tenga dolor y esté realmente arrepentido. Si el
dolor es de amor, por la persona que ofendió es un acto de gran categoría
humana. Cuando la ofensa es a Dios y se le pide perdón, el arrepentimiento
sincero, unido al dolor de amor se llama contrición. La persona que
habitualmente, siendo consciente de sus
faltas, hace actos de contrición, tiene una riqueza interior de mucha valía
y sabrá tratar con delicadeza y finura a los demás.
El perdonar es propio de personas valiosas que
saben querer a las personas, aunque estas hayan cometido errores muy graves. No
perdonar podría ser comprensible en una primera instancia por la indignación
que pudo haber ocasionado una falta, pero al pasar el tiempo, y hay que procurar que sea cuanto antes,
se debe perdonar al que ofendió. Todo se puede perdonar. Las personas más
valiosas han perdonado los crímenes más abominables. El modelo es Nuestro Señor
Jesucristo, que a pesar de haber sufrido la pasión y muerte en la cruz por
nuestros pecados, está dispuesto a perdonarnos siempre.
No es bueno quedarse en la disculpa, es
necesario llegar al perdón con verdadero arrepentimiento y propósito de
enmienda. No hay que demorarse en este acto grandioso de amor. La demora lleva
a la mediocridad, por permitir distancias y alejamientos que deterioran las
relaciones humanas, y peor cuando se trata de la relación con Dios.
Si uno se cae debe levantarse de inmediato. No
es bueno quedarse aplastado por el peso de la culpa o enfriado porque no se
reconoce la falta que se cometió. La prontitud en pedir perdón es un acto
inteligente que hace feliz a la persona y a todos los demás.
Tampoco hay que demorarse en perdonar. Las
personas que perdonan antes son las mejores y son las que contribuyen a que se
viva en un ambiente de libertad y alegría. (P. Manuel Tamayo)
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